44 años de la muerte de Antonio Guzmán Fernández

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El próximo 4 de Julio hará 44 años que el país lloró la muerte de un gigante de la política, el Presidente Antonio Guzmán Fernández, quien expuso su vida y la de sus familiares luchando por la libertad, perdida con la desaparición de la democracia, iniciada en 1963 por otro inolvidable gobernante, el profesor Juan Bosch, de quien el primero fue subalterno como secretario de Agricultura.

Estos dos líderes orgullecieron la imagen de la República Dominicana, pero en esta ocasión detallamos nuestro escrito en torno a la figura de Guzmán Fernández.

Fue un hombre excepcional. Estuvo casado con Doña Renée Klang, con la cual procreó a Iván y Sonia, ambos profesionales. Sonia fue embajadora del actual gobierno de Luis Abinader, en Estados Unidos. Guzmán Fernández pensó más en los intereses del país que en los suyos.

En 1965, en la Guerra de Abril, representantes de poderosos sectores nacionales e internacionales, le propusieron la Presidencia de la República con la exigencia de que tenía que deportar a los líderes involucrados en la contienda cívica-militar, lo que rechazó de inmediato, proponiendo como solución al problema el cese al fuego de parte de los combatientes, de un lado y de otro, para luego convocar a elecciones.

En 1978, con todos los pronósticos en contra, con la mayoría de los principales jefes militares y policiales dirigiendo parte de campaña electoral balaguerista, con sus subalternos exhibiendo en los cañones de sus fusiles o ametralladoras la bandera “colorá,” del Partido Reformista (PR), Guzmán Fernández ganó los comicios para bien de todos, incluyendo a quienes querían asesinarlo, antes y después de las elecciones.

Antonio Guzmán Fernández

Su frase de “Borrón y cuenta nueva”, unió al país. Dejó atrás todos los odios acumulados entre unos y otros. Los militares y policías, orientados por políticos opuestos al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), intentaron matar al Presidente Guzmán Fernández, como fue el caso de Constanza, donde le derrumbaron pedregones cuando su caravana presidencial transitaba por la parte baja de la carretera, pero posteriormente terminaron llorando la muerte de su comandante en jefe.

Todo parece indicar que los soldados se dieron cuenta que el Presidente que los anti-demócratas les ordenaban matar, no era su enemigo y al llegar al segundo año de gobierno todo cambió.

Los soldados (guardias y policías) descubrieron que Guzmán Fernández, hacendado que no necesitaba el Estado para cubrir sus gastos, era una figura sin ambición de poder económico, que su único compromiso estaba con la democracia, con el respeto a los derechos humanos, la no persecución política, la libertad de todos los detenidos por asuntos políticos o el retorno de los exiliados, cambiaron su estrategia hasta llegar al extremo de posteriormente promover su reelección, que también rechazó, asegurándoles que el gobierno del PRD les garantizaría sus estatus.

Pero la presión para que el gigante buscara su reelección no fue sólo de parte de los militares, desde rasos hasta generales, sino de la mayoría de la tendencia del Presidente Guzmán Fernández, que sospechaba que un gobierno de Salvador Jorge Blanco acabaría con esa organización. Trataron de convencerlo para que aceptara ser repostulado, pero no fue posible.

Don Antonio mantuvo su postura de que cuatro años eran suficientes para él unir al país. ¡Y así fue! Fue un gobierno verdaderamente democrático. Los militares, policías y civiles volvieron a relacionarse.  ¡El país volvió a ser para todos!

La presión de los militares o policías para que Guzmán Fernández aceptara aspirar a la reelección, se incrementó luego de que en los primeros discursos del doctor Salvador Jorge Blanco, elegido precandidato presidencial para las elecciones de 1982 y ya escogido para la Presidencia del país, el aspirante aumentó las advertencias de sometimiento a la Justicia del Presidente u otros de sus colaboradores más cercanos.

Guzmán Fernández vendió una de sus fincas, cuando ocupó la Presidencia del país, para completar salarios de la empleomanía del Estado, porque la situación encontrada fue muy difícil económicamente, y luego de concluido su mandato, a destiempo, no aparecieron los corruptos. Guzmán Fernández mejoró la economía, además de restablecer la paz. Hipólito Mejía, como secretario de Agricultura de ese gobierno, con el total respaldo del Presidente, introdujo cambios positivos en ese sector, aplicando programas a favor de los medianos y pequeños productores.

Jorge Blanco

Salvador Jorge Blanco.

Pero los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional tenían razón de estar preocupados, porque Jorge Blanco, ya en el poder, inició la destitución de millares de soldados, desde rasos hasta generales, bajo el supuesto de que eran guzmanistas.

Jorge Blanco dirigió el poder apoyado por los llamados “Manos limpias”, de una agrupación llamada Avanzada Electoral, un movimiento de extra-partidos, compuesto por intelectuales, profesionales y empresarios. La mayoría de la tendencia de Jorge Blanco, dentro del PRD, se opuso a la anunciada persecución en contra de los guzmanistas, alegando que ésta dividiría la entidad y que eso provocaría la inminente derrota en las elecciones de 1986. ¡Como sucedió!

Guzmán Fernández parece que creyó, en principio, que las amenazas de su sometimiento a la Justicia de parte de Jorge Blanco, eran de campaña electoral. Luego de la victoria de Jorge Blanco, las amenazas fueron tomadas en serio por Guzmán Fernández y sus seguidores. El Presidente electo y sus seguidores, especialmente los Manos limpias, hablaban de una lista de personas para ser sometidas a la Justicia.

El Presidente Guzmán Fernández, un hombre honesto y entregado al servicio de la patria, faltando menos de dos meses para el traspaso de mando se suicidó. Los seguidores de Guzmán Fernández y el vicepresidente Jacobo Majluta estuvieron a su lado hasta el día que fue sepultado.

No hay ninguna duda de que alejamiento del Palacio Nacional del líder del PRD, doctor José Francisco Peña Gómez, quien alegaba que ahí había un “bacá”, le provocó una “herida” al alma del Presidente Guzmán Fernández. Estamos seguros de que se llevó a la tumba la idea de que fue traicionado por Peña Gómez.

Pero antes, faltando tres meses para las elecciones de 1982, Guzmán Fernández no hizo caso a las amenazas de Jorge Blanco y convocó, de urgencia, a una reunión en la casa del general retirado Rodríguez Méndez, en Gurabo.

Esa reunión fue en Febrero de 1982, en la parte trasera de esa residencia, sin prensa y sin militares. Los únicos periodistas presentes en esa reunión, porque eran del entorno del Presidente de la República, fueron Pappy Pérez, Ricardo Rodríguez Rosa y quien escribe.

En esa reunión estaban presentes Ambiórix Díaz Estrella, Marcos Martínez, Sabás Burgos, Claudio Cabrera Espaillat (Pepe), el síndico Víctor Méndez y otros. También,  uno o dos representantes de casi todas las provincias del país y el Distrito Nacional.  Ahí, el Presidente Guzmán Fernández informó que, de acuerdo a todas las informaciones que tiene el gobierno, el PRD con su candidato presidencial, doctor Salvador Jorge Blanco, perderá las elecciones de Joaquín Balaguer.

Los “Manos limpias” tenían una campaña en contra del gobierno de Guzmán Fernández, al cual no solamente acusaban de corrupto, sino de que éste estaba apoyando a Balaguer en contra de Jorge Blanco. ¡En esta parte, los jorgeblanquistas tenían la razón!

Lo que estaba sucediendo era que los seguidores de Guzmán Fernández, sin la autorización de éste, en respuesta a las acusaciones en contra de su Presidente, a quien respetaban como su padre, se “sentaron” en todo el país negándose a hacer campaña por Jorge Blanco.

Esa situación se convirtió en un “caos”, porque la casi totalidad de jefes militares y policiales aprovecharon el problema para presionar a Guzmán Fernández para que se repostulara. ¡Las elecciones estaban perdidas en 1982!

Guzmán Fernández estuvo sentado casi todo el tiempo en la reunión donde el general Rodríguez Méndez, escuchando las quejas de sus seguidores y sobre la postura de los Manos limpias del jorgeblanquismo. El Presidente les ordenó a Ambiórix Díaz Estrella y Víctor Méndez resolver al día siguiente una serie de recomendaciones a favor de seguidores suyos, lo que se hizo.

Cuando al Presidente Guzmán Fernández le tocó el turno para hablar en la reunión, solicitó a los presentes trabajar por la victoria de Jorge Blanco para que el PRD pueda seguir en el poder y continuar la democracia, pase lo que pase, pero los miembros de su tendencia se mantuvieron en silencio en actitud de rechazo a su petición.

Muy incómodo, el Presidente volvió a solicitar el respaldo a favor del candidato presidencial Jorge Blanco, pero esta vez lo hizo con un puñetazo en la mesa que produjo que los miembros de su seguridad, que estaban en la casa del general Rodríguez Méndez (en la parte delantera), entraran de repente empujando a todos los que estaban en el camino, para observar qué le estaba sucediendo al jefe de Estado.

El Presidente les solicitó volver a la casa del general Rodríguez Méndez. La reunión fue en un gran patio de la parte trasera. “Todo está en calma,” les dijo el Presidente a los soldados, pero los militares y policías se negaron a dejarlo sin seguridad, aunque era su equipo de su confianza. No hubo forma de convencer a los militares y policías que abandonaran la actividad política. Prefirieron correr el riesgo de que si Jorge Blanco ganaba las elecciones los destituyera, como ocurrió en contra de la mayoría.

Alguien le pasó una botella de agua a Guzmán Fernández. Ya, más calmado, el Presidente volvió a motivar su petición, llamando mis hijos a los presentes, lo que varió todo el panorama. Todos los presentes se comprometieron a trabajar por Jorge Blanco. De unas elecciones perdidas tres meses antes, Jorge Blanco pasó a derrotar a Joaquín Balaguer con el apoyo de los guzmanistas y los jacobistas.

Majluta

¡Pero Jorge Blanco no varió el discurso de encarcelar a Guzmán Fernández! Faltando unos dos meses para Guzmán Fernández entregarle al mando a Jorge Blanco, el vicepresidente de la Republica, Jacobo Majluta, convocó a una reunión a su entorno, en su nueva residencia (en el Distrito Nacional), para analizar la postura que se debería tomar cuando se produjera el cambio de gobierno. La reunión estaba pautada para las 4:00 de la tarde, pero se inició casi a las 7:00 de la noche.

¡Éramos unas 45 personas! Estaban Stormy Reynoso, Marcos Martínez, Miguel Tallaj, Antonio Taveras, de Tamboril, Andrés Vanderhorst, los hermanos Bocho y José Núñez, u otros que no recordamos. Quien escribe era el encargado de Prensa de Majluta en el Cibao y Marcos Martínez el coordinador general de promoción política en la zona, además de otras responsabilidades de dirección.

Jacobo pidió excusa y de inmediato dijo: “Estoy muy preocupado. Me pasé parte de la tarde hablando con el Presidente, pero parece que el viejo le está dando mucha importancia a las amenazas de Salvador”.

Y agregó: “Vi tres botellitas de ron vacías en una esquina cerca de su escritorio.  El viejo se tira sus petacazos, porque manejar la Presidencia no es fácil, pero nunca lo vi tomando tanto. No sé si se tomó las tres botellitas en uno o varios días”.

La información de Majluta cambió el escenario. ¡La tristeza se apoderó del sentimiento de los presentes! La postura del vicepresidente en defensa de Guzmán Fernández, también tuvo su costo. En 1986, Majluta derrotó a Joaquín Balaguer, pero Salvador, presionado por las Manos limpias, impidió su victoria disponiendo la ocupación, de parte de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, de la Junta Central Electoral (JCE). Así Balaguer retornaba de nuevo al poder, para ocupar la Presidencia por otros 10 años más.

La democracia, que todavía recordaba la muerte de su querido Presidente (Guzmán Fernández), volvía a ser golpeada con otro “juntazo”, peor que el de 1978, porque en el primero Balaguer aceptó salir del poder, a cambio de que se le sumaran unos legisladores, que no ganó, así como síndicos reformistas que tampoco triunfaron, pero que fueron juramentados como ganadores. En el juntazo de Salvador casi todo el PRD, exceptuando mínimas cantidades de legisladores y autoridades municipales electas, quedó fuera del poder.

Para darle más fuerza al despojo electoral, el gobierno de Jorge Blanco creó una Comisión de Honorables, que ratificó la supuesta derrota de Majluta favoreciendo a Balaguer. Luego, Balaguer en el poder, en el mismo 1986, sometió a la Justicia a Jorge Blanco por supuestos robos en el Estado y condenado a 20 años de prisión. Murió como preso domiciliario y sin recursos económicos para pagar su defensa y otros gastos.

Enfermo y condenado a 20 años de prisión, el grupo de los llamados Manos limpias, porque no fue toda la Avanzada Electoral, no apoyó a Jorge Blanco en sus momentos más difíciles.  Ese mismo grupo tuvo mucho que ver con la llamada poblada de 1984.

Lo lamentable es que Jorge Blanco murió sin dinero, teniendo que vender algunos pedacitos de terrenos que había recibido como abogado (antes de ser Presidente de la República), para poder cubrir sus gastos médicos u otros. La paradoja es que Salvador Jorge Blanco falleció pobre, no le robó al Estado, pero pagó sus malas acciones en contra del país.

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