Estudio demuestra que beber café o té todos los días puede reducir el riesgo de demencia

Con el envejecimiento de la población mundial, la demencia se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más graves. Todos los tratamientos actuales tienen una eficacia limitada y a menudo es demasiado tarde para hacer nada una vez que aparecen los síntomas. Por ello, los investigadores se centran en la búsqueda de medidas preventivas que protejan la función cognitiva antes de la aparición de la enfermedad.

En este contexto, investigadores del Mass General Brigham y de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y del Instituto Broad, dirigido conjuntamente por el MIT y la Universidad de Harvard, han descubierto que el consumo de café y té con cafeína puede reducir el riesgo de demencia, según han demostrado recientemente en un amplio estudio prospectivo de cohortes.

«Al explorar el potencial de prevención de la demencia, pensamos que una bebida tan común como el café podría ser una intervención dietética prometedora», explica Daniel Wang, investigador del Mass General Brigham y profesor adjunto de la Facultad de Medicina de Harvard. «Nuestros hallazgos sugieren que el consumo de café y té con cafeína podría ser una pieza del rompecabezas para proteger la función cognitiva».

Bebidas que favorecen la salud cerebral

El café y el té contienen componentes como ‘polifenoles’ y ‘cafeína’ que se cree que favorecen la salud cerebral. Se piensa que estas sustancias podrían contribuir a reducir la inflamación e inhibir el daño celular asociado al deterioro cognitivo. Sin embargo, estudios previos sobre el café y la demencia a menudo han arrojado resultados inconsistentes debido a la corta duración del seguimiento y a la falta de datos sobre los patrones de consumo a largo plazo y los tipos de bebidas.

Por ello, Wang y su equipo realizaron un estudio de seguimiento de 131,821 participantes en el Nurses’ Health Study (NHS) y el Health Professionals Follow-Up Study (HPFS) durante un período de hasta 43 años. Se les evaluó repetidamente la dieta, el diagnóstico de demencia, las preocupaciones cognitivas subjetivas y el rendimiento cognitivo objetivo. La acumulación de un corpus de datos tan grande permitió a los investigadores examinar asociaciones a largo plazo que habían sido difíciles de observar en estudios anteriores.

Los investigadores analizaron ahora en detalle cómo la ingesta de tres tipos de café (café con cafeína, té –principalmente té negro–, y café descafeinado) estaba relacionada con el riesgo de desarrollar demencia y los cambios en la función cognitiva a lo largo de todo el período de seguimiento.

De los más de 130,000 participantes, 11,033 desarrollaron demencia durante el período de seguimiento. Se descubrió que los que consumían más café con cafeína tenían un riesgo un 18% menor de desarrollar demencia que los que rara vez bebían. También declararon un porcentaje menor de deterioro cognitivo subjetivo (7.8% frente a 9.5%) y obtuvieron mejores resultados en algunas pruebas cognitivas objetivas.

Los efectos más pronunciados se observaron en los participantes que bebían de dos a tres tazas de café con cafeína al día o de una a dos tazas de té al día. No se identificaron efectos nocivos en ingestas superiores, y los efectos fueron similares a los observados con cantidades moderadas.

En la cafeína puede estar la clave

En cambio, no se encontró una asociación similar para el café descafeinado. Dado que en los bebedores de té se observó un patrón similar al del café con cafeína, surge la posibilidad de que la cafeína desempeñe un papel especialmente importante. Sin embargo, los investigadores se muestran cautos y advierten que es necesario seguir investigando para dilucidar los mecanismos específicos.

Además, hallaron los mismos resultados al comparar a personas con distintos riesgos genéticos de demencia. «Esto significa que es probable que beber café sea beneficioso independientemente del riesgo genético de demencia», explica Yu Zhang, estudiante de doctorado de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard.

Por supuesto, la prevención de la demencia no puede completarse con un solo hábito. Implica una combinación de muchos factores, como el ejercicio, la dieta y las relaciones sociales. No obstante, saber que un pequeño hábito, como tomar café cada mañana o té después de comer, puede ayudar a proteger la salud del cerebro a largo plazo debería dar un nuevo sentido a nuestras elecciones diarias.

Editado por Daisuke Takimoto

Artículo originalmente publicado en WIRED Japón. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.