Regateando al pobre y dándole al rico

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La autora es periodista. Reside en Santo Domingo Norte.

POR YANET GIRON  

En esta sociedad ocurre una contradicción que duele y avergüenza. Muchas personas no dudan en gastar grandes sumas en restaurantes elegantes, pedir botellas costosas y dejar propinas generosas sin mirar el recibo. Sin embargo, cuando se enfrentan al trabajador de la calle, al pequeño vendedor o al emprendedor informal, sacan la lupa del regateo y la dureza del desprecio.

Es curioso cómo el dinero fluye con facilidad cuando se trata de aparentar estatus. Allí no se pregunta por el precio, no se cuestiona el valor ni se mide el esfuerzo. Pagar caro parece parte del espectáculo, una forma silenciosa de decir “puedo hacerlo”.

Pero la historia cambia en la acera, en el colmado improvisado o en la mesa humilde donde alguien vende para sobrevivir. Ahí sí aparecen las rebajas forzadas, los precios impuestos y las frases hirientes. Se negocia como si el sacrificio ajeno no existiera.

Pocos se detienen a pensar que esa persona también madruga, también se cansa y también carga responsabilidades. Detrás de cada producto hay transporte, pagos, deudas y la urgencia diaria de llevar pan a su casa. No es abuso cobrar lo justo; abuso es obligar a perder.

Regatear al pobre no es una muestra de inteligencia financiera, es una falta de empatía social. Es aprovecharse de la necesidad, del silencio y de la falta de poder de quien no puede defender su precio sin miedo a perder la venta.

Resulta incoherente exigir calidad humana mientras se practica la desigualdad cotidiana. No se puede hablar de valores cuando solo se respetan los precios del rico y se aplastan los del que menos tiene.

La verdadera conciencia social se mide en los pequeños actos. En pagar lo justo, en no humillar con la negociación innecesaria y en reconocer que el trabajo ajeno merece dignidad, venga de donde venga.

Tal vez el cambio comience cuando entendamos que no es más grande quien gasta sin pensar, sino quien paga con justicia. Porque una sociedad no se define por cuánto consume, sino por cómo trata a los más vulnerables.

jpm-am

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