Hay momentos que cambian la forma en que alguien mira el mundo. Para Boyan Slat, ese momento ocurrió bajo el agua, durante una inmersión en la que vio más plástico que peces.
Tenía 16 años. Lo que debía ser una escena de vida marina se convirtió en una señal de alerta. Bolsas flotando. Fragmentos suspendidos. Restos que no pertenecían allí.
En lugar de aceptar esa imagen como algo inevitable, decidió buscar una solución. Así comenzó el camino hacia una tecnología para limpiar el océano a gran escala.
Cómo nació la tecnología para limpiar el océano
Años después de aquella experiencia, Slat fundó The Ocean Cleanup con una idea que muchos consideraron ambiciosa desarrollar un sistema capaz de aprovechar las corrientes marinas para concentrar el plástico flotante.
En vez de perseguir residuos con barcos tradicionales, la tecnología para limpiar el océano utiliza largas barreras flotantes en forma de U. Estas estructuras se desplazan lentamente y canalizan el plástico hacia un punto central de recolección.
Hoy estos sistemas operan en el Gran Parche de Basura del Pacífico, una de las mayores zonas de acumulación de plástico del planeta.
Un proceso que incluyó fallos y rediseños
La limpieza del océano no fue inmediata ni perfecta.
En 2019 uno de los primeros sistemas presentó fallos estructurales. No retuvo plástico como se esperaba. Las críticas fueron intensas y el proyecto enfrentó escepticismo científico.
Sin embargo, el equipo ajustó el diseño. Reforzó materiales. Mejoró el sistema de retención. Las siguientes versiones mostraron mayor estabilidad y eficiencia.
Hoy la tecnología para limpiar el océano ha retirado millones de kilos de plástico flotante en operaciones verificadas por la organización.
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Limpiar el océano también empieza en tierra
La estrategia entendió algo clave desde temprano. Si el plástico sigue entrando al mar, la limpieza nunca será suficiente.
Por eso desarrollaron los llamados Interceptors, sistemas instalados en ríos altamente contaminados. Estos dispositivos capturan residuos antes de que lleguen al océano.
Esta combinación entre limpieza del océano en alta mar y captura en ríos refuerza el impacto global del proyecto.
Impacto real con contexto
La tecnología para limpiar el océano ya está operando y ampliando su alcance. Sin embargo, es importante mantener precisión.
No existe confirmación pública sólida de que capturen un porcentaje fijo del plástico oceánico mundial. El plástico marino incluye microplásticos dispersos en todos los océanos, no solo grandes fragmentos flotantes en el Pacífico.
El impacto es real en zonas específicas. No es una solución total al problema global.
Reducir el uso de plástico y mejorar la gestión de residuos sigue siendo fundamental. Aun así, contar con tecnología para limpiar el océano añade una herramienta concreta frente a un desafío ambiental complejo.
Lo que comenzó como una inquietud adolescente hoy es una operación activa en el Pacífico. No elimina por completo la contaminación marina. Pero demuestra que la innovación puede transformarse en acción real cuando se combina ingeniería, persistencia y responsabilidad ambiental.