Donald Trump escenificará en el Congreso el modelo de país que busca para Estados Unidos, en el tradicional discurso del estado de la Unión, este martes 24 de febrero, a las 21.00, hora de Washington.
Sus palabras serán interpretadas en el marco de las batallas que sostiene tanto al interior del país –con instituciones como la Corte Suprema o debido a su controversial política migratoria–, como fuera de las fronteras estadounidenses –en medio de una pugna arancelaria global y tensiones militares con Irán–.
La rendición de cuentas del republicano ante el Legislativo obedece a una tradición centenaria, que tiene su origen en el siglo XVIII.
La resonancia de este encuentro servirá a Trump para resaltar las decisiones de su Gobierno, en la víspera de las elecciones de medio término, convocadas para el próximo noviembre de 2026, en las que se juega la mayoría que ahora tiene en las dos cámaras del Congreso.
Leer también«Ley para que las Elecciones Vuelvan a Ser Grandes»: ¿busca Trump inclinar la balanza a su favor?
El apoyo de los congresistas a los que se dirigirá Trump será imprescindible para mantener a largo plazo el arancel global del 10% decretado por el presidente el pasado viernes luego de que el Supremo invalidara sus gravámenes «recíprocos» al considerarlos inconstitucionales. Las nuevas tasas arancelarias solo pueden mantenerse por 150 días, antes de una posible prórroga parlamentaria.
Los últimos meses de su actual mandato también han estado marcados por una mayor desclasificación de archivos del pederasta Jeffrey Epstein por parte del Departamento de Justicia. Y los representantes demócratas invitaron al Capitolio a algunas de las víctimas del depredador sexual, cuyas conexiones con personalidades de relevancia mundial han provocado un escándalo global, que incluso ha salpicado a Trump, quien aparece en algunas fotos con Epstein, sin que la existencia de esas imágenes impliquen la comisión de un delito o conocimiento sobre la red de pederastia del financiero muerto en prisión.
Política doméstica: entre ‘America First’ y controversias
En la antesala del discurso del Estado de la Unión, la Corte Suprema de EE. UU. anuló los aranceles decretados por Trump bajo la Ley de 1977 de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), una pieza central de la agenda económica del Gobierno y de las finanzas estatales.
El líder republicano reaccionó a la medida del Supremo con la imposición de un impuesto global del 10%, que entró en vigor este martes 24 de febrero, decretado bajo otra norma, la Ley del Comercio de 1974.
Así, Trump busca contrarrestar el déficit fiscal previsible tras el varapalo de la Corte Suprema, aunque la pugna con el Poder Judicial evidenció los límites a las facultades de la Presidencia, que enfurecen al republicano.
Con las elecciones de medio término aproximándose, el respaldo a la política migratoria de Trump, uno de los pilares del Gobierno, ha decaído con el avance de su mandato.
El despliegue del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de agentes de la Patrulla Fronteriza en múltiples ciudades para detener y deportar a miles de inmigrantes sin permiso de residencia revelaron un profundo malestar social con esa forma de aplicar la ley de extranjería.
Este descontento se materializó en intensas protestas ciudadanas, también reprimidas por los agentes enmascarados de inmigración.
Minnesota, donde se movilizaron 3.000 agentes federales, trascendió a la prensa mundial como el epicentro fatal del despliegue, tras la muerte de Alex Pretti y Renée Good, dos ciudadanos americanos baleados por los oficiales migratorios.
Solo el 39% de los estadounidenses aprueba la política migratoria de Trump, el nivel más bajo desde su investidura, según una encuesta de Reuters e Ipsos publicada a finales del pasado enero.
Si bien el 84% de los republicanos encuestados afirmó apoyar a Trump en este tema, una quinta parte afirmó que los agentes federales habían ido «demasiado lejos» en su represión.
Otro sondeo de la firma Morris Predictive Insights, realizado entre el 6 y el 10 de febrero, concluyó que el aumento de las deportaciones y el despliegue de agentes migratorios tiene un «efecto neto negativo» entre los republicanos.
Según ese estudio, un 54% de los votantes que apoyaron a Trump en 2024 y ahora se declaran afines a los demócratas o indecisos aseguran que la aplicación de medidas migratorias hace menos probable que voten de nuevo por los republicanos
Además, el 51% de los entrevistados percibe menos favorable la imagen del presidente respecto a hace un año, en contraste con el 17% que afirma lo contrario.
Leer tambiénAduanas de EE. UU. anuncia que dejará de cobrar aranceles el martes; Trump amenaza con volver a subirlos
Conflictos palpitantes
Trump ha mediado varios acuerdos de paz que, sin embargo, han acabado pocas guerras. Ha ocurrido con los conflictos entre Israel y Hamás; Tailandia y Camboya; o la República Democrática del Congo y Ruanda: pese a que el republicano ha apurado a las partes en conflicto para firmar pactos de alto el fuego, la guerra ha continuado más allá del papel con reiteradas violaciones a la paz.
En Gaza –una de las ocho guerras que Trump se enorgullece de terminar– mueren palestinos a diario por ataques del ejército de Israel, a pesar de que en octubre de 2025 se decretó un alto el fuego en el que EE. UU. jugó un rol protagónico.
Ese acuerdo contempla la creación de un órgano transitorio para la administración de Gaza liderado por Trump, conocido como ‘Junta de Paz’, que ya celebró su primera reunión, en la que se negaron a participar casi todos los países de la Unión Europea.
Ucrania es otra nación en la que la paz que auguró Trump no se ha materializado. El republicano, que antes de ser reelegido aseguró que acabaría la guerra en su primer día en la Casa Blanca, se ha estrellado con las líneas rojas de Kiev y Moscú.
Trump ha urgido al Gobierno ucraniano a que acepte un alto el fuego a la medida del Kremlin, que incluye la sesión de los territorios del este anexionados por Rusia en el transcurso de la Guerra. No obstante, esta cláusula es inaceptable para el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y sus aliados de la Unión Europea.
Leer tambiénTrump y Ucrania: de terminar la guerra en 24 horas a forzar un alto el fuego que beneficia a Rusia
Mientras la paz se diluye en negociaciones interminables, la guerra amenaza con materializarse en otros frentes después de que el republicano llevará a un nivel inédito las tensiones con Irán al enviar una flotilla naval a aguas del Medio Oriente, con la intención de presionar a la República Islámica para que firme un acuerdo nuclear.
Los portaaviones Abraham Lincoln y el colosal Gerald R. Ford fueron destinados a aguas del mar Arábigo, mientras Trump recrudece la retórica contra los líderes de Teherán, que se han mostrado abiertos a brindar garantías para la no proliferación de armas nucleares. Trump ya atacó algunas instalaciones nucleares en Irán en junio de 2025.
En el último año, la Casa Blanca también ha ordenado bombardeos contra Yemen y Nigeria.
Por si fuera poco, Trump, quien aspiró a ganar el Nobel de Paz y se mostró decepcionado al no recibirlo, ordenó explotar más de 40 embarcaciones en el mar Caribe, donde murieron al menos 150 personas a las que Washington acusa, sin pruebas, de ser traficantes de drogas.
El Congreso, que escuchará este martes a Trump, abrió una investigación por presuntos crímenes de guerra en esas operaciones.
Otro planteamiento con en el que Trump se enfrentó al mundo fue la idea de usar la fuerza para apoderarse de Groenlandia, el territorio semiautónomo danés enquistado en el Ártico, un capítulo que ha debilitado su relación con la comunidad europea, ya resentida por el cambio de postura en relación con Ucrania.
Este martes, en el capitolio de Estados Unidos, Trump defenderá estas decisiones que han enfrentado a su país con diferentes actores de la comunidad internacional para, según el republicano, priorizar el bienestar de los estadounidenses.
Tensiones en política exterior
Trump llega al Congreso tras la proclamación de su renovada estrategia en política exterior, rebautizada como ‘America First’ (América Primero), que implicó, entre otras cosas, una retirada sin precedentes de mecanismos multilaterales, especialmente en materia climática.
En enero de 2026, EE. UU. anunció su salida de 66 tratados y grupos internacionales, incluidos 31 ligados a la ONU, entre ellos la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), pilares de la gobernanza climática global desde los años noventa. Todo esto después de retirarse del Acuerdo de París y cortar la financiación a los programas de cooperación internacional.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
La nueva piedra angular de la política exterior de EE. UU., interpretada por muchos analistas como una remasterización de la doctrina Monroe, concibe a Latinoamérica como el espacio de influencia de Washington. Bajo esta visión, Trump ha centrado sus esfuerzos en reducir la influencia en el continente de actores externos, como Rusia o China.
Para ello, ha desestabilizado a los aliados políticos de Moscú y Beijing en América, primero con la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro. EE. UU. lanzó una operación militar en territorio venezolano el 3 de enero de 2026 para detener por cargos de narcotráfico al líder chavista, en una operación cuestionada por algunos gobiernos regionales y analistas del derecho internacional.
Posteriormente, Washington impuso un bloqueo petrolero a Cuba, otro bastión del socialismo latinoamericano, donde Trump quiere imponer un cambio de régimen, según él mismo ha manifestado.
Tras la caída de Maduro, el republicano ordenó paralizar todos los envíos de crudo venezolano con destino a Cuba. Además, firmó una orden ejecutiva en enero de 2026 para imponer un arancel a cualquier tercer país que abastezca a la isla. En consecuencia, el pueblo cubano padece constantes y prolongados apagones y ha visto en riesgo la prestación de servicios esenciales.
Con las bombas aún sonando en Gaza, las tensiones militares con Irán, el enfrentamiento con la Corte Suprema y una indignación nacional por las políticas del ICE, Trump se encamina al Capitolio para proclamar el discurso del Estado de la Unión, aunque la cohesión sea un bien escaso en tiempos de polarización.
Leer tambiénCuba: al borde del colapso por la crisis energética
Con Reuters, AP y medios locales