Frente al bloqueo energético, ¿qué estaría Cuba dispuesta a negociar con Estados Unidos?

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció este viernes en un mensaje a la Nación que funcionarios de la isla han mantenido conversaciones recientes con representantes del gobierno de Estados Unidos, confirmando semanas de especulaciones sobre contactos discretos entre ambos países.

Si bien no se trata de las primeras negociaciones con Estados Unidos (recordando al acercamiento de Cuba con la Administración Obama en 2014), el anuncio llega en un momento complejo para el país insular, que atraviesa una severa crisis energética agravada por las sanciones y el bloqueo estadounidense y por la escasez de combustible que afecta al conjunto de la población.

Mientras Washington aumentó la presión sobre La Habana en los últimos meses, cortando las vías de suministro de crudo desde Venezuela y amenazando con aranceles a otros países a razón del envío de este insumo, los contactos se presentaron oficialmente como un intento de explorar soluciones mediante el diálogo a las diferencias bilaterales y de identificar posibles áreas de cooperación.

No obstante, queda en interrogante si unas eventuales reformas económicas serían suficientes para Washington, dada la narrativa constante de Donald Trump en las últimas semanas, amenazando a Cuba desde distintos ángulos y llamándola “nación fallida”. 

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Cuba, una isla con 9,6 millones de habitantes, ha estado sometida a un embargo económico por parte de Estados Unidos desde 1962.
Cuba, una isla con 9,6 millones de habitantes, ha estado sometida a un embargo económico por parte de Estados Unidos desde 1962. © Adalberto Roque / AFP

Una negociación «inevitable»

La confirmación de los contactos se produce en medio de una situación energética crítica. Al perder un aliado clave en Venezuela, con la captura del expresidente Nicolás Maduro por Estados Unidos en enero, la nación caribeña no ha recibido cargamentos de petróleo, lo que ha reducido la capacidad de generación eléctrica y provocado apagones que afectan a gran parte de la isla.

Para Yoani Sánchez, filóloga y periodista del diario digital cubano ‘14ymedio’, el tono del anuncio refleja el peso de la crisis. Según explica, la intervención pública de Díaz-Canel que confirmó las conversaciones mostró a un liderazgo “golpeado por el contexto de crisis energética profunda y por las protestas populares”. Pero la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del histórico líder de la revolución cubana, da una señal sobre cómo los Castro mantienen su influencia en las decisiones estratégicas.

“Entre las ausencias del discurso de Díaz-Canel están el silencio a los llamados a apretarse el cinturón, el silencio al sacrificio que ha sido parte de la retórica oficial cubana», señaló. 

“Sin embargo entre las presencias más llamativas de esta comparecencia pública está ahí, sentado en la sala como parte de la selecta audiencia nada menos que Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, como se señala en los medios internacionales como el posible interlocutor de Washington… Esto para demostrar quién tiene los timones de este país.”

El economista Ricardo Torres, investigador invitado de la American University en Washington, considera que la situación interna explica en gran medida el acercamiento. “Era inevitable que Cuba llegara a la negociación porque no tiene otra manera de arreglar la situación en el país”, afirma.

Según Torres, la isla llega a este proceso “fuertemente debilitada” y con un margen reducido de apoyo por parte de aliados externos en el contexto de las intervenciones estadounidenses en contra de Venezuela y de Irán, y las limitaciones de la ayuda mexicana.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se dirige a miembros del Gobierno en La Habana, Cuba, el 13 de marzo de 2026.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se dirige a miembros del Gobierno en La Habana, Cuba, el 13 de marzo de 2026. © via REUTERS – Cuba Presidency

No obstante, la aceptación por parte de la Administración Trump de negociar con el gobierno cubano no está desconectada de la nueva estrategia de Seguridad Nacional, comúnmente calificada de «Doctrina Donroe», inspirada en la estrategia de política exterior estadounidense del siglo XIX (Doctrina Monroe) que exigía una preeminencia de la influencia de Washington en el hemisferio occidental, pero ahora actualizada con un intervencionismo que no busca crear un caos político interno.

Ricardo Torres precisa que “lo que está planteado Estados Unidos está muy alineado con su estrategía de seguridad nacional, es decir, garantizar que no haya inestabilidad política interna en Cuba al cambiar de poder, que después puede ser un problema, y no poner dinero del gobierno, del pagador de impuestos, en la reconstrucción de la isla.” 

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Peatones caminan cerca de una pila de basura acumulada en las calles de La Habana por los problemas de combustible que demoran la recolección. 15 de febrero de 2026.
Peatones caminan cerca de una pila de basura acumulada en las calles de La Habana por los problemas de combustible que demoran la recolección. 15 de febrero de 2026. REUTERS – Norlys Perez

¿Hacia concesiones políticas?

Aunque el reconocimiento oficial de los contactos supone un giro respecto a la postura mantenida por La Habana respecto a las relaciones bajo los dos mandatos de Donald Trump, los analistas coinciden en que las negociaciones parten de objetivos muy distintos entre ambas partes.

Para Sergio Ángel, profesor y director del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, la confirmación pública muestra que el gobierno cubano está explorando “algún tipo de transformación dentro de la isla”. Advierte que el proceso estará condicionado por la presión política estadounidense y por el peso del lobby cubano-estadounidense en Washington.

Marco Rubio, advierte Ángel, tiene ascendencia cubana, de manera que no se va a esperar un cambio sencillo y no va a tener presiones menores frente a cualquier tipo de negociación vaya a tener lugar, no solo con la familia Castro sino también, y sobre todo, con el gobierno actual en el poder.

Aunque Washington buscaría cambios sustantivos en Cuba a través de las negociaciones y, en una primera fase, pudiera “conformarse” con reformas económicas iniciales, el interés de La Habana, en cambio, sería aliviar las sanciones que pesan sobre su economía y realizar el menor número posible de concesiones a nivel político.

“En el área económica Cuba es mucho más flexible… pero por otro lado lo difícil van a ser las concesiones que la isla esté dispuesta a hacer en el área política. Creo que algunas cosas serían aceptables para el gobierno cubano, como liberar a los presos, por ejemplo. Pero otros cambios, como los que esperan Miami o parte de los cubano-estadounidenses, Cuba no aceptaría en primera instancia, refiere el analista Torres.

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De otro lado, Daniel Cubilledo Gorostiaga, profesor de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y especialista en Cuba, considera que el margen de maniobra del gobierno cubano estará marcado por la profundidad de la crisis económica que atraviesa la isla.

“Hay que ver el gobierno cubano hasta qué punto la profundidad de la crisis actual les obliga a aceptar cuestiones que podrían ser polémicas. Como modificar cierta legislación interna para beneficiar específicamente a empresas estadounidenses…”, explica.

Cubilledo coincide que este tipo de medidas podrían interpretarse como concesiones limitadas destinadas a atraer inversión o aliviar la presión económica, sin que necesariamente impliquen cambios políticos estructurales en el sistema. Al mismo tiempo, advierte que Washington podría intentar presentar cualquier avance en las conversaciones como una victoria política.

“Quizá Estados Unidos quiera llegar a unos acuerdos que Donald Trump pueda vender, como ya lo ha hecho, diciendo: ‘Ya tenemos el control de Cuba’, aunque en la práctica no sea cierto”, afirma el analista, quien traza un paralelismo con la política estadounidense hacia Venezuela. En ese escenario, las negociaciones podrían desarrollarse mientras se mantiene la presión a través de las sanciones económicas, que en mi punto de vista no van a ceder”.

Un hombre circula en bicicleta mientras el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, afirmó que el país ha iniciado conversaciones con el Gobierno de Estados Unidos en medio de un bloqueo petrolero impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, que está empujando a la nación gobernada por el Partido Comunista a una crisis económica más profunda, en La Habana, Cuba, el 13 de marzo de 2026.
Un hombre circula en bicicleta mientras el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, afirmó que el país ha iniciado conversaciones con el Gobierno de Estados Unidos en medio de un bloqueo petrolero impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, que está empujando a la nación gobernada por el Partido Comunista a una crisis económica más profunda, en La Habana, Cuba, el 13 de marzo de 2026. © REUTERS – Norlys Perez

El especialista también cuestiona las lecturas que anticipan un colapso inminente del sistema cubano. “En muchos lugares se habla de colapso, que la situación actual de asfixia llevará al colapso. Pero cabe preguntarse qué significa el colapso: ¿la caída del gobierno cubano y del sistema socialista? ¿O la profundización de la crisis económica y humanitaria que ya existe en Cuba?”, plantea.

En ese contexto, el futuro de cualquier negociación entre Washington y La Habana dependerá tanto de la evolución de la crisis interna en la isla como de la capacidad de ambos gobiernos para traducir eventuales acuerdos en beneficios políticos.

Mientras Estados Unidos buscaría cambios que pueda presentar como avances estratégicos, Cuba intentaría aliviar la presión económica realizando el menor número posible de concesiones de fondo.