¿De dónde vinieron los primeros pobladores de la isla de Puerto Rico y del Caribe? Esta pregunta acompaña a la antropóloga genetista María Nieves Colón desde sus años de universidad. Desde entonces pensó que el ADN podía aportar a la respuesta. Hoy sabe que pasará toda la vida indagando esta pregunta y revisitando la historia.
En ese momento los primeros estudios de ADN en poblaciones humanas y migraciones antiguas estaban frescos y el genoma del neandertal acababa de ser secuenciado. Años después de aquella intuición, hoy la puertorriqueña es investigadora principal del laboratorio de Genética Antropológica de la Universidad de Minnesota (UMN) y profesora adjunta en este estado atravesado por el río Mississippi. Su especialidad es la antropología molecular y, en su laboratorio, rastrean migraciones antiguas y los encuentros poblacionales de la colonización en Latinoamérica y el Caribe.
En conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, reunimos las historias de las doctoras, científicas, emprendedoras, etc, que marcarán el futuro de México y el mundo. Un especial de WIRED en español.
Crecer en una isla y trabajar para ella
Ella es de Bayamón, un municipio del norte de la isla ubicado en el área metropolitana. Su madre y abuelas eran maestras y cultivaron en ella el gusto por la lectura. “Desde chiquita era bien nerd, era un poco difícil hacer amigos cuando yo quería estar leyendo”.
“Algo que forja mucho vivir en Puerto Rico y ser de Puerto Rico es la relación que la isla tiene con Estados Unidos, la relación territorial y la historia del colonialismo”, explica la científica María Nieves Colón a WIRED en Español. A lo que se suma que sobre las poblaciones de su país hay muchas lagunas de información en los registros documentales elaborados desde la perspectiva de los colonizadores.
En su laboratorio, Nieves utiliza herramientas de la genética para responder a preguntas sobre la evolución de nuestra especie y la historia de las poblaciones humanas. En particular, estudia el ADN antiguo, esa información contenida en material genético que sobrevive en los restos humanos arqueológicos y que permite explorar la historia de movilidad y las relaciones de las poblaciones.
Sin embargo, el ADN ancestral es un insumo difícil de obtener. Nieves explica que, cuando morimos, los mecanismos de nuestras células que protegen el ADN dejan de funcionar y esta molécula empieza a fragmentarse. Así que, aún en la muestra mejor preservada del mundo, solo es posible obtener pequeños pedazos de ADN.
“Es casi como buscar una aguja en un pajar. Tienes muchos pedazos de ADN, de bacterias, del suelo, que contaminan la muestra y un 1% de ese ADN que sobrevive del ser humano, del mamut o del neandertal que estás investigando, es lo que realmente estás buscando”.
En las técnicas de ADN antiguo que aíslan a los pedacitos que sobreviven al tiempo, es necesario destruir parte de los vestigios biológicos. Por ello el trabajo es delicado: requiere de protocolos sensibles y sopesar con responsabilidad si destruir hueso, dientes o cabello, que constituyen evidencia arqueológica significativa, dará suficiente información para, por una parte, responder preguntas significativas para las comunidades descendientes y para la ciencia y, por otra, justificar su destrucción.
En general, las personas que trabajan con ADN antiguo tienen desafíos para descifrar los pequeños fragmentos, pero en los trópicos el reto es mayor. Reconstruir de forma computacional los genomas es difícil, pero en climas húmedos y cálidos, el ADN se fragmenta más.
“Un mamut que está en el Ártico, aunque hayan pasado 30,000 años su ADN está preservado, los pedacitos de ADN van a ser más largos. En los lugares donde yo trabajo, en el trópico, los pedacitos de ADN tienden a ser de 35 pares de bases, es como una palabra super corta versus el ADN del mamut que tienes un libro entero. Estás armando un rompecabezas con pedazos super chiquititos y ni siquiera tienes la foto”, detalla.
Los otros retos del ADN ancestral
El frío de los lugares influye en la preservación del ADN antiguo, pero Nieves señala que otras tendencias históricas influyen en que lugares de América Latina, históricamente colonizados y marginados, sigan siendo marginadas por la ciencia, o que esas comunidades tengan objeciones con investigaciones extranjeras que harán análisis que implican destruir restos de sus ancestros.
“Los centros de poder coloniales siguen siendo los centros de poder donde nace la ciencia”. Hay pocos laboratorios especializados en el tema fuera del norte global, indica, y aunque existan, es difícil que logren la cantidad de estudios que pueden hacer las grandes instalaciones que están en lugares donde hay mucho financiamiento para la ciencia.
