Guerra en Medio Oriente: por qué Donald Trump y Benjamin Netanyahu divergen sobre Irán

Aunque Donald Trump y Benjamin Netanyahu son aliados en su guerra contra Irán, sus objetivos no necesariamente están alineados.

Donald Trump no está contento. Pero esta vez su enojo no está dirigido contra Irán, la OTAN ni un país europeo. El presidente estadounidense apunta contra Israel, su gran aliado en la guerra en Medio Oriente. El jueves 19 de marzo dejó claro que no le agradó el ataque israelí del día anterior contra los campos de gas iraníes, que provocó represalias de Irán contra infraestructuras energéticas en Qatar.

Incluso, en un primer momento, el mandatario estadounidense aseguró no haber sido informado previamente de ese ataque.

“Es un mito. Todas las declaraciones, tanto de responsables israelíes como de militares, indican que Israel actuó con el acuerdo de Donald Trump. Solo tomó distancia de la operación después de la reacción de los países del Golfo, horrorizados por las represalias iraníes, que acudieron a quejarse ante el presidente estadounidense”, explica Ahron Bregman, politólogo y especialista en conflictos de Medio Oriente en el King’s College de Londres.

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Benjamin Netanyahu niega haber
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Una cooperación militar total

A partir de ahora, la posición oficial de Estados Unidos es afirmar que Washington estaba en contra de ese ataque y que no desea que se repita.

Este episodio dejó al descubierto las diferencias entre Estados Unidos e Israel en su manera de hacer la guerra en Medio Oriente, a pesar de una cooperación militar que parece muy afinada.

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“Al inicio, ambos aliados parecían comprometerse en esta guerra con un objetivo general similar: reducir lo que perciben como la creciente amenaza de la República Islámica de Irán”, explica Shahin Modarres, especialista en Irán del Equipo Internacional para el Estudio de la Seguridad (ITSS) de Verona.

En lo militar, la colaboración entre ambos países “se coordinó extremadamente bien desde el primer día de combates, con una división de tareas muy precisa”, afirma Amnon Aran, experto en los conflictos entre Israel y el mundo árabe en la Universidad de la ciudad de Londres.

“Es un nivel de cooperación entre aliados bastante inédito. Estados Unidos e Israel eligen juntos sus objetivos, bombardean de manera conjunta y continúan coordinándose en tiempo real en el cielo sobre Irán. Por ejemplo, son los aviones estadounidenses los que reabastecen en vuelo a los bombarderos israelíes cuando es necesario”, precisa Ahron Bregman.

Resulta difícil imaginar que, en esas condiciones, Israel haya actuado en contra de la voluntad estadounidense al atacar infraestructuras energéticas vitales en Irán. Sin embargo, “hay una diferencia entre la cooperación militar y estar alineados políticamente”, subraya Clive Jones, director del Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Medio de la Universidad de Durham.

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“La ingenuidad de Donald Trump”

Para este experto, “del lado estadounidense hay cierta ingenuidad en Donald Trump respecto a la presión militar que los actores de este conflicto pueden ejercer para alcanzar sus objetivos”.

Así, Trump pareció realmente sorprendido de que Irán se atreviera a atacar en múltiples frentes en la región y a cerrar el estrecho de Ormuz tras el inicio de las hostilidades. Y eso, “a pesar de que sus generales y todos los países del Golfo le habían advertido que eso era exactamente lo que iba a ocurrir”, asegura Clive Jones.

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Del mismo modo, el presidente estadounidense probablemente no anticipó la decisión israelí de atacar South Pars, aun a riesgo de desencadenar una espiral de represalias capaz de disparar los precios de la energía y poner en peligro la economía mundial.

Si ambos aliados no están oficialmente en la misma sintonía sobre la conveniencia de atacar estas infraestructuras energéticas, “es porque persiguen objetivos de guerra diferentes”, afirma Clive Jones.

Israel “persigue un objetivo regional: crear las condiciones para un cambio de régimen en Irán, ya que Benjamin Netanyahu quiere ver el fin de la República Islámica en su vecindad”, señala el experto.

Las autoridades israelíes “quieren lograrlo a toda costa, y la destrucción de infraestructuras y capacidades económicas iraníes es una etapa importante de su plan”, explica Shahin Modarres. Al golpear la economía iraní y afectar a su población, Israel espera generar un descontento que podría derivar en un levantamiento contra el régimen, según los especialistas.

Incluso si el gobierno resiste, debilitar la economía iraní permitiría “impedir que Irán se recupere rápidamente de la guerra”, añade Amnon Aran. Como beneficio adicional, un Irán financieramente debilitado “se vería obligado a redirigir parte de los fondos destinados a apoyar a grupos armados proiraníes como Hezbolá, los hutíes o Hamás hacia sus propias necesidades”, agrega.

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El humo se eleva después de una explosión, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Teherán , Irán, el 7 de marzo de 2026.
El humo se eleva después de una explosión, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Teherán , Irán, el 7 de marzo de 2026. © via Reuters – Stringer

¿Netanyahu, el intransigente?

Benjamin Netanyahu considera que esta es la solución más eficaz para garantizar la seguridad de Israel. Si eso implica agitar los mercados internacionales de la energía, alea jacta est.

En el plano político, “a Benjamin Netanyahu le conviene prolongar esta guerra, que puede relegar a un segundo plano los atentados del 7 de octubre de 2023 en territorio israelí, ocurridos mientras estaba en el poder”, sostiene Ahron Bregman.

Por su parte, Donald Trump “no tiene ningún interés en que esta guerra se prolongue”, precisa el especialista. El presidente estadounidense necesita poder declarar una victoria antes de las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre de 2026, para que el conflicto no complique aún más ese escenario político.

Como líder de la principal potencia mundial, Trump también está más preocupado por las consecuencias internacionales del conflicto. Entre sus prioridades está la rápida reapertura del estrecho de Ormuz, algo que no se ve favorecido por los bombardeos israelíes contra infraestructuras energéticas iraníes.

Esta divergencia de objetivos podría afectar la cooperación militar entre ambos aliados. Si Estados Unidos teme nuevos bombardeos israelíes no deseados, “podría, por ejemplo, dejar de compartir ciertos datos satelitales o negarse a proporcionar reabastecimiento de combustible para algunas misiones”, explica Clive Jones.

Netanyahu ante la ONU: ¿demostración de fuerza en la sede de la diplomacia?

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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia su discurso ante la 80.ª Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en la sede de la ONU en Nueva York, Estados Unidos, el 26 de septiembre de 2025.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia su discurso ante la 80.ª Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en la sede de la ONU en Nueva York, Estados Unidos, el 26 de septiembre de 2025. REUTERS – Jeenah Moon

La próxima prueba para esta alianza será la posibilidad de una operación terrestre. Benjamin Netanyahu la mencionó ante la prensa internacional el 19 de marzo. Si el objetivo sigue siendo derrocar al régimen iraní, “parece poco probable lograrlo sin una intervención terrestre”, reconoce Shahin Modarres.

Donald Trump, en cambio, es mucho más reticente a esa idea. Probablemente no quiere ver en televisión a soldados estadounidenses arriesgando su vida en Irán.

Sin embargo, Netanyahu deberá evitar llevar demasiado lejos la escalada militar. “Si Donald Trump decide poner fin a la guerra, no existe ningún escenario en el que Israel pueda continuar solo sin el apoyo estadounidense”, afirma Amnon Aran. Entre otras cosas, porque “Israel depende de las municiones y del reabastecimiento estadounidense”.

Shahin Modarres concluye: “Aunque pueda parecer sorprendente, en esta guerra, Donald Trump representa la voz de la moderación.”

Este artículo fue adaptado de su original en francés