¡Arriba nuestra bandera! Celebremos nuestra identidad, nuestra independencia.

Cada 27 de febrero, cuando el cielo dominicano se llena de azul, rojo y blanco, no solo celebramos una fecha histórica. Celebramos el nacimiento de una nación. Celebramos la decisión firme de un pueblo que eligió ser libre.

Ver ondear nuestra bandera, es una reafirmación de nuestra identidad. Nuestra bandera ondeó por primera vez como emblema de independencia en 1844. Fue concebida bajo la visión patriótica de Juan Pablo Duarte y confeccionada por manos valientes de mujeres dominicanas como Concepción Bona, María Trinidad Sánchez, Isabel Sosa y María de Jesús Pina. En cada puntada se tejía no solo una tela, sino un proyecto de nación.

El azul nos recuerda la protección divina y los ideales elevados. El rojo honra la sangre derramada por la libertad. El blanco simboliza la paz y la unidad entre los dominicanos.

Pero más allá de los colores, la bandera representa responsabilidad.

Hoy, más que nunca, el significado de nuestra bandera exige coherencia entre discurso y acción. No basta con izarla; debemos honrarla con instituciones fuertes, transparencia, respeto a la ley y compromiso ciudadano. La soberanía no solo se defiende en batallas históricas, sino en decisiones cotidianas: pagar impuestos con conciencia, exigir rendición de cuentas, participar en la vida democrática y apostar por el desarrollo sostenible.

La bandera es unidad en medio de las diferencias. Es identidad en tiempos de globalización. Es orgullo en cada dominicano dentro y fuera del país.

Cuando ondea en el Monumento de Santiago o frente al Altar de la Patria, nos recuerda que somos herederos de un sacrificio que no admite indiferencia.

Ser dominicano no es solo un accidente geográfico. Es una responsabilidad histórica.

Hoy día de nuestra Independencia, vivamos un momento de reflexión profunda: ¿estamos siendo dignos del legado que heredamos?

Porque la bandera no solo representa lo que fuimos, representa lo que somos, nuestra identidad.