La imagen de las agencias públicas debe ser preocupación permanente de las autoridades de turno, sobre todo, de quienes deben velar por las correctas ejecutorias de sus obligaciones, tomando en cuenta la reputación de sus estructuras y la credibilidad del país.
Son varias las instituciones en primera fila en esta preocupación, pero la Dirección General de Migración (DGM) y Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) están siempre en el ojo del huracán debido a que el volumen de indocumentados agravado por la crisis haitiana y los cargamentos de narco sustancias que se incautan cada mes, son alarmantes y reflejan la necesidad de mayor compromiso de los agentes a cargo.
La gente percibe que la inmigración irregular presenta mayores problemas al país y gastos incalculables al gobierno, por la corrupción que se registra cuando deportan miles y cada vez es mayor la cantidad que regresa, incluyendo a los ya repatriados. Se estima que el negocio supera la voluntad de los agentes y centinelas envueltos.
Por eso, la confianza en la efectividad del cumplimiento de los agentes del servicio migratorio es muy poca y la imagen de un organismo del cual depende en mucho la estabilidad del país, pone en un lugar penoso su imagen.
En el caso de la DNCD, desde la entrada de los famosos Tucanos, adquiridos en Brasil, cuando se creía que los pocos casos de narcotráfico que se registraban a la sazón bajarían, ocurrió lo contrario y, de forma inimaginable, el país pasó de un espacio de tránsito, a una base de negocios de sustancias prohibidas y punto de partida hacia otros territorios.
Son muchas las opiniones, denuncias y acusaciones que hasta el momento no han tenido los efectos esperados, pero la gente piensa que el trabajo de la joven institución creada en los 10 años de la última gestión de Joaquín Balaguer, requiere de mayor transparencia, para cambiar la visión negativa que refleja su imagen.
Si las agencias y los titulares en quienes el gobernante de turno deposita su confianza, no ponen el empeño necesario para investigar las denuncias y capturar a los verdaderos capos y traficantes, entonces ocurrirá lo que ahora, que otras naciones tendrán que venir a poner orden.
La imagen del país debe tener protectores y funcionarios valientes que la defiendan y respeten. Es tiempo de mejorar.
JPM
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