El dominicano del exterior es la viga que sostiene la casa (OPINION)

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En Los Mina hay una regla que todo el mundo conoce: sin viga, no hay casa.

Puedes tener los bloques, la arena, el cemento, la varilla. Pero si no tienes la viga que amarra y que carga, todo se cae en el primer temblor.

Esa viga, para la República Dominicana, es el dominicano que vive afuera.

LA VIGA ESTÁ EN NUEVA YORK, NO EN EL PALACIO

No está en el Congreso. Está en El Bronx haciendo delivery en bicicleta con 20 grados bajo cero.

No está en el Palacio. Está en Lawrence limpiando oficinas de noche, en Paterson manejando un Uber 12 horas, en Queens cuidando niños que no son suyos para mandarles comida a los suyos.

Esa viga no pide contrato, no pide licitación, no pide 20% por adelantado. Solo llama los domingos y pregunta: ¿llegó la remesa, mami?

Y con esa remesa se sostiene la casa de verdad:

Se paga el préstamo del solar en San Isidro. Se compra la nevera. Se paga la universidad de la carajita que es la primera de la familia en llegar a la UASD. Se resuelve la receta de la presión del viejo.

El autor es periodista. Reside en Nueva York

El Banco Central dice que son $10 mil millones al año. En Los Mina sabemos lo que es: es la casa que no se cae.

CUANDO LA VIGA SE CANSA, LA CASA TIEMBLA

Pregúntale a cualquier barrio de Los Mina, de Sabana Perdida, de Cienfuegos, qué pasa cuando el de afuera se queda sin trabajo en Nueva York.

En RD se deja de comer.

Porque aquí el gobierno habla de crecimiento de 5%, pero en el barrio San Antonio el único crecimiento que se ve es el que manda tu hermano de afuera.

Nos han hecho creer que el país lo sostienen los hoteles de Punta Cana. Mentira. El país lo sostienen las manos peladas de los que se fueron porque en República Dominicana no había cama pa’ tanta gente.

El turista visita por una semana y se va. El dominicano del exterior manda 30 años sin fallar un mes.

HAY QUE TRATAR LA VIGA COMO LO QUE ES: SAGRADA

Tú no maltratas la viga de tu casa. Tú la cuidas.

No le pones impuesto cada vez que la tocas. No la tratas como extranjera cuando cruza la puerta. No le pides papeles para entrar a su propia casa.

Si República Dominicana quiere seguir de pie, tiene que entender esto de una vez:

Al dominicano del exterior no se le recibe con una bandera en el aeropuerto. Se le recibe con respeto.

Con una ley que lo deje volver sin que lo atraquen en Aduanas. Con un gobierno que lo deje invertir sin tener que darle a un vivo. Con un país que no solo le pida, sino que le garantice que si decide volver a Los Mina a retirarse, va a poder vivir tranquilo.

Porque el día que esa viga diga «ya no mando más», no es el Banco Central el que se cae. Es la casa entera.

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