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POR FELIX REYES
Tal como ha sido señalado por otros colaboradores de este medio digital, uno de los principales signos de esta época es la polarización que hoy se manifiesta en muchas sociedades democráticas, en particular, Europa, Latinoamérica y Estados Unidos.
Esta polarización se expresa en la pérdida de influencia del centro político y, en efecto, en el crecimiento de la influencia de sectores de los extremos (derecha e izquierda), que, asumen actitudes y/o posturas populistas, frente a diferentes temas, como las migraciones, la seguridad pública, los derechos sociales y ambientales, la desigualdad social y temas “identitarios” como los relacionados a la guerra cultural sobre derechos reproductivos y orientación sexual.
En el caso de Estados Unidos, a estos temas se suma y tiene particular relevancia la postura que se asume frente a la existencia del Estado de Israel, postura que hoy es la prueba ácida de la identidad del sector que dentro del Partido Demócrata, encabezan Bernie Sanders y Alexandria Ocasio Cortez, coincidiendo paradójicamente con el sector más derechista dentro de la coalición que llevó al poder a Donald Trump; es decir, el sector representado por Tucker Carlson y Nick Fuentes.
Es pertinente precisar que no hablo de polarización en sentido general, pues en Estados Unidos ella siempre ha estado presente, en el sentido de que históricamente su dinámica política ha girado en torno a dos grandes coaliciones (demócrata y republicana), que, alternativamente han asumido posiciones progresistas o conservadoras frente a los temas más trascendentales, en diferentes épocas.
Como ejemplos de lo expuesto se puede citar el hecho de que fue bajo el impulso de Abraham Lincoln, un presidente republicano, que se abolió la esclavitud, mientras bajo la presidencia de un demócrata, Lyndon B. Johnson, se proclamaron las leyes sobre los derechos civiles y expansión de la seguridad social (medicare, medicaid).
Ahora bien, como he indicado antes, la polarización a la que me refiero en este escrito es aquella caracterizada por posturas y actitudes populistas frente a diferentes temas, las cuales se traducen en la definición de líneas políticas radicales orientadas por posiciones principistas, cerradas a concertar y encontrar soluciones pragmáticas a conflictos que enfrentan actores con intereses diferentes, igualmente legítimos.
Vale observar que los cambios más importantes que ha experimentado la sociedad norteamericana han sido impulsados por grandes coaliciones, que han incorporado los intereses comunes de diversos sectores, evitando que predominen en ellas motivaciones sectarias para acceder al poder.
Desde la década de 1960, coaliciones demócratas en el gobierno han impulsado las principales políticas públicas orientadas a beneficiar a los sectores más vulnerables de la sociedad norteamericana, por ello, ha sido en torno a ellas que se han congregado los sectores progresistas; con la notable excepción del Partido Verde y algunos sectores vinculados al sector que hoy se identifica como socialista, que han jugado el sospechoso rol de que , a pesar de auto-identificarse como progresistas, en la práctica han ayudado a que en diferentes elecciones (2000 y el 2016) haya resultado victoriosa la coalición republicana, posibilitando de esa manera la implementación de políticas conservadoras y reaccionarias, como persecución de inmigrantes, derogación de Roe vs Wade y salida de Estados Unidos de los acuerdos de Paris, entre otras.
Todavía está fresca en la memoria de muchos miembros y simpatizantes de la coalición demócrata, el hecho de que muchos activistas de ese sector se opusieron a que Hillary Clinton fuera presidente en el 2016, llamando a votar por el Partido Verde y algunos hasta llegaron a declarar que preferían a Donald Trump, como fue el caso de la actriz Susan Sarandon. Quienes no lo sabían o lo han olvidado, es importante recordarles que la internet no olvida.
Pero quizás no es este el momento de volver sobre viejas heridas. Es de mayor madurez política sanarlas y llamar a preservar la unidad de la coalición demócrata, como hacen aquellos dirigentes del Partido Demócrata demonizados como parte del establishment, pero que asumen a aquellos del sector “insurgente” que han sido seleccionados en las primarias; a pesar de que esa actitud no siempre ha sido recíproca.
Es necesario que en una segunda parte vuelva sobre este tema, de preservar y, en algunos casos, reconstruir la coalición demócrata; de manera que, al resultar victoriosa en las elecciones del próximo noviembre, la sociedad norteamericana pueda restablecer su sistema de contrapeso y puedan ser preservadas sus instituciones liberales.
jpm-am
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