Madrid albergará el Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología

Madrid será la sede del Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología (INEGOV), una iniciativa impulsada por el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET) de la Fundación Tatiana. El proyecto tiene como objetivo analizar tendencias regulatorias, identificar riesgos, detectar oportunidades y contribuir al desarrollo de marcos normativos frente al acelerado avance de las tecnologías de interfaz cerebro-computadora a escala global.

La creación del Observatorio, que estará dirigido por José M. Muñoz, director de Neurotecnología del CINET, fue anunciada durante la Conferencia Internacional de Neurotecnología organizada por la institución. En el encuentro participaron científicos, representantes de la industria y delegados de organismos como la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Consejo de Europa.


Ilustración de un cerebro con chips y circuitos.

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Los especialistas coincidieron en que la neurotecnología atraviesa un punto de inflexión en el que resulta indispensable pasar del reconocimiento de principios éticos y científicos al diseño de mecanismos prácticos de gobernanza que aseguren un desarrollo seguro del sector.

José M. Muñoz explicó que, en una primera etapa, el debate sobre el impacto de la nanotecnología estuvo dominado por enfoques centrados en la ética y los derechos humanos. “Ahora, el reto es avanzar de los principios generales hacia su implementación concreta, desarrollando herramientas reales de gobernanza antes de que la adopción social progrese más rápido que la capacidad de adaptación de las instituciones”, señaló.

En sus inicios, las aplicaciones derivadas de la neurotecnología se diseñaban principalmente para atender situaciones clínicas, un ámbito que, por su naturaleza, debe cumplir estrictas normas y regulaciones. Sin embargo, estos sistemas se integran cada vez con mayor frecuencia en la vida cotidiana, mediante su incorporación en dispositivos de consumo como wearables o gafas inteligentes, orientados a optimizar funciones cognitivas o ejecutar aplicaciones que miden variables como el estrés y la calidad del sueño.

De acuerdo con los expertos, esta expansión hacia entornos sociales y ordinarios podría impulsar avances en soluciones médicas, bienestar personal y desarrollo cognitivo, con impactos directos en ámbitos laborales, educativos y digitales. No obstante, también advierten que la tendencia incrementa los riesgos por uso indebido que podrían comprometer la privacidad mental, afectar el desarrollo cognitivo e intensificar desigualdades a escala global.

En este contexto, la creación del INEGOV busca promover la transición desde el reconocimiento y respeto de principios éticos (como la privacidad, la identidad y la autonomía) hacia la implementación de mecanismos concretos de gobernanza que permitan anticipar amenazas, maximizar beneficios y orientar el progreso de la neurotecnología de manera responsable.