Más trabajo en casa y otras 9 medidas de la AIE ante el colapso mundial del petróleo

La guerra en Medio Oriente está provocando la peor interrupción del suministro mundial de petróleo y representa la mayor amenaza energética de la historia, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE). Como consecuencia, los precios del crudo y sus derivados, como el diésel, el gas licuado de petróleo (GLP) y las gasolinas, registran aumentos sin precedentes, con el potencial de desencadenar una recesión en diversas economías.

La crisis responde a la convergencia de múltiples factores críticos, entre ellos la interrupción de rutas estratégicas y daños en la infraestructura petrolera de países productores. La AIE subraya especialmente las afectaciones al transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz, considerado uno de los puntos neurálgicos del comercio energético global.


Un gran barco petrolero echando humo mientras navega por el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico, Irán.

El conflicto en Oriente Medio está haciendo subir los precios del petróleo en un año de elecciones intermedias en el que los estadounidenses ya están concentrados en las elevadas facturas de energía.


En condiciones normales, por esta vía transitan diariamente cerca de 20 millones de barriles de crudo y productos derivados, lo que representa aproximadamente el 20% del comercio mundial del sector. Sin embargo, en el contexto del conflicto, la actividad en la zona se ha reducido a niveles mínimos. La imposibilidad de exportar desde la región ha provocado una disminución significativa en las operaciones de varios productores del Golfo, lo que ha derivado en una caída cercana a los 8 millones de barriles diarios en la oferta global de petróleo. Ante esta escasez, los precios del crudo han superado los 100 dólares por barril, con incrementos de entre 30 y 60% respecto a sus niveles habituales.

Las implicaciones económicas de este escenario son relevantes. Se estima que un aumento del 10% en los precios del petróleo suele traducirse en un incremento de 0.4 puntos porcentuales en la inflación global, así como en una reducción de entre 0.1 % y 0.2 % del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. Estos efectos podrían intensificarse si la crisis se prolonga o si se agravan las disrupciones en el suministro.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, advirtió que, de no alcanzarse una pronta solución, las repercusiones sobre los mercados energéticos y las economías seguirán agravándose. Asimismo, indicó que el organismo ya se encuentra implementando diversas acciones orientadas a estabilizar la industria energética a nivel global.

A inicios de este mes, los países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas de emergencia para contrarrestar la caída en la oferta. Aunque se trata de la mayor liberación de reservas en la historia del organismo, la AIE reconoce que esta medida, por sí sola, no es suficiente para resolver las consecuencias de la interrupción. “Abordar la demanda es una herramienta fundamental e inmediata para reducir la presión sobre los consumidores, mejorar la asequibilidad y fortalecer la seguridad energética”, señaló.

10 medidas para mitigar la escasez de petróleo

En este contexto, la AIE emitió un conjunto de diez recomendaciones dirigidas a gobiernos, empresas y hogares, con el objetivo de mitigar el impacto económico derivado del conflicto. Birol destacó que estas acciones “han demostrado su eficacia en distintos contextos” y consideró que pueden ser de utilidad tanto para economías avanzadas como para países en desarrollo en el actual entorno de incertidumbre.

La mayoría de las medidas se concentran en optimizar la movilidad en carretera, responsable de cerca del 45 % de la demanda mundial de petróleo. No obstante, también abarcan la aviación, la industria y ciertos hábitos cotidianos que pueden ajustarse para reducir el consumo energético. En este sentido, la AIE propone:

  1. Favorecer el teletrabajo: Los desplazamientos diarios hacia los centros laborales representan entre el 5 y 30% de la actividad automovilística. La adopción de esquemas de trabajo remoto tres días a la semana podría reducir el consumo de combustible de los vehículos hasta en un 6%. Según la AIE, un conductor promedio que pase de no teletrabajar a hacerlo tres días en una semana laboral de cinco jornadas podría disminuir su consumo personal de combustible hasta en un 20%.
  2. Reducir los límites de velocidad en autopistas: En muchas carreteras, los límites oscilan entre 100 y 130 kilómetros por hora (km/h). Disminuirlos al menos en 10 km/h podría traducirse, para un conductor individual, en una reducción de entre el 5 y 10% en el consumo de combustible. A escala nacional, el ahorro se ubicaría entre el 1 y el 6%, dependiendo de la infraestructura y los hábitos de conducción.
  3. Impulsar el transporte público: En grandes ciudades, los trayectos cortos —de menos de 30 kilómetros— pueden representar hasta el 50% del consumo de petróleo de los automóviles privados. Fomentar el uso del transporte público permitiría reducir el consumo nacional de petróleo en este segmento entre un 1 y 3%.
  4. Restricción vehicular por matrícula: Esta estrategia busca optimizar la movilidad en áreas urbanas al limitar la circulación de automóviles según el número final de la placa. Los vehículos con terminación impar pueden circular en determinados días, mientras que los de terminación par lo hacen en fechas distintas. Aplicar esta medida durante dos días a la semana para la mitad del parque vehicular podría generar ahorros de entre el 1 y 5% del consumo nacional de petróleo en automóviles.
  5. Autos compartidos y conducción eficiente: Compartir vehículo y ajustar el uso del aire acondicionado pueden incidir de forma relevante en el consumo de combustible. Asimismo, adoptar hábitos como acelerar de manera progresiva y mantener la presión adecuada de los neumáticos contribuye a mejorar la eficiencia. En conjunto, estas prácticas podrían reducir la demanda de petróleo entre un 5 y 8%.
  6. Optimización en vehículos comerciales y de reparto: El consumo en este tipo de unidades puede disminuir mediante acciones como mantener la presión correcta de los neumáticos, reducir el ralentí y evitar frenadas o aceleraciones bruscas. También se recomienda optimizar las rutas para evitar trayectos sin carga. La adopción generalizada de estas prácticas podría reducir el consumo nacional de petróleo en el transporte de mercancías hasta en un 4 %, y entre un 3 % y un 5 % en la demanda de diésel.
  7. Reducir el uso de GLP en el transporte: Se estima que cerca del 2% del parque vehicular mundial utiliza GLP, aunque en países como Italia y Corea del Sur la proporción alcanza el 10%, principalmente mediante vehículos bifuel que también operan con gasolina. Optar por esta última opción podría eliminar casi por completo el uso de GLP en el transporte en algunos países, aunque incrementaría la demanda global de gasolina en alrededor de un 2%.
  8. Disminuir los viajes laborales en avión: Entre el 20 y 40% del tráfico aéreo corresponde a viajes de trabajo. Reducirlos mediante alternativas como reuniones virtuales podría disminuir hasta un 40% de estos desplazamientos, con una reducción en la demanda de queroseno de entre el 7 y 15%.
  9. Adoptar alternativas modernas para cocinar: El GLP representa cerca del 10% del consumo mundial de petróleo y es ampliamente utilizado en los hogares. Sustituirlo por opciones eléctricas, como estufas o sartenes, podría mitigar el impacto económico derivado de su encarecimiento.
  10. Mejoras operativas en la industria: El sector industrial puede reducir el uso de GLP y destinarlo a actividades esenciales mediante acciones como el mantenimiento de maquinaria, el apagado de equipos inactivos, el ajuste de temperatura y presión, así como la reparación de fugas. Estas medidas permitirían disminuir el consumo de petróleo hasta en un 5% en el corto plazo.