Dominicanos en NY, una comunidad huérfana de líderes

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Hay diásporas que sostienen países enteros con remesas, pero no logran sostener su propio barrio. Esa es la paradoja de los dominicanos en Nueva York: somos la comunidad extranjera más grande de la ciudad, la que más pequeños negocios abre en el Alto Manhattan y El Bronx, la que llena consulados y teatros. Pero a la hora de reclamar, de organizarnos, de poner agenda, muchas veces parecemos huérfanos de líderes.

No hablo de figuras para la foto del Desfile Dominicano. Hablo del liderazgo de calle, el que toca la puerta del concejal cuando suben la renta, el que se sienta con el precinto 34 cuando hay una ola de atracos en Dyckman, el que convoca a los padres porque la escuela 115 se está cayendo. Ese liderazgo hoy escasea.

Nuestros barrios despertaron políticamente en los 80 y 90. De ahí salieron concejales, asambleístas, senadores estatales. Se peleó por oficinas, por contratos, por representación. Ganamos espacios. Pero con los años, muchos de esos espacios se volvieron fines en sí mismos. El líder se mudó del apartamento de Inwood a un suburbio, el distrito lo heredó un sobrino, y la conexión con la bodega, la peluquería y la base se enfrió.

EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de Almomento.net. Reside en Nueva York.

Hoy el resultado es visible: se incendia un edificio en Dyckman y las familias corren solas al Consulado. Cierra una escuela bilingüe en Washington Heights y no hay un comité de padres dominicanos plantado en el Departamento de Educación. Suben los casos de desalojos en El Bronx y la respuesta es un flyer, no una estrategia.

EL COSTO

Una comunidad sin líderes propios termina representada por otros. Otros negocian con el alcalde, otros deciden qué festival se financia, otros explican en televisión quiénes somos cuando pasa una tragedia. Sin dolientes organizados, somos votos cada dos años y titulares cuando hay un crimen. Punto.

Peor aún: el vacío lo llena el “resuelve” individual. El que tiene un contacto en el Consulado ayuda a su familia, pero no empuja un protocolo para todos. El que conoce al capitán consigue que patrullen su cuadra, pero la cuadra de al lado sigue sola. Así no se construye poder comunitario. Así se sobrevive.

¿DONDE ESTAN LOS NUEVOS LIDERES?

Están, pero no conectados. Es la dueña del salón en Saint Nicholas que organizó una colecta tras el fuego de Inwood. Es el chofer de Uber que creó un chat para avisar de retenes de ICE. Es el maestro de ESL en la escuela Gregorio Luperón que da clases gratis de ciudadanía los sábados. El problema es que trabajan solos, sin red, sin formación política y sin relevo. Se cansan, se queman, y el barrio vuelve a cero.

Si queremos peso real y no solo presencia, toca hacer tres cosas urgentes:

1. Formar liderazgo de base, no solo candidatos: Enseñar en las iglesias de la 207, en las asociaciones de taxi, en los clubes de madres, cómo se testifica en el Concejo Municipal, cómo se lee el presupuesto del condado, cómo se hace una campaña de presión que salga en los principales noticieros. El liderazgo es un oficio. Se aprende.

2. Exigir a quienes ya están arriba: Al concejal, al asambleísta, al cónsul. El voto dominicano los puso ahí. Tienen que rendir cuentas en el barrio cada 90 días, no cada campaña. Y si no sirven, se buscan otros. Sin drama, sin chantaje. Con votos.

3. Construir agenda propia antes de la crisis: No podemos reunirnos solo cuando hay un muerto o un desalojo. ¿Cuál es la agenda dominicana en Nueva York para 2026? ¿Vivienda asequible en Inwood? ¿Cupos bilingües garantizados? ¿Una oficina de atención a víctimas de incendios con personal que hable español y entienda el sistema? Si no la definimos nosotros, nos la imponen.

Nueva York no regala nada. Lo que tenemos lo peleó gente que ya no está. La orfandad de líderes no se resuelve con nostalgia ni con quejas en WhatsApp. Se resuelve cuando el bodeguero, la paralegal, el pastor y la estudiante deciden que este barrio también es suyo y que toca dirigirlo.

Porque una comunidad con remesas pero sin líderes, termina poniendo los muertos, el dinero y el voto… para que otros decidan. Y ya estuvimos ahí.

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