EEUU de Trump siguiendo el camino de los Borja

Hay inquietantes semejanzas entre EEUU en la actualidad y la iglesia católica medieval

Hay que esforzarse un poco para imaginar a Donald Trump como Alejandro VI, el papa de finales de la Edad Media, cuya terrible reputación contribuyó al inicio de la Reforma Protestante. Pero una vez que tenemos la imagen, es difícil olvidarla. Al EEUU de la actualidad y a la Roma de fines del siglo XV los separa medio milenio, pero los une un punto importante. EEUU es un sistema dominante que está perdiendo su legitimidad. El surgimiento de la imprenta trastocó por completo la iglesia. Las redes sociales en una sociedad postalfabetizada están haciendo lo mismo con el sistema estadounidense. El Sr. Trump, como los Borja, es la maduración de lo antiguo, no un precursor de lo nuevo. Su presidencia es el colmo del exceso de EEUU.

Las señales de advertencia actuales se hacen eco de esa encrucijada histórica. En sus últimos momentos, la Roma medieval padeció tres corrupciones: la simonía, el nepotismo y las indulgencias. La simonía — la venta de cargos eclesiásticos — se había extendido a todos los cargos de obispos, arzobispos y cardenales cuando Rodrigo de Borja se convirtió en el papa Alejandro VI. De hecho, compró el papado.

El gabinete de Trump está lleno de plutócratas que le deben sus cargos al dinero. Cuarenta por ciento de las embajadores estadounidenses son figuras empresariales sin capacitación diplomática.

El presidente estadounidense está llevando a un nuevo nivel el sistema que heredó. Treinta por ciento de los embajadores de Barack Obama eran donantes de campaña sin antecedentes diplomáticos. El control del dinero sobre la política estadounidense ha avanzado durante décadas, conforme el poder financiero supera el interés común.

El nepotismo, que fue el segundo pecado mortal de la iglesia católica, también abunda en la administración de Trump. En la Roma papal, el “nepotismo” era un eufemismo para los papas que les otorgaban sinecuras a sus hijos ilegítimos. Una vez más, Trump no creó el problema, pero sí lo ha empeorado mucho. Ningún otro ocupante previo de la Casa Blanca ha tenido una hija, Ivanka, que se hiciera llamar “Primera Hija”, ni mucho menos un yerno, Jared Kushner, con derechos plenipotenciarios.

La venta de indulgencias, la tercera negligencia de la iglesia, es la más arraigada en EEUU en la actualidad. Los católicos ricos compraban indulgencias de la iglesia a cambio de apoyo a buenas obras, como nuevas iglesias u orfanatos. Estos certificados de indulgencia reducían el tiempo del donante en el purgatorio y, por lo tanto, lo acercaba al cielo.

El equivalente actual es la filantropía. Los impuestos son una versión del purgatorio. Las donaciones con fines benéficos son deducibles de impuestos y son una excelente forma de ‘lavar’ el apellido. Quizás haya un libro de contabilidad eterno en el que las familias que han hecho su fortuna vendiendo armas o militarizando la información personal reciban una factura. En EEUU, en la actualidad pueden reducir su carga fiscal abriendo una galería de arte.

Los sistemas maduros deben adaptarse o morir. Lo que provocó el levantamiento protestante fue cuán alejada estaba la iglesia de la filosofía que se suponía debía defender. El abismo entre el evangelio de pobreza de Cristo y los palacios donde vivían los obispos resultó demasiado grande para las masas iletradas. El credo meritocrático de EEUU también parece cada vez más vacío para grandes grupos de votantes. En un país con una población de aproximadamente 330 millones de personas, las 400 familias más ricas valen lo mismo que el total de los 300 millones de personas más desfavorecidas.

Unos años después de la muerte del papa Alejandro, Martín Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta de una iglesia. Su revolución no hubiera sido posible sin la imprenta. Tras eso se produjo más de un siglo de guerras religiosas. A la democracia occidental hoy la acosa una revolución tecnológica similar. Los sumos sacerdotes de la democracia han perdido el control del mensaje. Después de la muerte de Alejandro, el papado volvió a los Médici, los plutócratas florentinos. Esto demostró que Roma no había aprendido de sus errores. Sólo podemos esperar que EEUU asimile mejor las advertencias de la historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *