Aumenta tasa de suicidios en las cárceles de Estados Unidos

La última vez que Tanna Jo Fillmore habló con su madre, lo hizo desde una cárcel de Utah, molesta, desesperada. La llamó todos los días esa semana, implorando que la ayudasen. “íNecesito mi medicina!”, decía. A los 25 años, Fillmore padecía de trastornos mentales, pero Xanax y una medicina para la hiperactividad la habían estabilizado. Ahora, encerrada por violar los términos de una libertad bajo palabra, una enfermera se negaba a darle sus pastillas, según le dijo a su madre.

La última vez que hablaron, Fillmore amenazó con matarse. Melany Zaoumadakis estaba tan preocupada que llamó al trabajador social a cargo de supervisar a su hija, quien le aseguró que Fillmore estaba siendo vigilada de cerca. Al día siguiente, no obstante, Fillmore se ahorcó en una celda de una cárcel del condado de Duchesne.

El suyo no es un caso aislado. Las historias como la de Fillmore se cuentan una y otra vez, pero las muertes se siguen sucediendo en penales grandes y pequeños.

Los suicidios, desde hace tiempo principal causa de muertes en cárceles de EU, llegaron a 50 muertes por cada 100,000 reos en 2014. Eso es dos veces y media la tasa de suicidios en penales estatales y 3 veces y media la de la población general.

Es un problema que se atribuye generalmente al hecho de que cada vez más personas con trastornos mentales terminan en prisiones, una tendencia que comenzó cuando se cerraron numerosos hospitales psiquiátricos estatales en la década de 1970 y no surgieron las alternativas prometidas. Más recientemente, las cárceles se han llenado de adictos a opioides y metanfetaminas, muchos de los cuales sobrellevan depresiones y síntomas derivados de la abstinencia.

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