En una de las despensas alimentarias del mundo, el conflicto en Medio Oriente ha traído serias consecuencias para quienes viven del trabajo del campo. Desde precios más altos de los fertilizantes, hasta dificultades para exportar y almacenar productos, los agricultores brasileños han sentido en carne propia un conflicto que se desarrolla a miles de kilómetros de distancia.
Al entrar en su tercera semana la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, los analistas advierten que está perturbando gravemente los mercados de fertilizantes y poniendo en peligro la seguridad alimentaria de los países en desarrollo a corto plazo.
Brasil es uno de ellos. Depende casi por completo de las importaciones de urea -un nutriente clave en la agricultura-, casi la mitad de las cuales transitan por el estrecho de Ormuz.
Según Scotiabank, a nivel mundial, se prevé que las exportaciones de urea caigan a aproximadamente 1,5 millones de toneladas métricas en marzo, en comparación con 5 millones que se venden normalmente y que incluyen la producción china.
Los precios de exportación de la urea en Oriente Medio han aumentado cerca de un 40%, superando los 700 dólares por tonelada métrica el viernes pasado, frente a los poco menos de 500 dólares antes de la guerra, según la agencia Argus.
Pero los agricultores brasileños enfrentan otros desafíos, como un creciente déficit en la capacidad de almacenamiento de granos. Para 2026, estará al menos 135,4 millones de toneladas por debajo de la producción prevista de 353,4 millones de toneladas, según estimaciones de la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) citadas por el periódico local O Globo.
La guerra impacta a toda América Latina (y el mundo)
Por el estrecho de Ormuz, cerrado casi totalmente por Irán, pasa alrededor de una tercera parte de los fertilizantes del mundo. Además, su producción que depende en gran medida del gas natural como materia prima, y la energía representa hasta el 70% de los costos.
El cierre de plantas de fertilizantes en el Golfo y otras regiones debido a la guerra ha llegado justo cuando los agricultores del hemisferio norte se preparan para la siembra de primavera, dejando poco margen para retrasos.
Según Marina Simonova, analista de Argus, cerca de la mitad de los alimentos del mundo se cultivan con fertilizantes, por lo que las interrupciones prolongadas en el suministro tendrían graves consecuencias para la disponibilidad de alimentos.
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La agencia de alimentos de Naciones Unidas ha advertido que muchos países de bajos ingresos ya sufrían inseguridad alimentaria antes de la guerra. Y en algunos, los fertilizantes representan hasta el 50% del costo de la producción de cereales.
Dado el dominio de Oriente Medio en el mercado, ningún productor puede compensar rápidamente la pérdida de suministro, según Chris Lawson, analista de CRU, citado por Reuters.
Rusia, el mayor exportador mundial de fertilizantes, se enfrenta a interrupciones en el suministro debido a los ataques con drones ucranianos, mientras que China, a pesar de su amplia capacidad, está restringiendo las exportaciones, concluyó.
Con Reuters y EFE