Abinader: reconocer lo bueno y corregir lo malo (OPINION)

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Soy opositor, tengo 27 años de alianza en apoyo al Dr Leonel Fernández Reyna, por lo cual no tengo vínculo político alguno con el PRM; por ende, no aplaudo por compromiso, pero tampoco negaré la realidad por fanatismo y la realidad dice algo que a muchos de mis compañeros de la oposición no les gusta escuchar: no todo lo que ha hecho el Gobierno del Cambio es malo; algunas cosas se han hecho bien, solo que esas cosas buenas se han ido perdiendo en el ruido, en la indolencia y en el silencio de los mismos que debieron defenderlas.

La gestión del Presidente Abinader ha tenido principalmente tres aciertos que hay que reconocer; primero lo primero y la justicia obliga, veamos:

1- El manejo económico post-pandemia

La República Dominicana fue de los primeros países que recuperó el turismo, que ha mantenido la estabilidad macro y que ha crecido pese a la crisis, los números fríos así lo dicen: inversión extranjera récord, reservas altas, buena gestión en el Banco Central. A un gobierno se le puede criticar, pero en el caso particular nuestro, el país no quebró y eso de por sí en América Latina es un logro.

Luis Abinader

2- El intento serio de institucionalidad.
Se puede discutir que no es suficiente, pero nadie con un mínimo de sensatez puede dejar de reconocer el prestigio que ha alcanzado en esta gestión el Ministerio Público, en donde los políticos ya no tienen el control, o en Compras y Contrataciones Públicas, que ha transparentado procesos donde antes existía una verdadera cueva de estafadores, porque ya las licitaciones con todos sus fallos no son el cheque en blanco de antes. Hay que admitir que el Presidente con algunos escándalos de funcionarios de esta administración, las acciones de sometimiento inmediato no se han hecho esperar y eso ha sembrado la idea en una parte de la ciudadanía de que robar sale caro y eso es positivo porque termina por cambiar a un país.

3- La marca país hacia afuera se refuerza.
Es innegable que RD está presente en todos los foros, auspiciando que lleguen más inversiones y tratando de dar seguridad jurídica a las mismas. El presidente Abinader vende estabilidad frente al mundo y eso sin duda trae dólares, empleos y una mayor confianza, algo realmente positivo y negarlo me convertiría en un opositor irracional y ese no debe ser mi papel.

Ahora bien, reconocer no es alcahuetear y es aquí donde el Presidente pone en riesgo el legado de lo que ha hecho bien y se define en lo que él puede y debe corregir:

Dos debilidades que le están costando muy pero muy caro.

1- La comunicación: El gobierno puede hacer algo bien, pero no lo cuenta.
El presidente tiene obras, pero no tiene relato; habla con técnicos para garantizar la estabilidad macroeconómica, pero se olvida del ciudadano que va al colmado. La gente no sabe cuántas aulas se han construido, cuántos hospitales se han remozado o entregado, cuántos kilómetros de carreteras se han asfaltado. ¿Por qué? Nadie se lo dice en el idioma que entiende el pueblo; la estructura comunicacional del gobierno no ha sabido hacer que se conozcan las obras y estas al parecer son un secreto bien guardado y los secretos no construyen ni reconocimientos ni legados.

2- En la calle: La macro va bien y la micro muy mal, y eso duele.
La gente no come PIB,come arroz, paga la luz y coge tapón, la inflación le consume cualquier aumento de salario, la electricidad se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza, la inseguridad no afloja y el transporte se lleva más del 20% de los ingresos. Por eso no importa que los números macroeconómicos estén en azules cuando la gente no lo siente en el bolsillo, y eso hace que el gobierno pierda conexión con las grandes mayorías nacionales, cosa que bien pudiese revertir con políticas focales, con subsidios inteligentes y con presencia real en el pueblo, dando la cara y no precisamente con ruedas de prensa.

LO INACEPTABLE: UN FUNCIONARIADO DE MUDOS
El presidente Abinader, más que un problema de gestión, tiene un problema de defensa; su gabinete tiene miedo de hablar y más aún de explicar. Son pésimos voceros, primero porque no dan la cara frente a los problemas y, cuando aparecen, es 3 días después que las denuncias o los escándalos ya han hecho daño.
El Gobierno del Cambio está lleno de ministros y directores que tuitean fotos de inauguraciones, pero que no salen a explicar las obras y mucho menos a debatir la pertinencia de las mismas, y es por eso que pierden la narrativa.

Es infantil pensar que la oposición va a defender las obras del gobierno o que la prensa y los influencers se lo van a hacer de gratis, eso le toca primordialmente a los funcionarios. Ellos deben defender sus proyectos, bajar a la calle, aguantar críticas y explicar 100 veces lo mismo si fuese necesario hasta que la gente lo entienda.

Muy por el contrario, estos han dejado solo al Presidente Abinader, quien pone en riesgo cada día el capital reputacional que le queda aún, en la defensa de todo lo que hace el Gobierno, y eso no es justo ni inteligente, pero como a esta administración le restan todavía dos años, el jefe del Estado no tiene otra opción que sustituir a los mismos por gente que de verdad sepa que gobernar es 50% hacer y 50% comunicar.

Es que en la nueva sociedad líquida de hoy el Gobierno puede tener todas las razones del mundo y todos los números a su favor, pero si la gente en la calle no siente el alivio en sus bolsillos, no va a escuchar razones que valgan y es por eso que el muy renombrado profesor de Ciencias Políticas de Harvard, escritor y político canadiense Michael Ignatieff expresó esta cita: Cuando las cosas andan mal, la gente no escucha razones. “Escucha a quien le diga quién tiene la culpa”. ¿Qué quiso decir con eso el profesor Ignatieff disertando sobre populismo y crisis? Que en tiempo de crisis económica, de miedo o de frustración, los ciudadanos no votan por el que explica el PIB o el déficit, votan por el que señala al culpable de dicha situación.

Este artículo no nace de la animadversión, ni de las diferencias; nace de la necesidad de hacer entender que el gobierno debe cambiar el rumbo, simplemente porque el pueblo no aguanta esperar las elecciones a que llegue otra administración y también porque la oposición no debe hacer politiquería con las necesidades más sentidas de la ciudadanía.

Reconozco lo bueno que ha hecho el Presidente Abinader; lo bien hecho está ahí y nadie sensato lo debiera negar, pero reconocer lo bueno no puede cegarnos ante lo que viene.

Desde mi óptica de opositor, deseo ser brutalmente honesto: si el jefe del Estado no corrige la comunicación, si no ataca de frente los problemas del bolsillo de la gente y no cambia a los funcionarios mudos que no defienden su obra, le estará tal vez, sin quererlo, abriendo la puerta a lo peor que nos puede pasar, que no será que le gane al oficialismo la oposición tradicional, la de centro, la que pudiese darle continuidad a las obras de lo bueno ya realizado, o el corregir los entuertos para hacer realidad lo que el pueblo espera con ansiedad y es que se le busquen soluciones tangibles a los problemas básicos del diario vivir.

Mi profunda preocupación.
Presidente Abinader, desde la acera opositora le expreso: lo más perjudicial en el 2028 sería que no gane ni el PRM ni nosotros; lo más dañino será que se le abra la puerta de par en par a los outsiders, A los nuevos mesías, a los que vienen con discursos radicales y disruptivos, con recetas mágicas y vacías a prometer “el tumbarlo todo para empezar de nuevo”.

Esos no construyen. Destruyen, quieren restaurar con motosierras y lo peor es que pueden llegar al poder no por lo bueno que proponen, sino por el vacío que dejan los que no supieron defender lo que hicieron, o también, ¿por qué no decirlo?, que el liderazgo prudente de la oposición en su exceso de sensatez no despierte las pasiones de los extremistas que le venden la panacea a una gran legión de electores indignados, que llenos de ira con su voto quieran barrerlo todo.

En estos tiempos se están construyendo los mejores ejemplos, más aún cuando los extremos están en boga y los aires favorecen a los candidatos ultra que prometen cambiar los cimientos mismos de la sociedad.

El Presidente Abinader, con su legado y el futuro del país, no puede jugar esa ruleta rusa, el Gobierno está obligado a relanzarse y empatizar más con las causas populares y nosotros, los de la oposición, tenemos que servir de auténticos voceros de las causas populares más sentidas.

No podemos dejar bajo ninguna circunstancias que aventureros ocupen un espacio mayor en la estima electoral ciudadana, con ello no quiero decir de modo alguno que el nuevo liderazgo joven y digital no deba tener participación en los poderes públicos, lo razonable es que estos tuviesen representantes en los ayuntamientos y en el Congreso Nacional como contrapeso social, pero de ahí a convertirse en inquilinos del Palacio Nacional no sería lo más factible de modo alguno, porque es innegable que tanto los gobiernos de Leonel, como los de Danilo y, claro está, el del hoy Presidente Abinader, han llevado la República Dominicana a un estadio de desarrollo jamás esperado, pero ese crecimiento no puede ser que solo se vea en el mejoramiento patrimonial de los que más tienen, porque si no existe un esfuerzo serio por parte del Señor Presidente Abinader en poner su principal atención en estos dos años que le restan a los problemas microeconómicos de la población, estamos encaminados a un inexorable salto al vacío, todo porque le daremos las armas y la narrativa para que nuevos mesías ofrezcan cambiarlo todo y, lo peor, que de llegar alguno lo cumpla!!

jpm-am

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