Los autores argumentan que la correlación ampliamente aceptada entre la caída de la natalidad y una eventual crisis económica no refleja las dinámicas demográficas actuales. Su análisis indica que la creencia de que la fertilidad aumenta conforme avanza el desarrollo no se ajusta a la evidencia empírica. Por el contrario, cuanto más alto es el Índice de Desarrollo Humano de un país, menor tiende a ser su fecundidad.
“Incluso países que antes se consideraban modelos para conciliar la vida laboral y familiar, como los nórdicos, han experimentado descensos inesperadamente pronunciados. La idea de que el desarrollo por sí solo recuperará la fertilidad ya no se sostiene”, señaló Marois en un comunicado.
Además, los investigadores cuestionan el propio concepto de nivel de reemplazo, al que describen como “un constructo artificial” que conduce a la estabilidad poblacional únicamente si se cumplen supuestos poco realistas, como una reducción sostenida de la mortalidad.
Lutz afirma que “no existe un único nivel de fertilidad ‘ideal’ que garantice prosperidad. En lugar de intentar alcanzar un objetivo arbitrario, los gobiernos deberían adaptar los sistemas de seguridad social a las nuevas realidades demográficas e invertir de manera decidida en educación y productividad. Bajo esas condiciones, las sociedades pueden prosperar incluso con menos nacimientos”.
No son las tasas de natalidad, es lo que hacemos con cada nacimieto
Ambos especialistas sostienen que la sostenibilidad económica depende más de la estructura etaria que del tamaño absoluto de la población. Niveles más altos de escolaridad, mayor participación laboral y aumentos en productividad pueden compensar, e incluso contrarrestar, los efectos de un menor número de hijos.
Desde esta perspectiva, una fecundidad reducida permitiría incrementar la inversión por descendiente, lo que podría traducirse en una mejora cualitativa del capital humano y, a largo plazo, en una disminución de la carga de dependencia.
Desde 2021, China ha implementado diversas iniciativas para revertir la caída de nacimientos. Entre ellas destacan la promoción de una “nueva cultura de matrimonio y maternidad”, que fomenta familias con madre, padre y tres hijos; subsidios por cada alumbramiento; ampliación de guarderías; y extensión de licencias parentales. Asimismo, se han impulsado medidas para limitar el número de abortos, considerados “tratamientos no esenciales”. A inicios de este año, el país estableció un impuesto al valor agregado de 13% sobre distintos fármacos y anticonceptivos, incluidos los preservativos.
En este contexto, el demógrafo He Yafu declaró a Bloomberg que “la eliminación de la exención del IVA es en gran medida un esfuerzo simbólico y es poco probable que tenga un impacto significativo a escala nacional”.
Políticas pronatales costosas y poco efectivas
Una postura similar se desprende de un estudio elaborado por Melissa Schettini y Phillip B. Levine, del Centro de Investigación sobre la Jubilación del Boston College. Su investigación sostiene que los incentivos gubernamentales para elevar la natalidad suelen ser costosos y poco eficaces.
Los autores subrayan que aún se requiere mayor investigación para comprender las causas profundas del descenso demográfico. Las explicaciones tradicionales se centran en factores económicos como vivienda, cuidado infantil o licencias parentales.