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La política, cuando ha sido ejercida desde las entrañas de una comunidad que tuvo que sangrar para ganar cada centímetro de acera en Nueva York, no lo hizo por complacencia o un ejercicio de simple aritmética electoral.
Lo hizo para que la comunidad dominicana en el Distrito 13, tuviera un representante como Adriano Espaillat en el Congreso de los Estados Unidos, y crear una línea roja que nadie puede cruzar, como parte de nuestra existencia política.
Adriano en la primaria demócrata va a ganar, y tiene que ganar: los números, la historia y la gratitud de un pueblo apuntan a ello.
Pero si por una de esas trágicas casuísticas de lo inesperado el resultado fuese adverso, ese día no será una fecha más: será un día maldito, una jornada de luto y endecha que recordará los lamentos de Jeremías ante los muros destruidos o la amargura de Job maldiciendo el día en que nació.
Porque Adriano Espaillat no es resultado de ensayos ni de improvisación de branding y mercadotecnias para la creación de una imagen política y venderla, sino de las batallas campales en Nueva York; de los mortales momentos en cada esquina donde se tuvo que luchar cuerpo a cuerpo contra aquellos que querían intoxicar a nuestros niños y jóvenes en las escuelas, destruir el comercio local y condenar al olvido a los inmigrantes.
Acciones
No podemos olvidar su dedicación desde el Consejo Comunitario del Precinto 34 y la Junta Comunitaria 12, trabajando para limpiar los barrios. Su peso se mide en realidades, de ser profesor de escuela y, a pesar de los cambios bruscos de temperatura, salir a regar volantes y levantar la voz en defensa de los suyos.
Desde su acceso directo al poderoso Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes, Espaillat ha canalizado millones de dólares en fondos federales para infraestructura, salud y educación pública en el Alto Manhattan y el Bronx.
Dentro de su logro está también, la extensión de la Segunda Avenida del subway, el financiamiento a los pequeños negocios que sostienen la economía vecinal y las leyes de protección de inquilinos que evitaron el desahucio masivo de nuestras familias.
Frente a esa hoja de servicios, sacrificios, y honradez —no se le ha podido moralmente cuestionar, y hemos visto caer a muchos— se intenta, ahora, levantar una alternativa artificial y detrás de bambalinas opera la mano y el desprecio ideológico del Alcalde Zohran Mamdani, cuyo pensamiento y agenda revelan un profundo desdén por nuestras costumbres y tradiciones familiares, nuestra fe religiosa, y nuestra convicciones políticas y étnicas que nos han unificado como comunidad.
Y con ello intentar imponer un modelo ajeno, trayendo como tarjeta de presentación a una joven sin cancha, carente de cicatrices en las luchas comunitarias, que no conoce el asfalto cuando las papas queman ni estuvo en las trincheras donde la diáspora se jugaba la dignidad.
Una joven que no ha hecho fila ni ha cogido pupitre en las bregas de las conquistas sociales.
Ese intento de sustituir el liderazgo orgánico por una pieza de diseño ideológico responde a intereses extraños contra nuestros códigos identitarios.
Perder esa cuota —jamás— de poder no significaría un simple relevo legislativo; sino la demolición de un bloque de poder que tardó treinta años en construirse. Ver caer ese bastión bajo el impulso de agendas que nos desprecian equivaldría a contemplar una catástrofe comunitaria.
Por eso, el asfalto ruge y la memoria histórica se activa; la comunidad sabe lo que está en juego.
Adriano Espaillat representa la victoria de los que empezaron desde abajo; su triunfo es la garantía de que nuestra voz no será silenciada en Washington, y que cualquier otro escenario abriría las puertas a un invierno de lamentos.
Para mirar una figura de Judas Macabeo liderando a los suyos en las montañas para defender el templo y la memoria de sus ancestros contra Antíoco Epífanes y el imperio que pretendía helenizar su fe, Adriano Espaillat encarna la resistencia de un pueblo que no se rinde ante agenda extraña.
La diáspora dominicana no va a entregar en las urnas lo que tanto sudor, lágrimas y oración costó conquistar en las calles.
Este distrito no será entregado al desprecio ni a la improvisación. La historia ya ha dictado su fallo: la victoria de Adriano es la victoria de nuestra identidad, y ese día, la dignidad de nuestra gente brillará con la fuerza de los justos, dejando a los agoreros de la derrota sepultados bajo el peso de su propio fracaso.
Por último les advierto a los electos que deben ponerse a resguardo, mañana serán ustedes, la comunidad en sentido general.
Porque Mamdani quiere dominar cada espacio de Nueva York con su ideología fundamentalista.
No podemos permitir que la antorcha dominicana y la fe cristiana se queden sin aceite para alumbrar.
jpm-am
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