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Por ALEJANDRO SANTOS
Leonel y Omar asumen un riesgo al permitir que se asiente la creencia de que ambos, directa o indirectamente, están enfrascados en una lucha generacional dentro de sus respectivas carreras políticas hacia la Presidencia de la República.
No es común que un padre y un hijo coincidan en el tiempo y el espacio político, y que ambos posean condiciones para optar por la Presidencia de la República.
Se propaga la idea de que el senador del Distrito Nacional está preparado para competir por la candidatura presidencial. Como principales argumentos se señalan su menor tasa de rechazo frente a Leonel y su mejor valoración en algunas encuestas.
Las consideraciones sobre el posicionamiento político de Omar han comenzado a despertar preocupaciones en el seno de la Fuerza del Pueblo.
Oficialmente, no se ha declarado un debate abierto sobre el relevo dentro de la organización, pero sí parecen existir dos corrientes con intereses encontrados en torno a sus posibilidades de alcanzar el gobierno.
El contexto creado alrededor de una posible tensión política y generacional entre Leonel y Omar parece trascender sus propias voluntades, pues son algunos de sus círculos cercanos quienes dan la impresión de estar protagonizándola.

Entre Leonel y Omar no se vislumbran malquerencias personales ni disputas políticas irracionales.
Pero existe un lenguaje mudo en la política que permite percibir voluntades actuando a puertas cerradas para promover o impedir la renovación y el relevo dentro de los partidos.
En ese contexto, circula la percepción de que algunos sectores cercanos a Leonel se empeñan en cerrarle el paso a Omar. Puede haber matices de verdad en esa interpretación, y llevar esa resistencia demasiado lejos podría terminar perjudicando las propias aspiraciones de Leonel.
En su afán por conservar sus posiciones de mando dentro del partido, esos círculos podrían estar obstaculizando que dirigentes vinculados directamente a Omar alcancen puestos importantes dentro de la organización.
Otro riesgo alrededor de la disyuntiva Leonel-Omar consiste en que desde sectores vinculados al PLD se ha puesto sutilmente a circular la idea de que sería más fácil apoyar a Omar que a Leonel en una probable alianza electoral con miras a las elecciones de 2028.
De ahí que, si Leonel resulta escogido como candidato y Omar permanece limitado a sus funciones como senador, podría instalarse en una parte de la población la conclusión de que al hijo le cerraron el paso, aun cuando algunos sectores lo consideran en mejores condiciones electorales para alcanzar la Presidencia de la República.
Si Leonel vuelve a encabezar la propuesta presidencial de la Fuerza del Pueblo, tendrá el desafío de integrar plenamente a Omar en su proyecto. No bastaría con su respaldo formal; sería necesario que el senador desempeñara un papel visible y decisivo en la campaña.
De lo contrario, cualquier ausencia, silencio o distanciamiento de Omar podría ser interpretado como evidencia de que existió un bloqueo interno. Esa percepción podría debilitar la candidatura de Leonel, dividir las simpatías dentro del partido y restarle el respaldo de sectores jóvenes que ven en Omar una representación de la renovación política.
Pero Omar también enfrenta su propio riesgo. Si permite que sus seguidores apresuren el debate sobre el relevo, podría ser señalado como impaciente, desleal o responsable de desafiar prematuramente el liderazgo político de su padre.
En cambio, si permanece completamente inmóvil y deja pasar el momento político que le ofrecen su valoración, su menor tasa de rechazo y el crecimiento de su figura, podría perder una oportunidad que difícilmente vuelva a presentarse en las mismas condiciones.
Leonel corre el riesgo de que la defensa excesiva de su liderazgo sea interpretada como resistencia al relevo. Omar, por su parte, enfrenta el peligro de que cualquier movimiento sea entendido como una ruptura con su padre.
El principal desafío para ambos consiste en evitar que sus círculos cercanos se atrincheren en una disputa política sin sentido y sin medir sus consecuencias político-electorales.
La Fuerza del Pueblo, a pesar de contar con dos figuras presidenciables, corre el riesgo de caer en una trampa interna que termine debilitando las posibilidades de ambos.
jpm-am
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