El primer cónsul de RD en Nueva York

EL AUTOR es periodista y especialista en Política Exterior. Reside en Santo Domingo.

Un mes después de proclamada la Constitución de la República, el 6 de noviembre de 1844, que creó las bases jurídicas del Estado dominicano, el presidente Pedro Santana designó como enviado plenipotenciario ante el gobierno de los Estados Unidos, al doctor José María Caminero, para lograr el reconocimiento de la República.

El cinco de diciembre de 1844, el general Santana se dirige al presidente de los Estados Unidos, John Tyler, para notificarle la separación de la parte española de Santo Domingo y para presentarle al doctor Caminero en su misión especial.

Caminero llevaba como secretario al capitán José Billini. Recibieron también la misión de parte del secretario de Justicia, Instrucción Pública y Relaciones Exteriores, Tomás Bobadilla, de la compra y adquisición de armas, así como la acuñación de $50,000 pesos en cobre.

Los comisionados llegaron a Estados Unidos en los primeros días de enero de 1845 y fueron recibidos en Washington por el secretario de Estado John Calhoun. La misión logró que Estados Unidos enviara Santo Domingo al comisionado John Hogan, para que rindiese un informe sobre la situación de la nueva República.

Pese a que Hogan rindió un informe favorable, esa misión no tuvo éxitos, primero porque en los primeros meses de 1845 en Washington se preparaba la sucesión presidencial para entregar el poder a James K. Polk, que había ganado las elecciones del mes de noviembre, y quien se juramentaría el 4 de marzo, y segundo porque Estados Unidos estaba bastante ocupado con los problemas fronterizos con México.

Kolff

Esa fue la primera misión dominicana en Washington, con un carácter especial, pero la primera misión residente que registra la historia la dirigió el señor Cornelius G. Kolff, quien fue designado como cónsul en Nueva York el 24 de agosto de 1859.

En 1849, el gobierno dominicano había designado a un señor llamado John Gaillard como cónsul en Nueva York, pero nunca llegó a ejercer, pues al parecer Estados Unidos no lo aceptó.

Kolff era un próspero comerciante de aquella urbe, que al parecer tenía negocios con dominicanos, por lo cual se le designó en el cargo. En la antigüedad se solía designar como cónsules a personalidades de prestancia del mismo país receptor.

Siguiendo su rastro, he encontrado que tuvo un hijo, que llevó su mismo nombre, inscrito en los registros como Cornelius G. Kolff Jr., quien nació en 1860, en Nuevo York. Kolff Jr., casó con la señora Emilie P. Koff, nacida en Hamburgo, Alemania, con quien procreó un hijo que llevó el mismo nombre del padre y del abuelo, nacido en 1885.

Kolff II murió el 27 de febrero de 1950, en Staten Island, y está enterrado en el Moravian Cementery, de la misma ciudad. (Ver mi obra Misiones Diplomáticas Dominicanas en EEUU durante la primera República).

La familia era dueña del barco de pasajeros que desapareció misteriosamente en 1963, con 400 pasajeros a bordo, cuando se dirigían al centro de Nueva York a trabajar. Hay un monumento en Staten Island para recordar la tragedia.

La gestión de Kolff se pierde en la bruma de los archivos, pero a finales de 1860 estaba todavía en funciones, y por eso pretendo que su función terminó el mismo 18 de marzo de 1861 cuando fue proclamada la Anexión a España y ese día el ministro de Relaciones Exteriores, Pedro Ricart y Torres, pasaba la circular número 597 a los cónsules dominicanos en Saint-Thomas, Jamaica, Curazao, Génova, Hamburgo, Cuba, Havre, Valencia, Londres y París, informándole de “la reincorporación a España” y notificándoles el cese de sus funciones.

 ceyba@hotmail.com

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