Elecciones en Estados Unidos

Para la generalidad de las personas, la idea que prevalece es que mañana martes, 3 de noviembre, los votantes acudirán a las urnas, en los Estados Unidos, para escoger al próximo presidente del país, entre Donald J. Trump, del Partido Republicano, y Joe Biden, del Partido Demócrata.

Sin embargo, no es así. Los votantes, más bien, ejercerán el sufragio en favor de una lista de personas, identificadas como electores, quienes, a su vez, votarán el 14 de diciembre por el candidato que haya obtenido mayor respaldo en cada uno de los 50 estados.

Esos resultados serán contados el 6 de enero del 2021, en el Congreso norteamericano, proclamándose en ese momento, de manera oficial, al ganador de la contienda. Este se juramentará el 20 del mismo mes.

Como puede observarse, hay una cierta complejidad técnica en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. No son elecciones directas, sino indirectas, puesto que no se vota en principio por los candidatos, sino por representantes.

Además, esas elecciones no se determinan por el voto popular, sino a través de un mecanismo identificado como de colegios electorales.

De acuerdo con ese sistema, el colegio electoral está conformado en cada estado por la suma de los senadores y los congresistas. Como cada estado tiene dos senadores, eso significa que la suma total es de cien. El número de congresistas depende de la cantidad de votantes en cada localidad. Hay, en conjunto, 435 miembros de la Cámara de Representantes.

Como al Distrito de Columbia, en Washington, que no es un estado, se le otorgan dos senadores y un congresista, la totalidad de colegios electores, por consiguiente, alcanza la cifra de 538.

Para conquistar la Casa Blanca se requiere obtener la mitad más uno de esos votos, esto es, 270 colegios electorales. Algunos estados acumulan una gran cantidad de colegios electorales, como California, con 55; Texas, 35; y Nueva York, 29. Otros, sin embargo, muy pocos, como Wyoming, con 3; Idaho, 4; Nebraska, 5; y Utah, 6.

MAPA ELECTORAL

En la cultura política estadounidense, el comportamiento electoral en los diferentes estados se expresa, generalmente, de manera estable en favor del Partido Demócrata o Republicano.

Así, por ejemplo, mientras estados como Nueva York, Massachusetts, New Jersey, Connecticut y California, suelen inclinarse por los demócratas, en Texas, Georgia, Carolina del Sur, Oklahoma o Kentucky, por el contrario, votan por los candidatos republicanos.

Al producirse en una apreciable cantidad de estados una férrea lealtad hacia las dos principales fuerzas políticas, ocurre que la batalla electoral tiende a concentrarse en un número limitado de estados.

En este proceso electoral del 2020, esos estados fluctuantes, que se consideran tierra de nadie, donde los candidatos de cada partido tienen que trabajar con mayor ahínco para conquistar el favor de los votantes, se reducen a nueve.

Estos son: Pennsylvania, Carolina del Norte, Florida, Michigan, Wisconsin, Ohio, Iowa, Georgia y Arizona. Quien logre mayor apoyo en esos nueve estados, de seguro ganará las próximas elecciones. En esos estados el candidato demócrata supera al republicano por un margen muy estrecho: 50 por ciento a 45.

A 48 horas de las elecciones, las encuestas tienden a mostrar una ventaja de Joe Biden sobre Donald Trump, de 52 por ciento a 43, una diferencia de nueve puntos a nivel nacional.  Ese es el mayor respaldo que un candidato haya obtenido desde Bill Clinton en 1996.

Desde la perspectiva de las tendencias demográficas, el incremento del número de votantes desde el pasado proceso comicial, cuatro años atrás, también podría influir en los resultados electorales de mañana.

Con respecto a los votantes afroamericanos, Biden lleva 81 puntos porcentuales por encima de Trump. Con relación a los latinos, 34 puntos de ventaja; y en lo que atañe a los asiáticos, 53 puntos de diferencia.

Las mujeres favorecen al candidato demócrata sobre el republicano por 17 puntos, 55 a 36. Los hombres están divididos: 49 por ciento por Biden, 45 por ciento por Trump. Los votantes blancos prefieren a Trump sobre Biden, en la proporción de 51 a 46.

Los votantes entre 18 y 30 años abrumadoramente respaldan a Biden. Igual, los que se encuentran entre 30 y 49. Pero entre los votantes de 50 años en adelante, la situación es más balanceada: 49 por ciento en favor de Biden, 48 por ciento, para Trump.

TEMAS DE CAMPAÑA 

El tema dominante de la actual campaña electoral estadounidense ha sido la propagación de la Covid-19. En tal virtud, la manera en que ha procedido la Casa Blanca, bajo la administración del presidente Donald Trump, ha sido considerada inapropiada.

El reciente libro publicado por el periodista Bob Woodward, Rage, pone en evidencia que, desde los primeros días de aparición del coronavirus, el presidente norteamericano fue alertado por los principales funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional, de que esa sería la más grave crisis que enfrentaría su gobierno.

Aun así, la reacción del primer mandatario fue la de disminuir su impacto. En principio, afirmó que eso no llegaría a las costas norteamericanas. Luego, ha sido la de ir constantemente en contra de las recomendaciones de las principales autoridades de salud de su país, que desde el primer instante advirtieron que, de no tomarse las medidas de lugar, para el mes de octubre el número de muertos pasaría la cifra de los 200 mil, como efectivamente ha ocurrido.

La política de Trump para detener la propagación del coronavirus has sido tan desatinada que, hasta él mismo, la primera dama, su hijo menor y varios funcionarios de la Casa Blanca quedaron contagiados.

El segundo tema ha sido el de las protestas desatadas por la muerte de George Floyd y de otros afroamericanos, debido a la acción desmedida y brutal de la policía en varias ciudades norteamericanas.

Esas protestas han consolidado al movimiento de Black Lives Matter, que procura respeto y dignidad hacia los negros norteamericanos. Pero, en paralelo, ha emergido un grupo que proclama la supremacía blanca, el cual, con el respaldo velado del presidente estadounidense no ha hecho más que exacerbar las viejas rencillas raciales que durante años han lacerado el alma del pueblo norteamericano.

Ha habido otros enfurecidos e irritantes temas de campaña, como el de la ley de salud promulgada en tiempo del presidente Barack Obama, conocido como Obama Care, frente a la cual los demócratas prometen su expansión y consolidación y los republicanos, su revocación o reducción.

Igualmente, el de la escogencia al vapor por parte de los republicanos en el Senado, de Amy Coney Barrett, una juez conservadora para la Suprema Corte de Justicia, luego del fallecimiento de la icónica Ruth Bader Ginsberg.

En la antesala de unas históricas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, en las que ya han votado por vía del correo o en forma anticipada, más de 90 millones de personas, resulta una osadía hacer pronósticos.

Por las proyecciones realizadas, la incertidumbre generada por la Covid-19 y el clima de convulsión que hoy envuelven al país, Joe Biden tiene 89 por ciento de posibilidades de alzarse con la corona frente a un 10 por ciento para Donald Trump.

Las estrellas parecen estar alineadas para una victoria de Joe Biden, pero las posibilidades para Trump aún no están descartadas. En teoría de las probabilidades, el milagro todavía es posible.

Esperamos que los resultados puedan ofrecerse la misma noche de mañana. Que Dios ilumine al generoso pueblo norteamericano.

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