El golfo Pérsico se cierra al deporte: ¿fin de la ‘meca’ de los grandes eventos?

Qatar ha sido sede de campeonatos del mundo de atletismo, fútbol, natación, balonmano y gimnasia, entre muchos grandes eventos deportivos, y considera una postulación para los Juegos Olímpicos de 2036.

Su fondo soberano, el Qatar Sports Investments (QSI), es dueño del PSG campeón de la Champions League.

El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita posee el multimillonario circuito LIV Golf y el Newcastle United de la Premier League y el país alberga las Finales de la WTA y tiene asignada la sede del Mundial de Fútbol de 2034.

De Emiratos Árabes Unidos sale el capital para el mejor equipo del circuito de la UCI, el UAE Team Emirates de Tadej Pogačar, y un miembro de la familia real, el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyam, es propietario del Manchester City.

Pero los oasis del desierto parecen haber comenzado a secarse para el deporte, a medida que el conflicto de Irán salpica a los países del golfo Pérsico y los calendarios competitivos comienzan a tener sus páginas tachadas por eventos cancelados.

La Finalissima, que enfrentaría este 27 de marzo en el estadio Lusail de Qatar a los países campeones de la Copa América y la Euro, respectivamente, no pudo encontrar a tiempo un nuevo hogar. Y Argentina y España terminaron rellenando la fecha con duelos alternativos para la fecha FIFA.

Imagen de archivo que muestra a Lionel Messi celebrando la victoria de Argentina sobre Francia en la final de la Copa del Mundo de Qatar 2022. Lusail, 18 de diciembre de 2022. La Finalissima contra España, ahora cancelada, debía marcar el regreso de la albiceleste al estadio de su coronación.
Imagen de archivo que muestra a Lionel Messi celebrando la victoria de Argentina sobre Francia en la final de la Copa del Mundo de Qatar 2022. Lusail, 18 de diciembre de 2022. La Finalissima contra España, ahora cancelada, debía marcar el regreso de la albiceleste al estadio de su coronación. AP – Martin Meissner

La cancelación se debió, en parte, a que ninguna sede alterna fue capaz de garantizar a las federaciones y confederaciones involucradas las ganancias que Qatar prometía.

La Fórmula 1 canceló los Grand Prix de Bahrein y Arabia Saudita, y todavía le quedan dos válidas en la región, Doha y Abu Dabi, para cerrar la temporada, que quedan a la expectativa de una paz que, por el momento, luce lejana.

El Mundial de Moto GP reprogramó para noviembre el Grand Prix de Qatar, que debía correrse el 12 de abril, y la Copa del Mundo por Aparatos de gimnasia artística, radicada en Doha, no se disputará este año.

Es tal vez una situación coyuntural, que tiene urgencias mucho más allá de lo competitivo que están apremiando por una solución.

Sin embargo, desnuda una realidad ante la cual la industria deportiva parece haber preferido hacer oídos sordos, atraída por una bonanza sin límites, sin cuestionamientos y sin rendición de cuentas.

Calendarios en la incertidumbre

Solo Qatar tiene 83 eventos con alcance regional o mundial programados para este año. Además de los cancelados, la lista incluye una válida del Tour Mundial de baloncesto 3×3, el Mundial Sub-17 de voleibol masculino, el de tiro deportivo, el de triatlón y el Mundial Universitario de levantamiento de pesas.

Eso sin contar con que el próximo año albergará el Mundial de baloncesto y mantiene su candidatura a los Juegos Olímpicos de 2036, para los que, de acuerdo con el presidente del Comité Olímpico local, Joaan bin Hamad Al Thani, están listas el 95% de las instalaciones.

Mucho antes de eso, Doha debe ser escenario de la primera válida de la Liga Diamante de atletismo, programada para el 8 de mayo.

Consultada por France 24, la organización del circuito deportivo reconoció que monitorea el conflicto del Medio Oriente para tomar una decisión sobre el evento.

“Estamos siguiendo de cerca la situación y la revisaremos a principios de abril. Seguimos muy de cerca las actividades en la zona y mantenemos un estrecho contacto con los organizadores locales, ya que la seguridad de los atletas y los espectadores es nuestra máxima prioridad”, informó el gerente de medios de la Liga, Matthew Quine, en un correo electrónico.

Winfred Yavi, de Baréin, compite durante los 3000 metros obstáculos femeninos en la válida de la Liga Diamante en Doha, el 16 de mayo de 2025. La edición de este año está en duda por el conflicto del Medio Oriente.
Winfred Yavi, de Baréin, compite durante los 3000 metros obstáculos femeninos en la válida de la Liga Diamante en Doha, el 16 de mayo de 2025. La edición de este año está en duda por el conflicto del Medio Oriente. AP – Hussein Sayed

Arabia Saudita, por su parte, alberga en noviembre el Mundial de BMX Freestyle y las Finales de la WTA.

Además, tiene contrato para recibir la Supercopa de España hasta 2030 y se cree que ofreció 138 millones de dólares para retener la de Italia hasta 2029.

Desde 2009, el rally Dakar, antiguo París-Dakar, no sale de París ni llega a Dakar, ni siquiera incluye una etapa en alguna de esas ciudades, y en sus siete últimas ediciones se ha dedicado a recorrer las arenas del desierto de Arabia Saudita.

El LIV Golf, también con capital saudita, se dio el lujo de ofrecer el mayor contrato de la historia del deporte: los 550 millones de dólares con los que el circuito atrajo al español Jon Rahm, aunque el récord fue roto poco después por las contrataciones de Shohei Ohtani con los Dodgers de Los Ángeles y Juan Soto con los Mets de Nueva York.

El próximo año, la Copa Asiática de fútbol será un primer ensayo general para el Mundial de 2034. Y comenzó con el pie izquierdo, porque el conflicto en el Medio Oriente obligó a suspender el sorteo, previsto para el 11 de abril.

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Emiratos Árabes Unidos también tiene una agenda en riesgo. En Abu Dabi se define en diciembre la temporada de la Fórmula 1 y Dubai tiene torneos ATP, WTA y del circuito mundial voleibol de playa, entre otros eventos. En ambas ciudades, así como en Doha, hubo partidos suspendidos de la Champions League asiática.

Aparte del Grand Prix de Fórmula 1 suspendido, Bahrein tiene una válida del DP Tour, variante europea del circuito de la PGA de golf, así como un torneo ATP, y hace menos de seis meses fue escenario de los Juegos Asiáticos de la Juventud.

A diferencia de lo que el abultado calendario sugiere, los países del golfo jamás fueron inmunes a los conflictos que sacuden al Medio Oriente, pero se convirtieron en polos atractivos para la agenda deportiva no a pesar de ello, sino precisamente por eso.

Como explica Nicolas Alexander Beckmann, profesor de Estudios Globales de la Universidad de los Andes en Bogotá, los riesgos asociados a trasladar operaciones deportivas a la región funcionaron como una especie de cláusula de siniestralidad, ya que desplazar hacia allá los eventos se convirtió en garantía de una ganancia mucho mayor.

“Los arquitectos de estos eventos son conscientes de qué tipos de sociedades son, de los sistemas políticos, de la represión, de la conflictividad y de la inestabilidad que puede estar presente en esas regiones”, advierte Beckmann, haciendo referencia a las organizaciones deportivas que han convertido al Medio Oriente en su patio de recreo.

“Justamente por eso estos países pagan tanto dinero, porque los que ofrecen el servicio de entretenimiento deportivo cobran más en esas partes del mundo que en otras”, agrega el experto. “Ahí está el atractivo del negocio: los gobiernos árabes han estado muy dispuestos a pagar esas grandes sumas, porque de otra forma no habría espectáculo”.

Nahuel Lanzón, periodista especializado en fútbol de Medio Oriente, agrega otro elemento: el blindaje aparente que los países de la región pusieron en práctica para garantizar convertirse en capitales deportivas.

“El riesgo siempre estaba latente, porque la zona es conflictiva”, apunta Lanzón. “Los países del golfo se encargaron en los últimos años, más allá de la inversión deportiva, de armar una red de contención geopolítica, a través de alianzas estratégicas y militares, pero lo cierto es que la posibilidad de un conflicto más escalado como el que estamos viendo ahora nunca fue cero”.

Y así, mientras las grandes organizaciones deportivas encontraban en el desierto un oasis de inversionistas dispuestos a poner en juego capitales más grandes que cualquier otro polo deportivo, para las monarquías petroleras también había beneficios.

La kazaja Elena Rybakina posa con el trofeo de campeona de las finales de la WTA. Riad, 8 de noviembre de 2025. El ente rector del tenis femenino fue duramente criticado por asociar el evento con un país como Arabia Saudita, donde el papel de la mujer en la sociedad está sometido a fuertes restricciones.
La kazaja Elena Rybakina posa con el trofeo de campeona de las finales de la WTA. Riad, 8 de noviembre de 2025. El ente rector del tenis femenino fue duramente criticado por asociar el evento con un país como Arabia Saudita, donde el papel de la mujer en la sociedad está sometido a fuertes restricciones. AP – Fatima Shbair

Los eventos competitivos de altísima factura se convertían para los gobiernos de la región en una vitrina mucho más atractiva que los cuestionamientos sobre su récord de Derechos Humanos.

“Para estos países como Arabia Saudita o los Emiratos traer espectáculos deportivos es una forma de mostrarse y dar a la sociedad el gusto de ver cosas diferentes, sin tener que abrirse políticamente”, apunta Beckmann. “Es mostrar que están conectados con el mundo, que pueden ofrecer espectáculos a la población, pero sin hacer ningún tipo de concesión política”.

No es un fenómeno que no se haya visto antes en el deporte. Incluso se ha ganado su nombre propio: ‘sportswashing’.

El lavado reputacional o blanqueo de imagen a través del deporte puede ser rastreado hasta su primera gran expresión: los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 en la Alemania nazi, con Hitler promoviendo su agenda de la superioridad racial bajo los cinco aros.

Nicolas Alexander Beckmann advierte que no solo en Medio Oriente se está produciendo el fenómeno: “Ya hemos tenido mundiales de fútbol en Qatar y Rusia, y ahora mismo hay un debate sobre hacerlo en Estados Unidos y México, donde también hay problemas de orden político y de orden público”.

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Precisamente la escasa rendición de cuentas a la que están obligados gobiernos sin contrapesos democráticos, como varios del golfo, los convierte en una garantía de grandes inversiones sin mayor control ni auditoría.

“En un mundo que atraviesa un momento tan complicado, el deporte va a ir donde pueda hacer ganancias y donde perciba un nivel de estabilidad suficientemente alto, porque si no quedarían pocas opciones de países o regiones donde puedan hacerse estos espectáculos”, agrega Beckmann.

¿Y qué pasa con las inversiones fuera de la región?

Otra dimensión de las consecuencias del conflicto en Medio Oriente para el deporte probablemente se verá en las grandes inversiones para desarrollar circuitos, como el LIV Golf o la multimillonaria Saudi Pro League, o adquirir la propiedad de grandes franquicias.

Equipos como el UAE-Team Emirates de ciclismo, o en el fútbol el PSG, el Newcastle o el Manchester City han marcado una tendencia que se ha trasladado a todos los aspectos de estos deportes.

No se trata solo de grandes resultados, sino de influir por completo en un mercado, como advierte Nahuel Lanzón.

“Lo que ingresa por los fondos aportados desde Medio Oriente se ver reflejado, por ejemplo, en los contratos de los jugadores. Hay una relación directa con un gasto que es cada vez mayor”, apunta el periodista, creador del portal Alterfútbol.

Pocos equipos son capaces de responder a las enormes inversiones que alimentan a los equipos propiedad de las coronas del golfo.

El Chelsea, que sí lo hizo, terminó multado por la Premier League por irregularidades financieras cometidas durante el tiempo en que el oligarca ruso Roman Abramovich fue su dueño, antes de ser adquirido por un consorcio encabezado por el accionista de los Dodgers de Los Ángeles, Todd Boehly.

Los jugadores del Manchester City celebran con el trofeo de la Copa de la Liga inglesa, ganado sobre el Arsenal en Londres el 22 de marzo de 2026. El capital qatarí detrás del equipo ciudadano ha derivado en una cosecha histórica tanto en Inglaterra como en la Champions League.
Los jugadores del Manchester City celebran con el trofeo de la Copa de la Liga inglesa, ganado sobre el Arsenal en Londres el 22 de marzo de 2026. El capital qatarí detrás del equipo ciudadano ha derivado en una cosecha histórica tanto en Inglaterra como en la Champions League. AP – Maja Smiejkowska

El propio City espera por las sanciones derivadas de la detección de 115 faltas a las normas del ‘fair play’ financiero de la liga inglesa.

Nahuel Lanzón cree, sin embargo, que una eventual reducción de inversiones corporativas de las monarquías petroleras en el fútbol tendrá un impacto limitado.

“En el fútbol de élite quizás pueda haber una merma, pero la UEFA, los clubes y las ligas tienen mecanismos para sustituir estos ingresos”, asegura Lanzón.

“Así como Medio Oriente ha invertido en el fútbol, muchos otros países han tomado nota de esto y tranquilamente puede pasar que otros capitales de otras regiones puedan suplirlo, o incluso empresas privadas, como lo estamos viendo en Estados Unidos, con esta simbiosis que hay con la FIFA”, agrega el experto.

Sin embargo, no visualiza en un escenario que incluya un retiro total de las inversiones de Medio Oriente: “Sí puede haber una especie de shock de corto plazo, pero en el mediano plazo debería estabilizarse, siempre y cuando la situación no obligue a un replanteamiento de estas inversiones”.

¿Un deporte sin capital?

El futuro de la actividad deportiva en la región está completamente ligado a la evolución de la situación geopolítica, pero incluso una rápida solución puede venir acompañada de un “daño reputacional significativo”, como advirtió James Dorsey de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur a la agencia AFP.

Según como termine la guerra quedarán planteadas las previsiones del futuro sobre las canchas.

“Si termina rápidamente y con relativamente pocos daños de infraestructura, mi expectativa sería que vuelva más o menos rápido a la normalidad, porque no hay otros países con semejantes capitales para sustituir esos ingresos para el deporte”, apunta Nicolas Alexander Beckmann.

Si los gobiernos, en cambio, se ven obligados a desviar las inversiones a procesos de reconstrucción de más envergadura, en un escenario de ingresos mermados por las limitaciones a la exportación de petróleo y gas, el deporte será el gran perjudicado.

Eventos como el Mundial de 2034 o incluso los Juegos Olímpicos de 2036 (que deben ser asignados como mínimo siete años antes) lucen más lejanos como para que la coyuntura actual los afecte.

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Tercer día de guerra en Irán.
Tercer día de guerra en Irán. © France 24

Eso podría cambiar si los países del golfo se unen a las hostilidades, como lo han sugerido informes de prensa que citan a personas relacionadas con las decisiones.

“Estaríamos hablando de una situación bélica con mayor nivel de escala y con una violencia que podría poner en riesgo eventos más próximos, como la Copa Asiática”, advierte Lanzón. “Con el paso de las semanas y los meses, si la situación no desescala, tendríamos que empezar a revisar nuestra posición sobre el deporte en Medio Oriente”.