El 9 de marzo de este 2026 se celebraron en el país los 209 años del nacimiento de Francisco del Rosario Sánchez. Llegó a la vida terrenal el domingo 9 de marzo de 1817 en la ciudad de Santo Domingo, en un hogar formado por humildes dominicanos.
Forma parte de la trilogía de los Padres de la Patria, aunque el historiador Alcides García Lluberes no lo considere como uno de “los supremos próceres epónimos de los tres grandes esfuerzos de emancipación que hemos hecho…”.
Su figura es fundamental para conocer la historia dominicana, pues aunque no fue de los nueve fundadores de la Trinitaria (cuna de nuestra soberanía) pronto se incorporó a la misma y desempeñó a partir de ese momento papeles esenciales para dotar al pueblo de la libertad que nunca había disfrutado.
También fue de los primeros que se opuso con palabras y hechos a la nefasta anexión de la República al Reino de España, perdiendo la vida en el intento de anular ese crimen de lesa patria. Sería prolijo analizar todos sus actos heroicos, desde que siendo veinteañero se involucró en la suerte del pueblo dominicano hasta que fue fulminado por la metralla anexionista. De su excepcional biografía resalto sólo algunos.
Por causas ajenas a su voluntad no estuvo entre los febreristas que participaron en los hechos de la media noche del 27 de febrero de 1844 en las Puertas de la Misericordia y del Conde. Sin embargo, a las pocas horas del trabucazo de Mella y los actos siguientes le correspondió a Sánchez izar por primera vez la bandera nacional, con la carga de simbolismo que significó para los dominicanos ese hecho de fe en los destinos nacionales.

“La venida de Riviére lo descompuso todo…los ánimos se enfriaron”.(Figuras Americanas. Bahoruco No.187 del 24-3-1934. Pág.11. Américo Lugo). La realidad cambió, pues tres días antes de la alborada de libertad, en una reunión de líderes trinitarios, Sánchez fue designado a unanimidad comandante en jefe de los revolucionarios en lucha, en reconocimiento a su preeminencia, lo que fue una demostración clara de que ante las adversidades del momento los trinitarios mantuvieron su espíritu de lucha.
Llevaba un tiempo refugiado en la casa de la familia de la Concha, protegiéndose de la persecución desatada por el siniestro Charles Riviére-Hérard, quien desde que llegó a la ciudad de Santo Domingo, el 12 de julio de 1843, ordenó hostigar a todos los líderes que eran contrarios a su voluntad. No logró la captura de Sánchez, aunque otros no corrieron igual suerte.
Por ejemplo, en la capital dominicana fueron apresados y vejados por la soldadesca extranjera los independentistas Juan Nepomuceno Ravelo, Félix Mercenario, Narciso Sánchez, Norberto Linares, Pedro Pablo Bonilla, etc. En Higüey fueron apresados en esas redadas Vicente Ramírez y Nicolás Rijo, igual ocurrió en otros pueblos como El Seibo, San Cristóbal, Azua, Cotuí, La Vega, San Francisco de Macorís, Santiago y Puerto Plata.
Ya antes, en la tarde del 24 de marzo de 1843, Francisco del Rosario Sánchez participó en un enfrentamiento armado contra los haitianos, que en realidad fue el bautismo de fuego de los trinitarios. Ahí estuvo Duarte con espada en mano. El objetivo de ese día era arrebatarle el mando al general y político haitiano Bernard-Philippe Carrié, que dirigía las tropas de ocupación y tenía el control del personal civil del gobierno de facto.
Ese hecho poco analizado en los textos de nuestra historia se produjo en la explanada del Carmen, que ahora es el parque La Trinitaria. En esa breve, intensa y sangrienta contienda los dominicanos sólo tenían “pistolas, escopetas, trabucos y armas blancas”. (Historia eclesiástica…Tomo II.P.428. Impresora La Cuna de América. Carlos Nouel Pierret).
Los patriotas fueron enfrentados por el temible Regimiento 32, al servicio de los ocupantes. De momento no cuajó lo que se buscaba, pero dos días después el referido Carrié (apodado duque de la Vega Real) tuvo que renunciar a la alta posición que de manera ilícita ocupaba en lo que es la República Dominicana. Esa dejación fue, en consecuencia, un triunfo político coyuntural para la causa independentista.
Luego de ese encuentro armado y la salida de dicho gerifalte haitiano, Duarte dirigió una importante reunión en la casa de su tío materno José Diez para continuar los trabajos pro patria.
Allí Sánchez tuvo una destacada participación, secundado por patriotas del calibre de Mella, Benito González, Jacinto de la Concha y otros luchadores, entre ellos los hermanos José Joaquín, Gabino y Eusebio Puello de Castro; los dos primeros fueron fusilados el 23 de diciembre de 1847 por órdenes del general Pedro Santana. Eusebio se convirtió en traidor a los ideales de libertad y fue verdugo de muchos valientes dominicanos que enfrentaron la anexión a España, la cual él defendió fieramente.
Al proclamarse la Independencia Dominicana Sánchez fue nombrado gobernador de la provincia de Santo Domingo, que entonces era una territorio enorme, pero las maldades en su contra siguieron con una cadena de intrigas dirigidas por Tomás Bobadilla Briones y José María Caminero Ferrer desde la Junta Central Gubernativa, tal y como dejó anotado el patriota Manuel Leguisamón.
Destierro
Sánchez fue declarado traidor a la patria y condenado al destierro y “extrañado a perpetuidad del país”, mediante una malhadada decisión ordenada por la Junta Central Gubernativa el 22 de agosto de 1844, la cual era presidida desde el 16 de julio de dicho año por el general Pedro Santana Familias. Ese mismo día fue expulsado hacia Inglaterra, junto con otros independentistas también penados.
Retornó al país, pero fue expulsado de nuevo en 1859. Antes de producirse la anexión a España el 18 de marzo de 1861 advirtió ese inmenso daño y alertó al pueblo a rechazar con las armas esa ofensa a la dignidad nacional.
Regresó a su tierra en junio de dicho año. Estaba resuelto a combatir a los anexionistas y restaurar la República, pero fue víctima de traición, lo que provocó su apresamiento en un lugar montañoso llamado Juan de la Cruz, en las afueras del pueblo de El Cercado.Sánchez, herido y maltratado, junto a varios de sus fieles seguidores, fueron llevados a la ciudad de San Juan de la Maguana.
Allí, en una pantomima de juicio, se les condenó a muerte el 3 de julio de 1861. Fueron fusilados al día siguiente, en una hecatombe que fue una jornada gris y plomiza en el calendario de nuestra historia.
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