Alofoke: un fenómeno en República Dominicana del que todos hablan y que, al parecer, preocupa a las élites

Por Rosanna Barrera

Los fenómenos, mientras más se les ataca, más crecen
¿qué está queriendo decir la población dominicana con Santiago Matías?

Pienso que hay fenómenos políticos que se construyen dentro de los partidos, con años de militancia, estructuras, convenciones, cargos y negociaciones.

Y hay otros que nacen fuera de todo eso, que nacen del cansancio del pueblo.

Nacen del desencanto, del hartazgo, de la frustración y de la sensación de que las estructuras tradicionales ya no están dando las respuestas que la gente espera.

A mi entender, eso es lo que estamos viendo con Santiago Matías, Alofoke.

Y quiero dejar algo claro: este artículo no pretende promover candidaturas ni asumir una posición electoral. Como comunicadora y estratega política, mi responsabilidad es observar lo que está ocurriendo en la sociedad dominicana, intentar interpretarlo y poner sobre la mesa las preguntas que muchos quizás no se atreven o no quieren hacerse.

Y hay una pregunta que resulta inevitable:

¿Qué está queriendo decir la población dominicana con Alofoke?

Porque si una figura proveniente de la comunicación y del entretenimiento comienza a aparecer con fuerza en las mediciones políticas, incluso por encima de personas que llevan años diciendo que aspiran a la Presidencia de la República, eso no puede despacharse simplemente diciendo que se trata de una moda o de una ocurrencia. Negativo!

Hay que mirar mucho más profundo.

¿De dónde nace verdaderamente un outsider?

Un outsider es alguien que llega a la política desde fuera de las estructuras tradicionales o que, habiendo estado vinculado a ellas, rompe con esas estructuras y construye su propia legitimidad.

Puede venir de la comunicación, del deporte, del arte, del entretenimiento o de cualquier otro sector.

Pero hay algo fundamental: su fuerza no nace necesariamente de un partido.

Nace de la sociedad.

Nace de una relación directa con la gente.

Y aquí está la verdadera pregunta:

¿Por qué están apareciendo los outsiders?

No aparecen porque sí.

Aparecen cuando existe un vacío político.

Cuando hay cansancio.

Cuando hay agotamiento.

Cuando una sociedad comienza a sentir que los mecanismos tradicionales de representación ya no están dando las respuestas que espera.

Ese cansancio no desaparece.

Se acumula.

Y cuando se acumula demasiado, busca una salida.

¿Y qué está pasando con Alofoke?

Aquí es donde debemos detenernos.

Porque Santiago Matías no apareció ayer.

Lleva años construyendo una plataforma de comunicación que consiguió algo extraordinario:

conectar con una parte enorme de la población dominicana.

Al principio, muchos no entendían su forma de comunicarse.

Su lenguaje chocaba.

Su estilo chocaba.

Su manera de decir las cosas chocaba.

Pero el país terminó escuchándolo.

¿Por qué?

Porque habla desde un lugar que una parte de la población reconoce como propio.

Y esto no significa justificar las malas palabras ni todos sus comportamientos.

Significa entender que la política también es lenguaje, identidad y conexión.

El ciudadano dominicano está cansado de discursos perfectamente elaborados que después no necesariamente se corresponden con la realidad que vive.

Quiere que le hablen claro.

Quiere respuestas.

Quiere resultados.

Y Alofoke ha construido una plataforma desde la cual puede hablarle directamente a millones.

Eso es poder.

La comunicación también es poder.

Y quien tiene la capacidad de colocar temas en la conversación nacional, movilizar audiencias y generar discusión pública posee una herramienta que, en el siglo XXI, ningún político puede darse el lujo de ignorar.

Entonces, ¿qué está diciendo la población?

Esta es la parte que más me interesa.

La pregunta no es solamente quién es Santiago Matías.

La pregunta es por qué una parte de la población lo está colocando en el escenario político.

Y aquí aparece una palabra que, a mi entender, explica buena parte de lo que estamos viendo:

«corrupción».

La corrupción es uno de los grandes males que arrastramos durante nuestra vida democrática.

Ha atravesado gobiernos, partidos y administraciones.

«No pertenece exclusivamente a un color político».

Ese es precisamente el punto que debemos entender.

Cuando el ciudadano siente que los recursos públicos no siempre son administrados como deberían, cuando observa privilegios, cuando percibe impunidad y cuando tiene que pagar cada vez más mientras sus problemas permanecen, se produce una ruptura de confianza.

Y esa ruptura no se arregla con discursos.

Se arregla con resultados.

Se arregla con transparencia.

Se arregla haciendo que el ciudadano vuelva a sentir que el Estado le pertenece.

Un país que paga y observa.

República Dominicana administra hoy un volumen gigantesco de recursos públicos.

El Presupuesto reformulado del 2026 contempla erogaciones totales por aproximadamente RD$1,785 billones.

Estamos hablando de una cantidad enorme de dinero.

Y mientras el Estado maneja presupuestos de esa dimensión, el ciudadano común continúa enfrentando el costo de los alimentos, los servicios, el combustible, los impuestos y las dificultades de llegar a fin de mes.

A esto hay que agregar otro dato que no podemos ignorar:

en el último año electoral, 2024, el financiamiento público destinado a los partidos, agrupaciones y movimientos políticos ascendió a aproximadamente unos RD$5,041.6 millones.

En 2026, aun sin elecciones generales, la asignación pública prevista es de RD$1,620 millones.

Y entonces la ciudadanía observa.

Observa cuánto dinero mueve el Estado.

Observa cuánto nos cuesta la política.

Observa cuánto paga.

Y muchas veces siente que el pastel se sigue repartiendo arriba, mientras abajo la gente tiene que seguir haciendo sacrificios.

Eso duele.

Y ese dolor también produce fenómenos políticos.

¿Por qué preocupa un outsider?

Porque un outsider no tiene necesariamente las mismas reglas de juego.

No necesita comenzar su carrera desde una estructura partidaria.

No necesita esperar décadas para construir reconocimiento.

Ya tiene una audiencia.

Ya tiene una comunidad.

Ya tiene una relación directa con la gente.

Cuando esa audiencia comienza a trasladarse al terreno político, el tablero cambia.

Por eso no me parece inteligente intentar resolver el fenómeno Alofoke descalificando a Santiago Matías.

Que no tiene preparación.

Que no tiene experiencia, bla bla bla!

Que no pertenece a la política tradicional.

Todo eso puede discutirse.

Y debe discutirse.

Porque gobernar un país exige preparación, equipos, conocimiento del Estado, visión económica, capacidad institucional y un proyecto de nación.

Pero hay una cosa que tampoco podemos hacer:

«subestimarlo».

Porque si empieza a marcar en las encuestas por encima de figuras que llevan años aspirando, eso no solamente habla de él.

Habla de quienes están quedándose detrás.

Y esa es la parte que debería preocupar realmente a la política dominicana.

Bukele y la advertencia

Aquí es donde el fenómeno de Nayib Bukele merece ser observado.

No porque Santiago Matías sea Bukele. No lo es.

Pero el caso Bukele dejó una enseñanza que los partidos tradicionales deberían estudiar:

un outsider puede convertir una relación directa con la ciudadanía en una fuerza política capaz de cambiar completamente el tablero.

Y cuando las estructuras tradicionales reaccionan, muchas veces el fenómeno ya está demasiado avanzado.

Por eso digo:

los fenómenos son difíciles de detener.

Y algunas veces sucede algo todavía más interesante:

mientras más se les ataca, más crecen.

Cuando una parte de la población siente que alguien está siendo atacado precisamente por desafiar al establishment, puede terminar identificándose todavía más con esa persona.

Prepárense

No estoy diciendo que Santiago Matías tenga todas las respuestas.

No estoy diciendo que vaya a ser presidente, no tengo una bola de cristal.

Tampoco estoy diciendo que una plataforma de comunicación sea suficiente para gobernar.

Estoy diciendo algo mucho más sencillo:

hay que entender lo que está ocurriendo en nuestro país.

Porque Alofoke puede ser solamente el primero.

Si las estructuras tradicionales no recuperan la confianza de la ciudadanía, si no enfrentan seriamente la corrupción, si no mejoran la calidad de los servicios públicos, si no generan oportunidades para la gente y si no son capaces de ofrecer respuestas reales, van a seguir apareciendo outsiders.

Aquí está mi advertencia:

Los outsiders llegaron, y no hay vuelta atrás!

Son la consecuencia de un ciudadano que está cansado.

Cansado de pagar.

Cansado de esperar.

Cansado de escuchar promesas.

Cansado de la corrupción.

Cansado de sentir que el Estado, que debería estar al servicio de todos, termina demasiadas veces convertido en un espacio de privilegios para unos pocos.

Y ese ciudadano está hablando.

Quizás todavía no lo estamos escuchando correctamente.

Quizás creemos que está hablando solo de Alofoke. No.

Pero yo creo que está diciendo algo mucho más profundo:

“Estoy cansado Quiero que alguien me escuche».

Alofoke no creó ese sentimiento.

Lo encontró.

Lo interpretó.

Lo amplificó.

Y ahora ese sentimiento tiene una expresión política que nadie debería subestimar.

Por eso, antes de atacar al outsider, habría que hacerse una pregunta:

¿Qué hicimos nosotros para que el outsider apareciera?
Porque mientras exista el vacío, alguien lo va a llenar.

Y si hoy ese alguien se llama Santiago Matías, mañana puede llamarse de cualquier otra manera.

Los fenómenos no se detienen atacándolos. Se detienen resolviendo las causas que los hicieron posibles.

Y entonces yo les pregunto a los partidos políticos dominicanos:

¿Qué van a hacer ustedes con estos fenómenos que ya surgieron en la República Dominicana?

Porque esto apenas comienza.

Y veo con preocupación que algunos empresarios de alto nivel ya están saliendo públicamente a cuestionarlo, a decir que no tiene preparación o que no reúne determinadas condiciones.

Creo que están cometiendo un grave error.

Porque cuando desde las alturas se intenta descalificar a un fenómeno que viene creciendo desde abajo, lo que se puede conseguir es exactamente lo contrario: darle más fuerza, más visibilidad y más razones a quienes ya sienten que ese fenómeno los representa.

A los partidos políticos les corresponde hacerse una pregunta más urgente:

¿Qué están haciendo ustedes para que la gente no tenga que buscar las respuestas fuera de ustedes?

Porque los outsiders no se combaten haciendo política de verdad, política con el corazón.

Escuchando al ciudadano.

Resolviendo.

Con transparencia.

Con instituciones fuertes.

Con menos privilegios.

Porque si no lo hacen, señores, no será Santiago Matías el problema.

El problema será que seguirán apareciendo muchos más.

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