Nikki Haley, la renuncia de la operadora de Trump

A estas alturas, es casi irrelevante denunciar el tipo de mentalidad que existe en la Casa Blanca. Todavía no está claro si la aparentemente amistosa salida de la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas fue planeada y acordada desde hace mucho tiempo con el presidente estadounidense Donald Trump, o si, por el contrario, podría estar incluso planeando competir contra el actual presidente en las próximas elecciones en 2020.

Al fin y al cabo, la especulación agrega poco a la evaluación de cómo Estados Unidos se ha conducido en el escenario mundial. En vez de eso, enfoquémonos en lo que sabemos, y ese es el historial de Haley como embajadora de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

Sin duda, este balance es bastante sombrío. Claramente, durante su mandato de dos años en Nueva York, también hizo campaña a favor de los derechos humanos y fue uno de los pocos miembros de la Administración Trump que criticó a Rusia.

Fuerte defensora de los intereses de EE. UU.

Pero no es eso por lo que será recordada. Haley, una de las primeras y más destacadas mujeres miembros del Gabinete de Trump, será recordada por lo que sucedió durante su mandato: con su apoyo, Estados Unidos no sólo se retiró del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático respaldado por la ONU, sino también del acuerdo nuclear con Irán, de la organización cultural de la UNESCO y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Michael Knigge, corresponsal de DW en Estados Unidos

Será recordada por amenazar a otros miembros de la ONU, a través de Twitter, que Estados Unidos “tomará nombres” de naciones que apoyaron una resolución puramente simbólica que denunciaba la decisión de Washington de trasladar su embajada en Israel a Jerusalén.

Será recordada como una embajadora que ha impuesto un nuevo y peligroso principio según el cual Estados Unidos sólo ayuda a las naciones que considera amigas, es decir, aquellas naciones que están plenamente comprometidas a apoyar las políticas de Trump y que siempre han votado con Estados Unidos en la ONU.

Y hay que recordar que, durante su mandato, Washington suspendió la financiación del Fondo de Población de la ONU y en su lugar reintrodujo la llamada Ley Mordaza Global, que prohíbe al Gobierno de Estados Unidos financiar organizaciones internacionales de salud que también están comprometidas con el aborto.

El brazo derecho en la ONU

En resumen, Haley ha sido una apasionada defensora de la política “América primero” de Trump, defendiendo abiertamente un enfoque unilateral que contradice los principios fundamentales de la ONU. Su estilo personal pudo amortiguar en muchas ocasiones la actitud hostil de Trump hacia el multilateralismo en la ONU. Sin embargo, esta actitud siempre estuvo presente.

Algunos pueden decir en su defensa que ella siempre ha hecho todo lo posible para evitar que Trump haga más daño. Podrían advertir que el sucesor de Haley podría empeorar las cosas, pero este tren hace tiempo que partió. En vista de todo el daño que el Gobierno de Trump ya ha hecho a numerosos frentes, es casi imposible decir que “las cosas podrían ponerse peor”.

Después de todos los estándares tradicionales del partido, Nikki Haley simplemente no puede ser llamada una republicana moderada. Ella fue la figura principal de la política de Trump en el escenario global. No hay razón para que el mundo derrame ni una sola lágrima por su renuncia.

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