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POR FRANCISCO ORTEGA
La verdadera importancia de una obra de transporte público no debe medirse únicamente por sus kilómetros de vía, estaciones o inversión. Su mayor valor está en cuánto logra transformar la vida cotidiana de la gente.
La activación del Metro hasta Los Alcarrizos comienza a ofrecer una muestra clara de esa transformación.
Actualmente, alrededor de 16 mil personas se movilizan diariamente a través del Teleférico**, una cifra que continúa creciendo y que adquiere mayor relevancia al analizarla como parte del sistema integrado que hoy conecta esta populosa zona con el Metro de Santo Domingo.
El aumento en el uso del Teleférico confirma algo fundamental: cuando los sistemas de transporte público se integran y acercan a las comunidades, el ciudadano responde utilizándolos.
El Metro hasta Los Alcarrizos ha cumplido así uno de sus principales cometidos: facilitar el desplazamiento de miles de personas mediante un transporte más organizado, eficiente y conectado.
Pero hay otro resultado que merece atención: **su incidencia sobre el tránsito vehicular.**
La incorporación de miles de ciudadanos al sistema Metro-Teleférico representa desplazamientos que anteriormente dependían del vehículo privado o de unidades tradicionales del transporte colectivo.
Esto contribuye a una mayor agilidad del tránsito desde Los Alcarrizos hacia la entrada de Santo Domingo, especialmente por el corredor de la autopista Duarte y la avenida John F. Kennedy
Y un tránsito más fluido no significa únicamente ahorro de tiempo. Significa también menos vehículos detenidos durante largos períodos, menor consumo innecesario de combustible y, consecuentemente, un ahorro para quienes diariamente utilizan este corredor.
Aquí encontramos un beneficio que muchas veces pasa inadvertido: **también quien no utiliza el Metro o el Teleférico puede beneficiarse de su funcionamiento.
Sus efectos, además, trascienden el transporte.
Una infraestructura de esta naturaleza modifica la dinámica de una zona. Facilita el acceso a los lugares de trabajo, centros educativos, comercios y servicios, mientras sectores antes considerados distantes comienzan a sentirse más próximos y accesibles.
Esa nueva accesibilidad también genera efectos económicos.
Los terrenos, viviendas y espacios comerciales ubicados alrededor de las nuevas infraestructuras adquieren otra perspectiva. Los Alcarrizos comienza a experimentar una nueva valoración urbana y una mayor plusvalía, acompañadas de oportunidades comerciales y de una percepción diferente sobre el potencial de la zona.
La respuesta de los comunitarios y el crecimiento sostenido de pasajeros son quizás los mejores indicadores de lo que está ocurriendo.
No estamos hablando solamente de transportar personas.
Estamos hablando de conectar comunidades, reducir presión sobre nuestras vías, ahorrar tiempo y combustible, generar oportunidades y agregar valor a una zona que durante décadas necesitó mejores alternativas de transporte.
Los 16 mil pasajeros diarios del Teleférico no son simplemente una estadística. Son miles de ciudadanos que encontraron una nueva manera de desplazarse y miles de potenciales viajes menos presionando nuestras calles y avenidas.
El reto será continuar fortaleciendo esa integración, mejorar permanentemente el servicio y acompañar de manera ordenada el desarrollo urbano que estas infraestructuras están generando.
El Metro y el Teleférico llegaron para mover personas. Hoy sus resultados demuestran algo mucho mayor: también están moviendo la economía, descongestionando nuestras vías y transformando el presente y el futuro de toda una comunidad.
jpm-am
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