La vida carcelaria

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EL AUTOR es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.

Toda sociedad, desde que  logra un cierto grado de desarrollo, no resiste la necesidad de construir los recintos que privan a una fracción de sus miembros de la libertad. Inevitable, el fenómeno es tanto más singular cuanto que, a pesar de la diferencia y a veces la pseudo psicofonía de las incriminaciones según los países, la justificación de este encarcelamiento dada por todas las naciones civilizadas sigue siendo en parte utópica.

Se dice que el fin perseguido es de enmendar los detenidos durante que ellos espían su falta. Pero hay en la búsqueda de una prevención de la reincidencia Mediante un confinamiento que separa a las personas honestas y reúne a otros criminales en una contradicción.

Muchos convictos, tras haber oscilado entre la rebelión y la resignación entre cuatro paredes, abandonan las cárceles, los centros de detención o los de corrección sin ser detenidos en el camino equivocado, ni fortalecidos en su resistencia a las tentaciones, ni siquiera corregidos en lo más mínimo.

La degradación social que detendría la pena, el contagio del mal en prisión, la dificultad de la reclasificación pos penal hace que el objetivo sea en parte inaccesible. La ineptitud  de las presiones  de antaño á cambiar  los criminales en no delincuentes podía explicarse por el  mal estado de los establecimientos, el reclutamiento defectuoso de los guardianes,  la ausencia de  método coherente aplicado a los detenidos. Une reforme intervino a la Liberación.

Finalmente atacó estas causas. Más atención prestada a la persona del prisionero, más de cuidado en su clasificación entre los establecimientos penitenciarios, más de razón en la organización del trabajo demandado o hasta tomado a los detenidos constituían progresos que se inscriben al crédito de nuestra sociedad.

Ellos ahí compensaban, hasta un cierto punto, el débito creado por la multiplicación de los factores de crimen y particularmente de las ocasiones de recaída ofrecidas a los liberados en las condiciones actuales de la vida de los hombres. En el curso de un primer periodo, la acción parece conducir al éxito. Pero la criminalidad ha retomado enseguida su movimiento ascendente, como en el extranjero.

Cárcel de Las Parras

A pesar de los esfuerzos considerables realizados, el nuevo régimen de las prisiones no se ha finalmente desviado del crimen mucho más de criminales que el precedente. Los establecimientos son superpoblados de delincuentes de derecho común.

La proporción de reincidentes permanece alta.  La experiencia adquirida desde casi veinticinco años, ha, ciertamente, enriquecido el conjunto del saber relativo a los métodos de tratamiento penal que uno llama ciencia penitenciaria o aun  penología.

Ella ha probado también, sin embargo, que, los abusos antiguos aún una vez suprimidos, la contradicción inherente a la investigación de una enmienda por la privación de libertad continuaba a impedir la prisión de constituir un instrumento eficaz de lucha contra el crimen. Ciertos países persuaden que, por su naturaleza, ello le favorece al contrario a menudo.

Algunos especialistas americanos van hasta preguntarse si los triunfos, cuando ellos tienen lugar, no son debidos, menos al tratamiento aplicado, a la duración del encarcelamiento, que hace pasar lo más fuerte del Impulso vital detrás de las verjas. En resumen, un hecho nuevo se ha producido.

El rol de los establecimientos penitenciarios es puesto en causa y el lugar de la prisión en las penas futuras se encuentra impugnado. La crisis es tanto más seria que uno no ve aún cual institución de substituto podría remplazar debidamente la prisión de alguna duración. En este inquietante estado, la reflexión sobre el porvenir depende de un conocimiento del pasado y de un estudio crítico del presente.

Ejemplo

A este respecto, después de finalizada la tiranía, hemos dado grandes pasos de avance en lo relativo a nuestras cárceles y penitenciarias. La moderna cárcel de las Parras, es un ejemplo de modernismo y de gran progreso, pero no es todo. Las fortalezas militares que sirven de prisión, deben en lo inmediato ser sustituidas por verdaderos recintos y abandonar ola práctica de recintos militares.

Ha llenado de satisfacción, la construcción  e inauguración del Dirección General de de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC), que atinadamente dirige el licenciado Roberto Santana. Un total de 1,352 privados de libertad se encuentran actualmente en el Centro de Corrección y Rehabilitación (CCR)  Las Parras, de una capacidad de 2,328 correspondientes a los cuadrantes entregados el año pasado.

Significa que aún hay 976 espacios disponibles. Se sabe que este recinto fue construido y entregado para solucionar el hacinamiento que todavía afecta las cárceles del país, especialmente el penal de La Victoria, que durante años albergó la mayor cantidad en condiciones inhumanas.

Desde La Victoria han sido trasladados 1,000 privados de libertad hacia Las Parras, con el objetivo de garantizar un mejor trato, mayor seguridad y condiciones de vida más dignas.

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