Cuando la vulgaridad desplaza lo elegante: una reflexión urgente sobre el futuro de Las Terrenas

Por César E.  Rodríguez 

“Cuando se deja entrar a la vulgaridad, huye lo refinado y lo elegante”. Esta frase, más que una simple reflexión, se convierte hoy en una advertencia necesaria para comunidades que, como Las Terrenas, han experimentado un crecimiento acelerado impulsado por el turismo y la inversión.

A inicios de los años noventa, viajar por la costa norte de la República Dominicana era recorrer pueblos tranquilos, de economías incipientes y ritmos pausados. En aquel entonces, recuerdo acompañar a mi padre al aeropuerto más cercano que para muchas comunidades del nordeste era el de Puerto Plata. El trayecto hacia allí no solo implicaba distancia, sino también una oportunidad para observar la diversidad y el potencial de cada localidad.

En ese recorrido, recuerdo el momento exacto cuando nos toco atravesar Cabarete, el contraste era evidente. Mientras otros pueblos permanecían en calma, este destino vibraba con una energía distinta: luces, música, multitudes y una vida nocturna en pleno auge. Era, según se describía entonces, el epicentro del turismo emergente, el símbolo del desarrollo económico basado en la hospitalidad, la inversión extranjera y el entretenimiento nocturno, 

Recuerdo haber preguntado, casi con asombro, qué lugar era aquel. La respuesta de mi padre no solo identificaba el destino, sino que proyectaba una visión: “Es Cabarete, hijo mío. Algún día nuestro pueblo, Las Terrenas será así, con muchas inversiones y turistas.” Aquella frase, que en su momento sonó como una aspiración, hoy invita a una reflexión más profunda.

Décadas después, el panorama ha cambiado significativamente. La infraestructura ha acercado destinos que antes parecían remotos. Hoy, desde Las Terrenas es posible llegar al Aeropuerto Internacional de Las Américas en menos de dos horas y a la capital en 2.5 horas. Este avance ha traído consigo inversión, dinamismo económico y visibilidad internacional. Sin embargo, también ha abierto las puertas a desafíos sociales y culturales que no deben ser ignorados.

En los últimos años y con mayor evidencia duranteperiodos como la Semana Santa se ha observado un fenómeno creciente: la llegada masiva de visitantes urbanos atraídos por convocatorias informales en redes sociales, muchas veces vinculadas a figuras del entretenimiento de dicho genero . Este tipo de turismo, caracterizado por grandes concentraciones, consumo desmedido y desorden en espacios públicos, dista considerablemente del modelo que durante décadas definió la identidad de Las Terrenas.

No se trata de rechazar el turismo ni de limitar el desarrollo. Se trata de cuestionar qué tipo de desarrollo se desea y cuáles son los valores que deben preservarse. La experiencia de destinos como Cabarete que en su momento fue invadido por grupos seculares ofrece lecciones importantes sobre cómo el crecimiento sin regulación puede derivar en la pérdida de identidad, deterioro del entorno y desplazamiento de lo que una vez fue atractivo.

Las Terrenas ha sido, por más de 30 años, un ejemplo de equilibrio entre belleza natural, diversidad cultural y un estilo de vida marcado por la tranquilidad y el buen gusto. Permitir que dinámicas asociadas al desorden, la chabacanería y la vulgaridad se conviertan en la norma podría comprometer ese legado.

En ese sentido, algunas medidas recientes de las autoridades locales como la regulación del ingreso de vehículos recreativos de empresas externas apuntan en la dirección correcta, al proteger la economía local y establecer cierto orden. 

No obstante , el reto es mayor. Se requiere una visión integral que incluya controles más estrictos sobre el alquiler de propiedades en fechas críticas, regulación de eventos masivos y, sobre todo, una estrategia clara de posicionamiento del destino.

En ese sentido, es necesario plantear medidas concretas de control. Entre ellas, la depuración de perfiles al momento de rentar villas o alojamientos, priorizando huéspedes que cumplan con normas básicas de convivencia y respeto. Asimismo, se podría considerar la restricción o control en la venta y consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos, así como la prohibición de fiestas masivas y todo tipo  de eventos que alteren la tranquilidad del destino.

Estas decisiones, aunque puedan representar un sacrificio económico en el corto plazo, deben entenderse como una inversión estratégica a largo plazo. Un destino que establece límites claros envía un mensaje igualmente claro: no todo tipo de turismo es bienvenido, sino aquel que aporta valor, respeta el entorno y contribuye al desarrollo equilibrado de la comunidad.

Es probable que este tipo de medidas desvíe a ciertos visitantes hacia otros destinos más permisivos. Sin embargo, también permitirá atraer un perfil de turista más consciente, con mayor capacidad de gasto y mejor integración con la dinámica local. A largo plazo, esto se traduce en mayor estabilidad, mejor reputación y beneficios sostenibles para los comerciantes y residentes.

El futuro de Las Terrenas no debe quedar a merced de tendencias pasajeras, ni mucho menos supeditado a grupos que desconocen el verdadero significado de la Semana Santa para nuestra comunidad. Cuando el comportamiento se orienta hacia el hedonismo, el exhibicionismo y una superficial exaltación de lo material, lejos de impulsar un desarrollo auténtico, se termina desvirtuando la esencia del destino y alejándolo de un crecimiento sostenible y respetuoso con su identidad.

El verdadero reto no es llenar el destino a cualquier costo, sino definir qué tipo de destino queremos ser y actuar en consecuencia. Porque preservar lo refinado, lo auténtico y lo elegante no es un acto de exclusión, sino de responsabilidad colectiva. Es una apuesta por un desarrollo sostenible que beneficie tanto a residentes como a visitantes.

Porque, al final, cuando la vulgaridad se instala sin límites, lo valioso no desaparece de inmediato pero comienza, inevitablemente, a desvanecerse.