Bajo la Antártida se esconde la mayor anomalía gravitacional de la Tierra y al fin comenzamos a entenderla

Un nuevo estudio científico logró algo poco común en el campo de la geofísica: reconstruir la evolución de la mayor anomalía gravitacional del planeta durante los últimos 70 millones de años. La investigación revela que esta anomalía, ubicada bajo la Antártida, no siempre ocupó su posición actual, que cambió de intensidad con el tiempo y que su evolución coincide con transformaciones ambientales importantes en la región.

Anomalías gravitacionales y dónde encontrarlas

La forma de la Tierra no es una esfera, sino un geoide, una figura irregular con depresiones y montañas. Si el planeta fuera perfectamente uniforme, la gravedad sería igual en toda su superficie. En cambio, ocurre que hay puntos donde el tirón cambia ligeramente según la cantidad y densidad de las rocas que hay bajo la superficie. Esos lugares donde la gravedad es ligeramente mayor o menor que la gravedad “ideal» se conocen como anomalías gravitacionales.

Geoide la forma de la Tierra.

La Tierra no es una esfera perfecta, sino un geoide. Dependiendo de la masa bajo la superficie, hay menos o más gravedad. Esas son las “anomalías gravitacionales”.

ESA

Estas anomalías no son raras ni muestran que la gravedad “esté fallando”. Son parte natural de un planeta dinámico. Una de ellas destaca por su magnitud: la anomalía gravitacional de la Antártida, la más “intensa” del mundo. Bajo el mar de Ross, el material del manto de la Tierra es menos denso, lo que reduce la gravedad respecto a otras regiones. La diferencia es imperceptible para una persona, pero a escala planetaria tiene efectos importantes, como un nivel del mar ligeramente más bajo que el promedio.

Los científicos conocen esta anomalía desde hace décadas y, gracias a satélites como GRACE (Gravity Recovery and Climate Experiment), han podido mapearla con gran detalle. Sin embargo, su origen y su evolución carecían de una explicación completa.

Una cueva de hielo.

Marte podría albergar a los primeros humanos en los 2030 usando recursos locales. Una propuesta clave: domos de hielo marciano tipo iglú, que protegerían de la radiación, dejarían pasar la luz y elevarían la temperatura.

La anomalía se movió y pudo influir en los cambios de la Antártida

El nuevo estudio publicado en Scientific Reports aborda justamente ese vacío. El equipo utilizó una técnica que permite “rebobinar” la dinámica del manto terrestre al combinar datos sísmicos, modelos físicos y simulaciones computacionales. Esta metodología, conocida como back‑and‑forth nudging, parte de la estructura interna actual y calcula cómo debió transformarse a lo largo de millones de años. Con este enfoque, los investigadores reconstruyeron la historia de la anomalía antártica desde el final de la era de los dinosaurios hasta hoy.

Los resultados muestran que, hace 70 millones de años, el punto de gravedad más bajo del planeta no estaba en la Antártida, sino en el Atlántico Sur. Entre 50 y 30 millones de años atrás, esa anomalía se desplazó hacia el mar de Ross, en la Antártida, y comenzó a intensificarse. Desde hace unos 35 millones de años, su magnitud ha aumentado alrededor de un 30%, impulsada por el ascenso de un gran volumen de material caliente y menos denso desde el manto profundo.

Este proceso coincide con cambios climáticos importantes en la Antártida, incluido el inicio de la glaciación. La coincidencia temporal sugiere que la evolución de la gravedad pudo influir en el nivel del mar y en la acumulación de hielo, piensan los autores, aunque la relación causal aún no está demostrada.

«Si podemos entender mejor cómo el interior de la Tierra da forma a la gravedad y el nivel del mar, obtenemos información sobre los factores que pueden importar para el crecimiento y la estabilidad de grandes capas de hielo», dijo Alessandro Forte, profesor de Geofísica en la Universidad de Florida y coautor del nuevo estudio, en un comunicado.

En investigaciones posteriores, los autores pretenderán probar una conexión causal entre el crecimiento y desplazamiento de la anomalía gravitacional y las capas de hielo de la región, utilizando nuevos modelos que vinculen la gravedad, el nivel del mar y los cambios de elevación continental.