La Comisión Europea tomó una serie de medidas para limitar que las grandes y medianas compañías eliminen ropa y zapatos que son excedentes por la sobreproducción. La estimación es que la destrucción de esos textiles contamina casi igual que toda Suecia.
La industria textil destruye millones de toneladas de ropa incluso antes de que la puedan vender. Esa práctica es tan común que ahora la Comisión Europea adoptó una serie de medidas para impedir la destrucción.
El organismo estima que cada año, solo en Europa, se destruyen entre 4% y 9% de los textiles antes de venderlos, en gran medida porque la industria produce más de lo que las personas realmente compran. Esto tiene un impacto enorme en la contaminación, ya que dichos residuos generan cerca de 5,6 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono. Esto es algo parecido a la contaminación que produjo toda Suecia en 2021.
La razón específica de por qué destruyen ropa y zapatos si pueden utilizarse la conoce cada compañía. Aunque en European Environmental Bureau, la mayor red de organizaciones ambientales en Europa, tienen una explicación.
“La pregunta clave es por qué las empresas acumulan tanta mercancía. Esto se debe a la sobreproducción, a la acumulación de inventario excesivo y a las devoluciones de artículos. Por lo tanto, una gran cantidad de ropa que se vende en la Unión Europea, especialmente online, se devuelve. Y con mucha frecuencia no sabemos qué sucede con estos artículos”, explicó Emily Macintosh, experta sénior en política de textiles en European Environmental Bureau.
Por eso, la Comisión Europea (CE) le prohibirá a las grandes compañías destruir textiles. La decisión se aplica para las grandes compañías desde julio de este año y para las medianas desde 2030.
Solo permitirán la destrucción en ciertas circunstancias, como por daño del producto. Incluso en esos casos, la CE podría exigirles que en vez de quemar la ropa, la fabriquen de nuevo para usarla o que la donen. Además, las industrias deberán detallar cuánto destruyen, algo que hoy no es público.
Desde la Comisión Europea, explican la importancia de la decisión. “No se trata de apuntar contra la moda rápida ni contra ninguna marca en particular. Pero esto les da a todos la posibilidad de replantearse cómo produciremos en el futuro para no tener que terminar pensando en qué pasará con los cientos de toneladas de ropa que no podremos vender”, explicó a France 24 en Español Anna-Kaisa Itkonen, la portavoz de la Comisión Europea para Medio Ambiente.
Las nuevas medidas hacen parte del Reglamento sobre Diseño Ecológico para Productos Sostenibles, que entró en vigor desde 2024 en la Unión Europea para lograr que la producción sea circular y amigable con el ambiente.
Pero desde la sociedad civil critican que la decisión reciente no apunta al problema estructural porque limita la destrucción de textiles, pero no cambia el modelo de sobreproducción. “Incluso con esta prohibición vigente, no se resuelve la pregunta de qué pasa con toda esta mercancía sin vender. Y, en última instancia, la prohibición se centra en el final de la cadena de suministro. Y lo que realmente necesitamos analizar es el principio para detener y rediseñar el sistema de la moda para, en primer lugar, no producir tanto exceso de mercancía y de productos que no se venden”, indicó Macintosh.
Ella también menciona algunos vacíos legales en las medidas, como que ciertos productos podrán no eliminarse si cuentan con logotipos específicos o si están sujetos a un acuerdo de licencia. Esto es bastante preocupante.
La Comisión Europea, por su parte, reconoce que apuntan a una parte del problema, pero esperan que la suma de sus decisiones se traduzca en un cambio de comportamiento en industrias y en compradores. “Si bien nos enfocamos principalmente en abordar el problema al final de la cadena de valor, en última instancia, estamos haciendo que las medidas tengan un impacto acumulativo que hará que destruir ropa sea demasiado costoso para la industria. Queremos que se reduzcan los casos más extremos de producción y quema”, dijo Anna-Kaisa Itkonen.
El problema no es solo la destrucción de la ropa y los zapatos que no se venden. La otra cara de la moneda es a dónde van a parar los textiles que son desechados después de su uso.
EEB señala que parte del modelo que hay que cambiar es que el norte global envíe sus desechos al sur, concretamente a países como Ghana o Chile, que terminan por cargar las consecuencias. Ese es el desequilibrio que la sociedad civil pide que se aborde con las políticas europeas.
“La verdad es que no tenemos una opción de reciclaje a gran escala para la ropa. No es fácil reciclarla. Entonces, ¿a dónde va a parar? ¿Y quién va a pagar por los impactos cuando esos desechos afecten al medio ambiente?”, concluye Macintosh.