Turkmenistán: el país donde todo es blanco, los servicios son gratis y el internet casi no existe

A primera vista, Turkmenistán parece un escenario sacado de una novela distópica. Edificaciones completamente blancas, avenidas sin publicidad comercial, ausencia total de wifi público y un estricto control sobre la vida cotidiana forman parte del paisaje habitual. Este entorno urbano, diseñado de manera casi uniforme, responde a una decisión política orientada a proyectar orden, pureza y autoridad.

De forma paralela, el Estado garantiza servicios básicos gratuitos como el agua y la electricidad, una combinación poco común incluso entre naciones con amplios recursos energéticos. Este modelo, sustentado por enormes reservas de gas natural, convierte al país en uno de los casos más singulares del mundo contemporáneo y abre el debate sobre el delicado equilibrio entre bienestar material y control social.


Una capital diseñada para transmitir control y uniformidad

La capital, Asjabad, fue planificada para reflejar disciplina y homogeneidad. Sus amplias avenidas, edificios revestidos de mármol blanco y una arquitectura monumental refuerzan la imagen de una ciudad altamente controlada y simbólica.

Este predominio del color blanco no es casual. Responde a una estrategia política que busca consolidar una identidad visual asociada al poder, al orden y a la estabilidad. La estética ha sido tan llamativa que incluso ha obtenido reconocimientos internacionales por la concentración de construcciones en mármol blanco, lo que le da a la ciudad un aspecto casi irreal.


El país donde los servicios básicos han sido gratuitos

Turkmenistán, antigua república soviética ubicada en Asia Central, alcanzó su independencia en 1991. Desde entonces, ha desarrollado un sistema político altamente centralizado, con un fuerte culto a la figura presidencial y un control riguroso de los medios de comunicación y la vida pública.

Durante años, el Estado garantizó a sus ciudadanos el acceso gratuito al agua, la electricidad y el gas natural. Esta política fue posible gracias a sus vastas reservas de gas, consideradas entre las más grandes del mundo. Aunque en tiempos recientes se han establecido límites de consumo, el acceso subsidiado a la energía sigue siendo excepcional en comparación con otros países.

Para el gobierno, esta gratuidad funciona como un mecanismo de legitimación interna en un contexto de baja apertura política y escasa pluralidad informativa.

Un ejemplo de la magnitud de sus recursos energéticos es el pozo de Darvaza, conocido internacionalmente por su combustión constante de gas natural, una imagen que simboliza la abundancia energética del país.


Vivir sin wifi y bajo fuertes restricciones

El acceso a internet es severamente limitado. Numerosos portales internacionales están bloqueados y las conexiones privadas son costosas y vigiladas. No existe wifi público y el uso de redes sociales se encuentra restringido, lo que mantiene a gran parte de la población digitalmente aislada del resto del mundo.

A esto se suma un control estricto sobre la prensa, la circulación de información y las actividades ciudadanas. Las calles ordenadas, limpias y los servicios garantizados conviven con una vida diaria marcada por normas rígidas y un reducido margen para la libre expresión.

Turkmenistán representa así una paradoja moderna: estabilidad material y beneficios estatales por un lado, y una limitada libertad individual por el otro, un modelo que continúa generando debate en la comunidad internacional.