En suma, estas herramientas permiten establecer límites, supervisar contenidos y comprender mejor la actividad digital de niños y adolescentes, pero el primer paso, quizás el más importante, consiste en activarlas. “Este es uno de los mayores retos que tengo: concientizar a los padres de la necesidad de decirnos exactamente la edad de sus hijos para que podamos poner todos estos candados«, indica la especialista de Google desde su oficina en São Paulo. Los sistemas de filtrado de contenido, las restricciones publicitarias y otras salvaguardas dependen de esa información. Sin ella, la experiencia digital de un menor puede parecerse a la de un adulto, con exposición a publicidad o materiales no adecuados.
La situación ilustrada por Couto refleja un problema de mayor consideración: la brecha entre las herramientas disponibles y su uso real. Muchas familias desconocen funciones de seguridad básicas o no comprenden su importancia, lo que limita la confianza en cualquier estrategia de ciberseguridad. Tal es el caso de las herramientas de autenticación. Durante décadas, las contraseñas fueron la principal barrera (a menudo la única) para proteger nuestros dispositivos o perfiles de ojos ajenos, pero hoy representan un punto de máxima vulnerabilidad: se reutilizan, se anotan en papel o son tan simples que cualquiera podría adivinarlas en un par de intentos.
Deja de escribir 1-2-3-4-5-6 y dale chance a las passkeys
Las passkeys (llaves o claves de acceso) son un método de inicio de sesión que reemplaza las viejas contraseñas por credenciales criptográficas almacenadas en un dispositivo y desbloqueadas con tu huella, rostro o PIN. No obstante, su adopción enfrenta resistencias culturales y generacionales. Para muchas personas mayores, estas tecnologías resultan difíciles de comprender o generan desconfianza. Paradójicamente, suelen ser más seguras que las contraseñas tradicionales. Un teléfono robado, por ejemplo, puede bloquearse automáticamente o a distancia, reduciendo el riesgo de acceso no autorizado. Pero estas funciones solo sirven si los usuarios saben que existen y si hay suficiente confianza en ellas.
“Sí, este es un gran problema, porque aunque hoy hablamos cada vez más del uso de otras formas de iniciar sesión en nuestros productos y servicios, sabemos que existe una gran desconfianza hacia las nuevas tecnologías”, admite Couto a WIRED. “Hemos impulsado cada vez más programas de educación y concientización sobre su funcionamiento y la necesidad de adoptarlas, ya que, en última instancia, harán que la experiencia en el entorno digital sea más segura”.
Añadió: “Lo sé porque no ocurre solo en México; aquí mismo, en Brasil, por ejemplo, mi mamá, que tiene 72 años, encuentra muy difícil no solo entender cómo se utilizan estas nuevas tecnologías, sino también por qué son más seguras que una contraseña. Sin embargo, cuando vemos a muchas personas con sus contraseñas escritas en hojas de papel dentro de la cartera, basta con que ocurra algo, como un robo, para que todo se pierda. En cambio, si configuras el reconocimiento facial, eso no sucederá. Podrían robarte el celular, pero no podrán realizar el reconocimiento facial en ese momento y, por lo tanto, no tendrán forma de acceder al dispositivo”.
La seguridad digital del futuro es ya
En América Latina, la discusión sobre confianza digital se entrelaza con debates políticos y culturales sobre el uso indebido de datos biométricos. Nuevos sistemas de identificación gubernamental, como la CURP biométrica en México, despiertan temores sobre vigilancia de Estado, filtraciones o centralización de información sensible susceptible al hackeo.
“Yo no puedo hablar sobre lo que el gobierno mexicano hace con los datos, pero puedo decirte que en relación a Google, nosotros procedemos con todos los cuidados necesarios”. Desde la perspectiva corporativa que representa Priscila Couto, la protección de datos debe ser prioritaria desde el diseño de cualquier producto o servicio. La privacidad no puede añadirse después; constituye el núcleo de la relación de confianza con los usuarios. “Es el punto cero de cualquier cosa que hagamos, porque nosotros somos una empresa de tecnología y si algo pasa con los datos personales de nuestros usuarios, es el fin para nosotros”, indica la experta.