Al caminar por las calles de Bonao me cuesta creer que, siendo esta ciudad conocida como la “Villa de las Hortensias”, debido a la humedad de sus tierras, la generosidad de los ríos y la benevolencia de su gente, hoy día nos encontremos mendigando un galón de agua, en razón de que crecí escuchando el rugido del río Yuna y el murmullo del Masipedro, convencido de que en este valle el líquido vital nunca sería un lujo, sino un derecho natural otorgado por la geografía misma de Monseñor Nouel.
Nuestra historia como municipio ha estado marcada por esa relación con el agua; desde que éramos un puesto de paso en la época colonial hasta que se convirtió en el corazón minero y agrícola de la región, siendo el agua el motor de nuestro progreso; sin embargo, al observar el panorama actual en este 2026, me he dado cuenta de que esa bendición natural está siendo secuestrada por el oportunismo, la desidia política y una infraestructura que hoy bosteza cansancio y herrumbre.
Legado de muros y cemento
Recuerdo los relatos de Polo Alí, Juan Veloz, Negro Sánchez, Daniel Núñez (padre del alcalde Eberto Núñez), González Vásquez y Ñico Amadís, entre otros habitantes, sobre aquel primer acueducto construido en la era de Rafael Leónidas Trujillo Molina, tras las gestiones de su hermano Petán, quien gobernaba esta zona y otras regiones del Cibao, tiempos donde la ingeniería servía a la centralización del poder, pero al menos sentó las bases de una red que pretendía organizar el crecimiento de un pueblo que apenas despertaba. Esta rudimentaria obra, construido su tanque de almacenamiento en el paraje La Salvia, era funcional para la escala de aquel entonces, cuando Bonao era más verde que asfalto, mientras el consumo se usaba en menor cuantía.
Luego de llegar los “12 años” de Joaquín Balaguer y con ellos la modernización del sistema, donde siendo un jovenzuelo yo mismo vi cómo la planta de tratamiento en la comunidad de Los Quemados se erigía como la gran solución, junto a la toma del río Yuna y los imponentes tanques que se construían en la comunidad de Los Pedregones, para ese entonces, pensamos que el problema estaba resuelto para siempre; Balaguer entendía el poder del cemento y, a pesar de sus sombras políticas, dotó a este pueblo de una estructura que nos sostuvo durante décadas de crecimiento demográfico.
Promesa fallida del nuevo siglo
Con el paso de los años, el sistema de Balaguer empezó a jadear bajo el peso de una población que se multiplicaba y fue entonces en 2010 cuando el presidente Leonel Fernández inauguró el acueducto múltiple actual. Recuerdo las promesas de aquel abril, donde se le dijo a los pobladores de Monseñor Nouel que con una inversión de más de 300 millones de pesos tendríamos agua asegurada por veinte años, pero hoy, apenas 15 años después, esa infraestructura es una reliquia obsoleta que no soporta un aguacero sin saturarse de lodo o fallar por falta de mantenimiento.
Lo que más me duele es ver la desigualdad que se ha enraizado en nuestro valle, mientras camino por las zonas de las grandes cabañas y casas de campo de los más pudientes, veo con indignación cómo sus cisternas se llenan sin tregua y sus piscinas brillan al sol, muchas veces mediante conexiones privilegiadas, mientras en los barrios Prosperidad, Las Flores, Santa Rosa, Los Jardines, y otros, los residentes se pasan semanas con los grifos secos, víctimas de un sistema que parece priorizar el recreo del rico sobre la necesidad del pobre.
El escándalo que colma la copa
En este contexto, la crisis actual no es solo de tuberías rotas o sequía estacional; es una crisis de integridad, ya que el inicio de 2026 nos golpea con la funesta noticia de un supuesto desfalco de más de 40 millones de pesos en la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Monseñor Nouel (CORAMON), por lo que, escuchar el nombre del ingeniero Roque Badía vinculado a estas irregularidades genera una rabia difícil de digerir para quien debe comprar camiones de agua teniendo el río a pocos kilómetros.
Se habla de auditorías pendientes y de una destitución que parece inminente, pero el daño ya está hecho, visto que esos 40 millones, que hoy se dice que faltan o fueron malversados, representan las bombas que nunca se compraron, los filtros que nunca se cambiaron en Los Quemados y las fugas que siguen desangrando nuestra red de distribución. Me pregunto: ¿Cuántas averías se habrían reparado y cuántas familias tendrían hoy servicio si ese dinero se hubiera manejado con la transparencia que Bonao merece? En esta supuesta estafa a CORAMON no solamente Badía podría ser el culpable. ¡Busquen cómplices!
Un sistema de agua al borde del colapso
La planta de tratamiento de Los Quemados, que en su momento fue nuestro orgullo, hoy es el símbolo de la desdicha en razón de que cada vez que el Yuna crece, la planta sale de servicio porque no puede procesar la turbidez del agua, un caso irónico y cruel, en vista de que cuando más agua cae del cielo, menos agua llega a nuestros hogares. La falta de inversión técnica ha convertido a CORAMON en una institución que solo reacciona a las crisis con parches, mientras la estructura profunda se cae a pedazos.
En ese sentido, los tanques ubicados en Los Pedregones, que deberían ser nuestra reserva estratégica, son hoy testigos mudos de una gestión ineficiente, ya que la presión no llega, las válvulas fallan y el personal técnico parece atado de pies y manos por la falta de recursos que, supuestamente, se desviaron hacia otros fines. En verdad, me siento traicionado por una administración que, en lugar de cuidar nuestro recurso más sagrado, parece haberlo utilizado como una caja chica para cubrir intereses particulares.
Clamor de un pueblo sediento
Como ciudadano de Bonao, me veo en la obligación de no aceptar la excusa de que “no hay agua”, porque, “lo que no hay es voluntad política y honestidad administrativa”. Tenemos los ríos, tenemos la historia y tenemos el derecho exigible de un servicio digno. La crisis de agua en 2026 no es un desastre natural, es un desastre gerencial provocado por la impunidad que ha reinado en nuestras instituciones locales durante mucho tiempo.
Este supuesto escándalo de corrupción en CORAMOM se ha convertido en el punto de inflexión que corrompe nuestra provincia, pero no es solamente este, existen otros que también deben ser investigados, como la desaparición de varios camiones compactadores de basuras y cientos de contenedores comprados por el Ayuntamiento con recursos del pueblo, los cuales en la última gestión del exsíndico Alberto Marte, desaparecieron por arte de magia y nadie dijo nada.
No basta con cambiar un director o emitir un decreto; exigimos una reingeniería total del sistema y una fiscalización real de cada peso. Bonao no puede seguir siendo el pueblo que vive sobre el agua, pero muere de sed, mientras la sombra de un supuesto desfalco sigue empañando el cristalino futuro que nuestra población se merece.
jpm-am
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