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Así como le pasa a los individuos los Estados están sujetos a acontecimientos externos que no dependen de sus acciones ni de sus gestiones pero que golpean su estado de bienestar desencadenando crisis y descontentos. Para ello existe la capacidad del hombre y del Estado de resolver y enfrentar esos acontecimientos de la mejor manera.
Esa capacidad de crear nuevos mecanismos para prever y defenderse de los acontecimientos externos es lo que ha hecho del hombre un creador y destructor de mundos; Un estratega, un explorador, un científico, un guerrero, un espía. Claro, esos miedos a veces han creado monstruos ávidos y agresivos pero eso es otra historia.
Los grandes hombres de la historia son los que han sabido utilizar su inteligencia para construir y fortalecer naciones. Uno de esos casos fue el del rey egipciano Muhammad Alì Pascia (1769-1849), militar y político albánese, quien fundó el Egipto moderno independizando en cierta forma del imperio otomano, del cual había sido un brillante soldado. Nominado posteriormente por el imperio vice rey de Egipto, pronto demostró sus dotes como político y administrador, logrando una rápida y fundamental transformación del Estado Egipciano.
Antes que nada tomó en sus manos la gestión de la economía con una reforma agraria que establecía un monopolio estatal en la venta de los productos de consumo, garantizando a la población buenos precios. Introduce la cultivación de algodón de óptima calidad para exportar a Europa. De la nada viene creada una estructura industrial con la apertura de una importante constructora naval en Alejandría y diversas fábricas de armas.
Asimismo, en 1834 se abrieron escuelas técnicas que tomaron como modelo las escuelas francesas, con el objetivo de crear una burocracia profesional. En dicha época Europa era considerada como el continente con más avances en el ámbito de la administración y la tecnología, y muchos futuros administradores fueron enviados a estudiar allí, especialmente en Francia.
Fue él quien vio las posibilidades de enriquecimiento del Estado con el proyecto de la construcción del Canal de Suez. Dicho proyecto fue presentado por el francés Fernando Lesseps, entonces vicecónsul del Estado Francés en Alejandría, quien además de diplomático era un hombre de negocios visionario.
Con la aceptación del proyecto de parte del rey de Egipto, el francés constituyó la Compañía Universal del Canal Marítimo de Suez, cuyo capital provenía de inversionistas privados franceses y el resto del gobierno egipciano.
Con el Canal del Suez se eliminaría la necesidad de navegar en torno a África para llegar a Europa desde Asia y viceversa, lo que constituía una reducción drástica de tiempos y costos de transporte, impulsando la logística internacional y el comercio, con un gran impacto en la economía del mundo. Este proyecto habría abierto a Egipto perspectivas de prosperidad gracias a los peajes del canal y a los capitales extranjeros que llegaron al país.
Un error que cometió Muhammad Alì Pascia fue el de crear una dinastía, y como hemos visto en la historia a veces los sucesores no están a la altura de sus predecesores (sucede en las democracias también). El nieto de Muhammad Alì, Ismael Pasha, no tuvo la capacidad de gobernar que tuvo su abuelo. Invirtió mucho en estructuras no indispensables habiendo ya asumido una gran deuda con el proyecto del canal de Suez, endeudó Egipto pesantemente .
En 1874 el Egipto estaba en bancarrota y esto agitó a los gobiernos de los grandes Estados europeos, cuyas bancas habían hecho grandes inversiones en el país. Esa oportunidad fue tomada al vuelo por el primer ministro inglés Benjamín Disraelí, que vislumbra en ello la posibilidad de conseguir una hegemonía en el mediterráneo y derrotar la competencia francesa, que en esa época había hecho de Argelia (1830) una colonia. Convenció al Parlamento explicando los beneficios de la inversión y el riesgo de un cierre del canal a los barcos ingleses de parte de los franceses en caso de conflicto.
Así fue que en 1875 el primer ministro, en representación del Estado Inglés, compró al rey Ismael de Egipto las cuotas accionarias de la compañía por cuatro millones de esterlinas. Ese fue el primer paso que colocó a Egipto en la órbita imperial de Gran Bretaña.
Dada la situación crítica de la economía egipciana se creó una comisión internacional de control de la misma, compuesta por representantes de Francia, Gran Bretaña e Italia y después, en el 1878 la imposición a Ismael de un gobierno internacional en el cual el Ministerio de las Finanzas debía ser guiado por un británico y el de trabajos públicos por un francés. Según Luigi Bruti Liberati en su obra “Historia del Imperio Britanico 1785-1999”, en práctica los bancos y los inversionistas europeos eran los padrones del Egipto a través de la Casse de la dette publique, la banca que controlaba la deuda pública.
Ante la crisis, Ismael ya no era el rey soberano en Egipto, fue obligado a reducir el gasto público y eso creó un descontento popular que lo llevó a disolver la comisión internacional, pero las potencias apelaron al imperio otomano y terminó siendo sustituido por un gobernante que fue una marioneta en mano de las potencias extranjeras.
Esto es una lección de como la incapacidad de los líderes nos puede llevar al desastre y de la importancia de capacidades administrativas y estratégicas en el manejo del poder. Como he afirmado en otros artículos la historia nos da muchas lecciones que hay que saber leer en su contexto para entenderlas pero también en el ámbito etiológico para evaluar cuales son los elementos que todavía pueden desencadenar desastres.
Se debe saber con qué se cuenta y cuáles son las inversiones que deben hacerse en determinados momentos. La economía debe ser manejada por expertos, a veces con proyectos a largo plazo, no importando tanto quien esté en el gobierno. No debemos echarle la culpa siempre a factores externos, nuestra fragilidad al no tener estrategias de defensa y crecimiento interno es nuestra responsabilidad.
Por ello es tan importante que los partidos políticos se preocupen por preparar a sus políticos en ciernes sobre historia, económica y administración pública y a saber utilizar las informaciones y a los especialistas. Y sobre todo entender el mundo tal y como es en la práctica, tarea muy difícil en un mundo tan complejo como en el que estamos viviendo.
jpm-am
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