La República Dominicana necesita reorientar con urgencia su gasto público.
No se trata de reducir derechos ni servicios, sino de eliminar duplicidades.
El Estado ha crecido en oficinas, direcciones y coordinaciones paralelas.
Esa expansión administrativa no se ha traducido en mejores resultados.
En el Ministerio de Interior y Policía, la proliferación de direcciones barriales es evidente.
Viceministerios, programas y unidades comunitarias persiguen los mismos fines.
Esta fragmentación eleva el gasto operativo entre un 18 % y un 25 %.
Sobre un presupuesto cercano a RD$40,000 millones, el sobrecosto es considerable.
El Viceministerio de Seguridad Preventiva en Sectores Vulnerables ejecuta programas comunitarios.
Estas acciones se solapan con la Dirección de Convivencia y Cultura de Paz.
Ambas realizan mediación, talleres barriales y prevención social del delito.
Dos estructuras distintas operando sobre el mismo territorio y población.
La Dirección de Participación Comunitaria reproduce funciones similares.
Coordina juntas de vecinos, liderazgos locales y enlaces territoriales.
En la práctica, tres dependencias visitan los mismos barrios.
Cada una con presupuesto, personal y discurso institucional propio.
La Dirección de Programas Sociales y Comunitarios amplía la duplicidad existente.
Desarrolla charlas, operativos y acompañamiento barrial preventivo.
No existe una autoridad única que concentre estas intervenciones.
El ciudadano percibe presencia estatal, pero no soluciones estructurales.
Las Gobernaciones Provinciales, adscritas a Interior y Policía, actúan territorialmente y deberían ser autónomas,
Canalizan demandas comunitarias y coordinan acciones locales del Ejecutivo.
Su rol se superpone con direcciones barriales y con los ayuntamientos.
La falta de jerarquía clara genera dispersión y pérdida de control.
Dentro de la Policía Nacional, la Policía Comunitaria cumple funciones sociales.
Mantiene contacto con líderes barriales y ejecuta prevención local.
Estas tareas coinciden con las direcciones civiles del Ministerio.
La duplicidad aquí es administrativa, operativa y presupuestaria.
Las Mesas Locales de Seguridad, Ciudadanía y Género agregan otra capa institucional.
Realizan diagnósticos, reuniones comunitarias y coordinación local.
Sus funciones coinciden con gobernaciones y direcciones comunitarias.
No existe un mando unificado ni una responsabilidad final clara.
Este patrón se repite en otros órganos del Poder Ejecutivo.
El Ministerio de la Presidencia, el Ministerio Administrativo y el MEPyD se solapan.
Los tres coordinan políticas, planes y seguimiento institucional.
La duplicidad estratégica sustituye la eficiencia por burocracia.
En educación, el gobierno ha planteado una unificación administrativa entre MINERD y MESCyT.
No existe solapamiento funcional, pues uno gestiona educación básica y otro superior.
La duplicidad se limita a áreas administrativas como compras, RR.HH. y planificación.
El ahorro estimado, entre RD$5,000 y RD$8,000 millones, es bajo frente a Interior y Policía.
Sumadas estas duplicidades, el sobrecosto estructural del Estado es significativo.
Se estima entre un 1.5 % y un 2 % del PIB anual.
Esto equivale a entre RD$120,000 y RD$160,000 millones cada año.
Recursos suficientes para seguridad, salud o infraestructura productiva.
Reorientar el gasto público no es un eslogan, es una decisión administrativa.
Implica fusionar funciones, eliminar ventanillas repetidas y simplificar estructuras.
El ahorro real no está en recortar al ciudadano ni servicios esenciales.
Está en ordenar un Estado que hoy se duplica a sí mismo.
jpm-am
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