Este descubrimiento no debería quedarse en el papel (OPINION)

Escuchar artículo

La ciencia es el verdadero motor del desarrollo económico de las naciones y la esencia del dominio geopolítico en el siglo XXI. Ante esta verdad irrefutable, cabe preguntarse: ¿para qué han servido los miles de millones de pesos que el Estado dominicano ha invertido a través del FONDOCYT?

Sin duda alguna, el país ha logrado formar y consolidar un número significativo de investigadores. Sin embargo, es necesario preguntarse: ¿cuál es el destino final de los resultados de esas investigaciones? ¿En qué medida han impactado a la industria dominicana y al desarrollo económico nacional? ¿Están alineados nuestros temas de investigación con las prioridades del país o responden a agendas e intereses extranjeros?

Hoy quiero llamar la atención sobre si realmente vale la pena hacer investigación científica en la República Dominicana si, al final, no sabemos qué hacer con los avances alcanzados. Al analizar con objetividad la inversión realizada en investigación y en postgrado, es posible concluir que el dinero ha estado mejor invertido en la educación de postgrado.

La obtención de títulos de postgrado abre puertas, permite a los egresados mejorar sus condiciones socioeconómicas y desarrollarse profesionalmente; de este modo, las familias y la nación perciben un beneficio concreto e inmediato.

Dr. Quírico Castillo Perdomo

En cambio, insisto en cuestionar el ejercicio de la investigación porque resulta frustrante ver cómo excelentes hallazgos no pasan de ser publicados y almacenados en bases de datos y bibliotecas con limitadas puertas de acceso, sin transferirse jamás al sector productivo.

Logro

Estas líneas pretenden elevar un nuevo grito para que la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y el Estado dominicano, representado por el Poder Ejecutivo, asuman y den seguimiento, de una vez por todas, al trabajo del Dr. Quírico Castillo Perdomo, un verdadero orgullo nacional.

El Dr. Castillo logró aislar y patentar la molécula Koanolido A, un compuesto extraído de la especie botánica autóctona Koanophyllon gibbosum, cuya potente actividad citotóxica ha demostrado una notable eficacia contra líneas celulares de cánceres como el de mama, riñones, cuello uterino, próstata, pulmón y colon.

Esto significa que estamos frente a un descubrimiento que puede cambiar la forma de tratar ciertos tipos de cánceres en el mundo. Imaginemos que en una planta que sólo existe en la República Dominicana está la cura para esa terrible enfermedad que afecta a tantos seres humanos en el planeta.

Este descubrimiento no debería quedarse en el papel. El cultivo a escala industrial de esta planta, sumado al procesamiento químico y comercialización de sus principios activos, podría convertirse en uno de los principales renglones económicos del país. Esta iniciativa tendría el potencial de incrementar en hasta un 10 % el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, reducir el desempleo a niveles mínimos y posicionar a la República Dominicana entre las naciones que generan su propia tecnología farmacéutica para el mundo.

Si ya hemos alcanzado resultados científicos tan significativos, ¿por qué no nos decidimos a desarrollar la industria química dominicana? Ante esta realidad, estoy decidido a renunciar a la sola idea de seguir intentando «cultivar» la ciencia en el plano teórico, para convertirme en el motor humano que impulse, organice y exija el respaldo que merecen los hombres y mujeres que hacen ciencia real en la República Dominicana.

huco71@gmail.com

jpm-am

Compártelo en tus redes: