Consulado RD en NY, el zafacón de los partidos (OPINION)

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Si hay un símbolo perfecto de cómo los partidos dominicanos maltratan a su diáspora, ese es el Consulado Dominicano en Nueva York. Décadas van y vienen, gobiernos del PRD, del PLD, del PRM, y la historia se repite como una maldición: el consulado más importante del país en el exterior convertido en el zafacón político donde se tira todo lo que no sirve en Santo Domingo.

Allí va el candidato que perdió. El dirigente que incomoda. El que financió y hay que pagarle. El que está quemado pero tiene padrino. El que no cabe en ninguna institución seria, pero hay que darle algo que suene grande. ¿Qué más grande que Cónsul en Nueva York?

Y así nos han tratado siempre: como ciudadanos de segunda que tienen que aguantar lo que la capital desecha.

LA PLAZA MÁS IMPORTANTE

Que nadie se equivoque. El Consulado Dominicano en Nueva York no es una oficina cualquiera. Es el consulado dominicano más grande del mundo. Atiende a casi un millón de dominicanos solo en el área triestatal. Mueve millones de dólares en servicios consulares. Es, en la práctica, una pequeña presidencia para la diáspora.

Por sus manos pasa la vida del dominicano ausente: el pasaporte del hijo que nació aquí, el poder para vender la casita en Santiago, la carta de ruta para llevarse a su madre muerta, la asistencia al preso, al deportado, al desamparado.

No es un premio. Es una responsabilidad enorme que requiere gerencia, diplomacia, sensibilidad humana y capacidad probada. Pero los partidos lo han reducido a una agencia de empleos para militantes.

El modus operandi ya lo conocemos todos y se repite cada cuatro años con precisión quirúrgica:

Se hace una lista de los que hay que «resolver». El que se sacrificó, el que perdió una senaduría, el que gritó mucho en campaña.

EL EXILIO DORADO

Como no hay espacio para ellos en Santo Domingo sin provocar una guerra interna, los mandan lejos, a Nueva York, con visa diplomática, salario en dólares y una oficina lujosa en Manhattan.

Llega el nuevo cónsul sin conocer la comunidad, sin entender la dinámica de esta ciudad, sin equipo, con ínfulas de virrey. Trae a su gente, humilla al personal de carrera, monta una corte de lambones y se dedica a hacer política para volver a aspirar en República Dominicana.

Resultado: a los seis meses la comunidad lo rechaza, los escándalos empiezan, los servicios colapsan y el consulado vuelve a ser lo que siempre fue: una casa de citas políticas.

LA DIÁSPORA QUE MANTIENE EL PAÍS

Y lo más indignante es a quién se le hace esto. A la diáspora que sostiene la economía nacional. A los que aportamos más de 10,400 millones de dólares en remesas al año. Más que el turismo, más que la inversión extranjera, más que todos los préstamos juntos.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York

Nosotros no le pedimos nada al Estado. Nos fuimos porque el Estado nos falló. Y aun así, seguimos manteniendo el país. Lo mínimo que merecemos es respeto, no que nos manden los desechos de la política vernácula.

Un dominicano en El Bronx que trabaja 12 horas limpiando oficinas merece ser atendido por un profesional, no por el primo del presidente o por un candidato quemado que ve a Nueva York como castigo.

¿CUÁNDO SE ACABA ESTO?

La pregunta que flota en cada bodega, en cada salón, en cada base de taxis es: ¿hasta cuándo?

¿Hasta cuándo los dominicanos de Nueva York vamos a aceptar que nos impongan cónsules sin consultar a la comunidad? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que el consulado sea usado como comando de campaña?

La solución no es difícil, pero requiere voluntad política que ningún partido ha tenido:

Primero, profesionalizar el servicio exterior. Que el cónsul sea de carrera o, al menos, una figura con experiencia probada en gerencia y diáspora.

Segundo, crear un consejo consultivo real de la comunidad, no de amigos del cónsul, que supervise y exija.

Tercero, auditar el consulado. Que se sepa cuánto entra y en qué se gasta. Porque el consulado recauda millones y nadie sabe dónde termina ese dinero.

La comunidad dominicana en Nueva York ya no es la de los años 70, callada y agradecida por cualquier migaja. Es una comunidad empoderada, con congresistas, con concejales, con empresarios, con profesionales. Una comunidad que ya no aguanta más zafacones.

Queremos un consulado digno. No un basurero político.

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