Filosofía del hombre burro

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No había visto ni imaginado una visión tan humana acerca del burro, animal útil pero menospreciado. Lo más fácil para muchos es afirmar que el burro es mañoso, díscolo, irreverente. Julio César Castaños Guzmán, abogado sobresaliente y escritor de afinado estilo, marca la diferencia en su concepción respecto de este cuadrúpedo.

El doctor Castaños ha demostrado la capacidad muy singular de apreciar en los asnos aptitudes y también actitudes que los demás humanos no vemos. Con anécdotas, recuerdos de su infancia mocana y reflexiones sobre el rol del burro en la cultura universal, ha elaborado una teoría que publica con el título “Filosofía del Hombre Burro”.

Para gente simple, “hombre burro” debe ser aquel que se muestra escaso de entendimiento. Para Castaños es algo muy diferente: “Hombre recio, fuerte, capaz de llevar una carga muy superior al perfil de sus fuerzas”.  Su apreciación es que andamos cargados y agobiados “Y llevamos las árganas repletas, acomodadas en el aparejo de la propia vida”.

No hay sustantivo en el español, sinónimo de burro, que en este libro no aparezca. Igualmente, recoge los roles jugados por los jumentos, citados en la Biblia o la literatura universal. Así como se resaltan los excelentes servicios prestados a Sancho Panza por su célebre rucio, según narra Cervantes, también puede referirse  a jumentos conocidos en Moca, tierra de su padre, donde el escritor vivió  la  mocedad.

Veamos el párrafo siguiente, a propósito del funeral de César Guzmán, dentista generoso: “La imagen de este entierro servido por burros, me hace pensar en el hombre que estamos despidiendo: trabajador, silente, sin quejas. Pero mientras los obreros mezclan apresurados, el saleo me está mirando con esos ojazos: dos escarabajos negros que me lo dicen todo”.

El libro se inscribe en el género ensayo, pues se compone de reflexiones, muy propias del autor, cultivadas a partir de vivencias y experiencias directas de la realidad social. Todo expresado con donaire  y un alto nivel de lengua, aunque se refiera al instante en el que un burro se dispone a marcharle a la hembra. Veamos esta belleza:

“Cuando el burro despereza el falo, estirándolo hasta el final, termina golpeándose el pecho, y algunos con sorna suelen comentar que al momento de iniciar su apresto brutal, se arrepiente el borrico de lo que está pensando, pero más puede el deseo que la gráfica muestra de alguna compunción que es finalmente arrollada por el reclamo viril de su propia naturaleza”. (p. 72).

Defensa

Este libro entraña una defensa del burro, un sujeto a veces despreciado y tenido a menos, aunque resistente para transportar cargas y personas por caminos difíciles. No es que el autor quiera desconocer las malicias asnales. Más bien pide a los lectores no preocuparse, porque “los burros malucos seguirán teniendo quien los defienda y quien se sirva de ellos”. (p.75).

Las citas en este artículo corresponden a la primera edición, realizada en 2002 por Editora Corripio. La obra fue relanzada en marzo de 2024, con prólogo póstumo  de Manuel Mora Serrano. La publicación varía muy poco de una edición a otra. Sigue siendo el libro ameno, repleto de sabiduría y de exaltación a lo nuestro, a la dominicanidad

En las reflexiones motivadas por recuerdos de infancia, asume el autor con mayor disposición un estilo literario  que no obstante la llaneza, resulta elegante y muy propio de un prosista refinado.

Ejemplos suficientes los encontramos en el apartado “Los burros de mi esperanza”. Quienes hurguen en  este libro descubrirán a un escritor más conocido como jurista, también conocerán mejor la sociedad dominicana.

jpm-am

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