El pasado 26 de enero, el Instituto Duartiano, que dignamente dirige el doctor Wilson Gómez, inauguró la primera estatua a caballo del patricio Juan Pablo Duarte, fundador y padre de la Patria, con ocasión del 213 aniversario de su nacimiento.
La obra fue forjada por el escultor Yussep García Vásquez, un joven que se ha abierto paso en el mundo de las artes plásticas a base de sacrificio y arduo trabajo. Siendo mi sobrino, me siento orgulloso del talento que lo ha llevado por los luminosos senderos del éxito.

Sobre la faceta militar de Duarte también se expresó el coronel Sócrates Suazo, director de Historia del Ministerio de Defensa, quien resaltó la formación del fundador de la República como militar de carrera, conocimientos que puso a disposición de la Patria en los momentos cumbre del movimiento libertario.
Es bueno aclararle a las nuevas generaciones, que más allá de un Duarte intelectual, políglota -hablaba francés e inglés-, idealista y soñador, había un militar de carrera, con grandes habilidades en el manejo de la espada y las armas de fuego. Duarte también tenía conocimientos de navegación.
Duarte era, ciertamente, como lo explica el doctor Wilson Gómez, un militar de carrera, que llegó hasta general en jefe de los ejércitos nacionales, y nunca se autoproclamó, como se hizo luego costumbre en nuestras guerras civiles.
Ingresó muy joven a la Guardia Nacional, como furrier, y en el año 1842, ya había sido ascendido a capitán, sirviendo en la compañía del Batallón de los Nacionales. Era la dominación haitiana y es seguro que Duarte estaba adquiriendo conocimientos y prestigio militar para luego ponerlo al servicio de la causa libertadora que había comenzado a fraguar en secreto.
Rosa Duarte, en los testimonios que dejó escrito sobre la vida y obra de su hermano, recogidos en el libro Apuntes de Rosa Duarte, editado por don Emilio Rodríguez Demorizi, explica que al ser fundada la sociedad secreta La Trinitaria, nombre producto del lema Dios, Patria y Libertad, los revolucionarios proclamaron al libertador como primer general en jefe de los ejércitos nacionales y director de la revolución.
En marzo de 1843, estalló en el sur de Haití el movimiento revolucionario de la Reforma, contra la dictadura de Jean Pierre Boyer, y los patriotas dominicanos apoyaron esa revuelta.
El pronunciamiento de Santo Domingo a favor de la Reforma fue dirigido militarmente por Duarte, quien luego se dirigió a San Cristóbal e hizo pronunciar aquella plaza, haciendo salir a los oficiales de Boyer. En abril, Duarte fue designado Comisionado de la Junta Popular de la Reforma para los pueblos del Este, posición que aprovechó para seguir sembrando la semilla del ideal independentista. Tenía el grado de coronel, pero también se inscribió como agrimensor para recorrer otros pueblos del país, según explica Rosa Duarte.
Descubierto el movimiento independentista, comenzó la persecución. Duarte vivió momentos difíciles, pero al final pudo escabullirse y marchar al exilio.
Al momento de proclamarse la Independencia Nacional, el 27 de febrero de 1844, Duarte estaba en Venezuela, donde se preparaba para una expedición militar, pues no descansaba en su afán por la libertad de su patria.
La Junta Central Gubernativa, lo mandó a buscar, en el buque Eleonora. La noche del 14 de marzo de 1844, llega al puerto de Santo Domingo, y al día siguiente una comisión de la Junta, acompañada del arzobispo Tomas Portes e Infante, va a recibirlo. El obispo al verlo grita: ¡Salve Padre de la Patria!
Inmediatamente se pone a disposición del gobierno y fue designado miembro de la Junta, ascendido a General de Brigada y nombrado comandante del Departamento de Santo Domingo. El 21 fue despachado al sur para reforzar las tropas expedicionarias del general Pedro Santana, que habían triunfado en la batalla del día 19 contra las fuerzas haitianas, en Azua.
Duarte llega a Baní, donde había acampado el general Santana, luego de abandonar Azua, que fue ocupada por los haitianos. Comienzan los celos de Santana, quien rechaza todas las estrategias del prócer para atacar a las tropas haitianas y liberar aquel pueblo oprimido.
Desde allí, escribe a la Junta quejándose de la negativa de Santana de trazar un plan de campaña para atacar al enemigo, pero la respuesta que recibe es que se retire sólo con su Estado Mayor, bajo el pretexto de que su presencia era necesaria en Santo Domingo.
Tal y como lo expresa Guido Despradel Batista, en un folleto titulado Duarte: Bosquejo Histórico (conferencia que dio en el Teatro Apolo, de Puerto Plata, el 14 de febrero de 1937), Duarte trató de marchar con una expedición hacia el Cibao, pero fue bloqueado por los miembros de la misma Junta. En lo adelante comenzaría un verdadero calvario para el Padre de la Patria, víctima de conspiraciones e intrigas.
xxx
Compártelo en tus redes:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.