Cuando pedir ayuda está infravalorado»

Hay personas que no piden ayuda, no porque no la necesiten, sino porque aprendieron muy pronto que depender de otros no era una opción. Se acostumbraron a resolver, a sostener y a no molestar. 

Desde fuera suelen verse fuertes, competentes, fiables; desde dentro, muchas veces, viven con una ansiedad discreta pero constante, la que nace de sentir que no pueden fallar, que no pueden caer, que no hay red de apoyo.

La hiperindependencia no suele presentarse como un problema, sino como una virtud, se confunde con madurez, con responsabilidad, con fortaleza emocional. 

Pero sostenerlo todo en soledad tiene un coste psicológico alto. Porque cuando pedir ayuda se vive como un fracaso, cualquier dificultad se convierte en una amenaza a la identidad. 

No se trata solo de resolver el problema, sino de demostrar, una y otra vez, que se puede con todo. 

El cuerpo aprende entonces a no necesitar, a anticiparse, a cerrarse. Lo que en su momento fue una estrategia de supervivencia se convierte, con el tiempo, en una cárcel silenciosa.

La ansiedad aparece cuando el esfuerzo por mantenerse autosuficiente ya no da tregua.Se manifiesta en un control excesivo, en dificultad para delegar, en una sensación persistente de carga interna. No hay descanso real, porque descansar implicaría confiar en otro. Y confiar, para estas personas, sigue siendo un riesgo.

Dra. Cindy L. Rodríguez V.

Médico Psicoterapeuta

Terapeuta Familiar y Trastornos de la Conducta Alimentaria