La ciencia avanza más lentamente para las mujeres y este estudio lo confirma

La desigualdad por razón de género en la ciencia persiste. Un estudio publicado en PLOS Biology analizó más de 36 millones de artículos y encontró que, en promedio, los artículos liderados por mujeres tardan más tiempo en la etapa de revisión por pares que los encabezados por hombres. Se trata de un patrón que permea en diferentes disciplinas y países. Aunque la diferencia de tiempo de espera puede parecer menor en términos porcentuales: 7.4% a 14.6%, “son de 7 a 15 días más de espera para los artículos escritos por mujeres que por hombres, pero acumulados a lo largo de la carrera de una mujer, estos retrasos pueden ser muy sustanciales. Por ejemplo, por cada 50 artículos publicados por una autora, ella habrá pasado en promedio entre 350 y 750 días más que sus contrapartes masculinas esperando revisiones y decisiones editoriales y/o revisando manuscritos”, dice el estudio.

En la academia —el mundo institucional dedicado a la rigurosidad, la revisión por pares y el avance del conocimiento— publicar implica mucho más que comunicar resultados. Bajo la lógica —casi mercantilista— del conocido aforismo “publish or perish” o en español “publicar o perecer”, la productividad científica se convierte en una medida de valor profesional. Becas, plazas y financiamientos dependen en buena medida, del número de artículos publicados. En ese contexto, publicar es existir dentro del sistema.

Para hacerlo se transita un proceso editorial largo y poco visible. Tras enviar un manuscrito, un editor evalúa si es pertinente para la revista y, de ser así, se somete a revisión por pares (peer review), en la que especialistas en el tema — externos al estudio y anónimos— revisan el trabajo y recomiendan aceptarlo, rechazarlo o solicitar cambios. Estas rondas de revisión pueden repetirse varias veces y extenderse durante meses, por lo que el tiempo entre el envío y la aceptación de un artículo varía.

El retraso que no se ve

Antes de ocupar su puesto actual como Investigadora Titular en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM y Coordinadora de la Comisión Interna de Igualdad de Género, Daniela Ledezma Tejeida nunca había pensado en los tiempos editoriales como un problema estructural. Durante su formación académica, sus artículos avanzaron con fluidez. “Siempre estuve en laboratorios de personas con carreras muy consolidadas”, recuerda. Este detalle no es menor. En la autoría de los artículos científicos, el primer nombre suele corresponder a quién hizo la mayor parte del trabajo (estudiantes de posgrado, en su mayoría); mientras que el último identifica al líder del proyecto o laboratorio. En esos primeros años a su apellido lo acompañaban otros con una trayectoria reconocida. “Nunca percibí tiempos excesivos de espera” dice. “Hasta ahora que soy investigadora, y mi primer artículo nos tomó dos años sacarlo” añade.

En 2025, cuando envió un manuscrito a una revista, la respuesta —de rechazo— tardó seis meses en llegar. Años atrás, esa respuesta solía llegar en cuestión de semanas. El contraste fue evidente cuando enviaron el mismo trabajo a otra revista: en tres semanas recibieron comentarios de revisión, y seis semanas después, el artículo fue aceptado. En la publicación científica se apuesta todo a una sola revista a la vez, es decir, mientras que haya sido enviado a una revista, no puede someterse a otra hasta que esa primera revista responda.

¿Por qué seis meses importan…y mucho?

Desde fuera de la academia, seis meses parecen una demora manejable. Pero, dentro del sistema de evaluación científica, ese tiempo puede marcar la diferencia entre conservar una plaza, acceder al financiamiento de un proyecto o avanzar en los sistemas de reconocimiento académicos como el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), un programa del gobierno mexicano que evalúa y reconoce el trabajo de quienes se dedican a la investigación científica en el país.

Sobre esto último, un estudio del año pasado analizó las trayectorias de casi 19,000 investigadores e investigadoras del SNI de 1991 a 2011; encontró que las mujeres muestran niveles de productividad científica (publicaciones) iguales o incluso superiores a los de hombres, pero, aun así, ascienden con menor frecuencia a los niveles más altos de la carrera académica.

Según lo reportado en septiembre de 2025 en el Diario Oficial de la Federación, las mujeres ocupan el 48% de las plazas en el nivel inicial de Candidatas del SNI. Sin embargo, esa presencia se va erosionando hacia la cima. El nivel III —el peldaño de mayor prestigio y financiamiento— está ocupado por apenas 27% de mujeres, frente a un 72% de hombres. Esto sugiere que, incluso en esquemas evaluativos que se presentan como meritocráticos, la producción científica no se traduce de la misma manera tanto en reconocimiento como ascenso profesional para las mujeres.