La Administración de Donald Trump refuerza sus relaciones con los gobiernos más conservadores de Europa Central.
Este lunes 16 de febrero, tras su llegada a Hungría, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, subrayó que los lazos bilaterales entre Washington y Budapest están entrando en una “era dorada”.
Sus palabras llegan en momentos en que se espera que en el marco de su visita a Budapest–donde tiene pautado un encuentro con el primer ministro Viktor Órban–los dos gobiernos establezcan las bases para un acuerdo nuclear civil, así como pactos en materia energética. Orban es uno de los mayores críticos de las políticas de verdes de la Unión Europea.
La visita de Rubio a la capital húngara se produce tras su viaje oficial a Eslovaquia un día antes y después de su asistencia a la Conferencia de Seguridad de Múnich en Alemania.
Lideradas por populistas euroescépticos que se opusieron al apoyo a Ucrania y respaldan abiertamente a Trump, Eslovaquia y Hungría representan un territorio favorable para Washington, que busca reforzar los acuerdos energéticos con ambos países de Europa Central.
Esta gira por los dos países con gobiernos de extrema derecha y más afines en Europa a la Administración Trump llega luego del intento de Rubio por suavizar el tono contra el Viejo Continente, un año después del agresivo discurso del vicepresidente J.D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich, en el que arremetió contra las políticas de migración de la UE.
Aunque Rubio habló de un «destino entrelazado» para Estados Unidos y Europa, describiendo a su país como «un hijo de Europa», presentó una oferta muy condicional de una nueva alianza y también reprochó las políticas migratorias y climáticas al otro lado del Atlántico, sin salirse de la línea y visión extrema de su jefe.
Así, Rubio insistió en “controlar las fronteras” no por xenofobia, dijo, sino para contrarrestar lo que definió como una “amenaza urgente para el tejido social de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra civilización”.
¿Espaldarazo a la campaña electoral de Orban?
La visita del máximo representante de la diplomacia estadounidense a Budapest coincide con la campaña electoral del primer ministro Viktor Orban, de cara a las elecciones del próximo abril.
“El futuro de Hungría tras las elecciones parlamentarias de abril depende de los votantes”, declaró Rubio, este lunes.
Orban– con casi 16 años en el poder de forma ininterrumpida, espera renovar su cargo– es considerado ampliamente como el más férreo defensor del presidente ruso, Vladimir Putin, dentro de la Unión Europea especialmente en asuntos relacionados con Ucrania, país que Putin ordenó invadir hace casi cuatro años.
Orban ha mantenido una estrecha relación con el Kremlin, oponiéndose en múltiples ocasiones a medidas que el bloque de 27 países ha tomado o intentado tomar frente a Moscú por lanzar el mayor conflicto en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Su Gobierno se ha mantenido firmemente comprometido con la compra de energía rusa a pesar de los esfuerzos de la UE por reducir gradualmente dicho suministro, y recibió una exención de las sanciones estadounidenses sobre la energía rusa tras una reunión con Trump en la Casa Blanca el pasado noviembre.
El premier húngaro ha sido respaldado abiertamente por Donald Trump y su movimiento MAGA (Make America Great Again), debido a su afinidad con el nacionalismo y políticas más conservadoras, a pesar del deterioro de las instituciones democráticas húngaras y su condición como uno de los países más pobres de la UE. Orban y su partido Fidesz se enfrentan a su mayor desafío en las elecciones del 12 de abril desde que recuperó el poder en 2010.
En una publicación en su plataforma Truth Social, a principios de este mes, Trump respaldó a Orban para las próximas elecciones y lo calificó de «líder verdaderamente fuerte y poderoso», así como «un verdadero amigo, luchador y GANADOR».
La admiración a Orban por parte de los ultranacionalistas estadounidenses también proviene de su hostilidad hacia los derechos de la comunidad LGBTQ+. De hecho, en 2025, su Gobierno prohibió la popular celebración del Orgullo de Budapest y permitió el uso de tecnología de reconocimiento facial para identificar a cualquier participante.
También ha prohibido la adopción y el matrimonio entre personas del mismo sexo, y ha vetado que las personas transgénero cambien su sexo en documentos oficiales.
Con Reuters y AP