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Parece que la Fuerza del Pueblo se sumará, sin rubor y sin disimulo, al reiterado atropello a la democracia interna que ya se ha vuelto norma en los partidos dominicanos. La alta dirección anunciará en las próximas horas que reservará las tres candidaturas a diputado de la circunscripción número 1 del exterior.
Otra reserva. Otro candado. Otra vez la cúpula decidiendo por la base.
Y con esa decisión, un mensaje brutal y desmoralizador para su dirigencia en Nueva York, Nueva Jersey, Boston, Washington, Montreal, Toronto y toda la diáspora que hace vida política en el exterior: ustedes sirven para pegar afiches, para llenar guaguas, para hacer el trabajo duro y poner el dinero, pero no para ascender.
LA RESERVA COMO MECANISMO DE EXCLUSIÓN
Nos han vendido la reserva de candidaturas como un instrumento legal previsto en la Ley de Partidos para garantizar la cuota de la juventud, de la mujer o para hacer alianzas. En la práctica, todos sabemos lo que es: el mecanismo más elegante para imponer, para negociar a puerta cerrada y para negar el derecho a competir.
Reservar las tres posiciones de la circunscripción 1 del exterior es decirle a toda una militancia que no hay nada que buscar. Que no habrá primarias, ni convención, ni encuestas. Que las candidaturas ya tienen nombre y apellido antes de que la base pueda siquiera soñar con aspirar.
¿Qué democracia es esa donde la dirección elige primero y después le pide a la base que legitime su decisión?
EL EXTERIOR NO ES UNA SUCURSAL, ES UN BASTIÓN
Hay que decirlo con claridad: sin el exterior no hay Fuerza del Pueblo. Fue la diáspora, especialmente la de Nueva York, la que sostuvo a Leonel Fernández en sus momentos más difíciles, la que llenó mítines bajo nieve, la que aportó recursos cuando aquí no había nada. Esa diáspora no puede ser tratada como una colonia electoral a la que solo se visita en campaña para pedir dinero y votos.
Negarle a sus dirigentes naturales la posibilidad de competir por una diputación es un acto de desprecio político. Hay hombres y mujeres que tienen 10, 15, 20 años haciendo partido, que han construido liderazgo real en sus comunidades, que han pagado su cuota con trabajo y lealtad. ¿Qué se les dice ahora? ¿Que se sienten a esperar que desde Santo Domingo les manden al candidato?
Eso no es organización política, es franquicia.
LA PREGUNTA QUE MATA LA MILITANCIA
Y aquí llegamos a la pregunta que hoy se hacen cientos de dirigentes de la Fuerza del Pueblo en el exterior y que es la que más daño le hace a cualquier partido: ¿valdrá la pena sacrificarme por un partido que nunca me toma en cuenta?
Esa pregunta es el inicio del fin. Porque el militante puede soportar perder una convención, puede soportar que le digan que perdió por pocos votos. Lo que no soporta, lo que nunca perdona, es que no lo dejen competir. Que le nieguen incluso el derecho a perder con dignidad.
Cuando un partido le dice a su militancia que no confía en ella para elegir a sus propios candidatos, ¿cómo puede luego pedirle a esa militancia que le pida al pueblo que confíe en el partido?
REPETIR EL MODELO QUE CRITICARON
Lo más doloroso es que la Fuerza del Pueblo nació precisamente criticando estas prácticas. Nació denunciando el autoritarismo, el dedo, el ventorrillo electoral. Y hoy, con esta reserva total en la circunscripción más importante y más competitiva del exterior, está haciendo exactamente lo mismo que tanto criticó al PLD.
No se puede hablar de democracia afuera y practicar el autoritarismo adentro. No se puede pedir democracia para el país mientras se atropella la democracia en la casa.
La Fuerza del Pueblo todavía está a tiempo de rectificar. Dejar al menos una candidatura abierta para que la base decida no es un signo de debilidad, es un acto de grandeza y de coherencia. Reservarlo todo es mandar un mensaje de miedo y de desconfianza hacia su propia gente.
Y ningún partido que desconfía de su base puede pedirle al país que confíe en él.
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