WASHINGTON, 23 Mar. – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado este lunes que ha ordenado «posponer todo ataque militar» contra las centrales eléctricas de Irán durante un periodo de cinco días, después de dar el sábado un ultimátum de 48 horas a Teherán para que reabriera el estrecho de Ormuz o se expusiera a dichos bombardeos contra instalaciones energéticas.
«Me satisface informar que Estados Unidos e Irán han tenido durante los últimos dos días unas conversaciones muy buenas y constructivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Próximo», ha dicho Trump, quien ha añadido en un mensaje en redes sociales que, a raíz de las mismas, ha ordenado este aplazamiento durante cinco días.
«A partir del tono y la franqueza de estas conversaciones profundas, detalladas y constructivas, que continuarán durante toda la semana, he ordenado al Departamento de Guerra –en referencia al Departamento de Defensa– que posponga todos los ataques militares contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes durante un período de cinco días, sujeto al éxito de las reuniones y conversaciones en curso», ha señalado.
ULTIMÁTUM DEL SÁBADO
El propio Trump dio el sábado un ultimátum de 48 horas a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, asegurando que, de lo contrario, atacará las centrales eléctricas del país y advirtiendo de que habrá «una destrucción total». «La destrucción de Irán va a ser total y va a funcionar estupendamente», sostuvo.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní ha advertido este lunes de que está «decidida a responder a cualquier amenaza» y ha recalcado que, en caso de que Trump materialice su amenaza, Teherán atacará «las centrales del régimen ocupante (Israel) y las de los países de la región que abastecen de electricidad a las bases estadounidenses», así como «la infraestructura económica, industrial y energética de la que Estados Unidos es accionista».
Las autoridades de Irán han confirmado en su último balance más de 1.500 muertos por la ofensiva de Israel y Estados Unidos –incluidos 210 niños–, si bien la organización no gubernamental Human Rights Activists in Iran, con sede en Estados Unidos, ha elevado a más de 3.000 los fallecidos.