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Esa es la realidad que vive hoy República Dominicana y que nadie quiere decir con todas sus letras. Cuando ambos están en territorio dominicano, el haitiano ilegal tiene más derechos efectivos, más protección y más facilidades que el dominicano que vive en el exterior y regresa a su propia patria.
Parece una exageración. No lo es. Es lo que se ve todos los días.
EL MISMO TERRITORIO, DOS VARAS DISTINTAS
Pongamos los dos casos en el mismo lugar: República Dominicana.
Llega el haitiano ilegal. Cruzó por la frontera, sin documentos, sin visa, sin pasar por ningún control. Una vez aquí, el sistema entero se adapta a él. Si se enferma, va al hospital público y lo atienden gratis, sin cédula, sin seguro, sin que nadie le pregunte su estatus. Si su mujer va a parir, pare gratis, aunque la maternidad esté llena. Si tiene hijos, los inscribe en la escuela pública, aunque no tengan papeles dominicanos. Si lo detiene Migración, a las dos horas aparece una ONG, un defensor de derechos humanos, una llamada de la ONU diciendo que no se puede deportar. Si ocupa un terreno en una cañada, nadie lo saca por miedo a que salga en un informe internacional. El haitiano ilegal, estando ilegal, tiene garantizado en República Dominicana salud, educación, permanencia y defensa legal gratuita.
Ahora pongamos en el mismo territorio, en la misma fila, en la misma institución, al dominicano que vive en el exterior. El que vive en Nueva York, en Madrid, en New Jersey, y vino de vacaciones o vino a quedarse unos meses, o vino a retirarse a su país después de 20 años fajado afuera.
UN EXTRAÑO EN SU PROPIA TIERRA

Ese dominicano entra a su propio país y de una vez siente que es un extraño. Va a sacar su cédula y le dicen que está inhabilitado. Va a renovar su pasaporte y tiene que pagar multas por no haber votado. Va al hospital y, como no tiene seguro Senasa subsidiado porque vive fuera, le cobran. No califica para el subsidiado, porque no vive aquí. No califica para el contributivo de allá, porque aquí no cotiza. Queda en el limbo.
Quiere hacer un poder para su casa y en la oficialía le piden mil papeles porque su cédula dice que vive en el exterior. Quiere comprar un solar y le cobran más caro por ser «dominican york». Va a Aduanas a sacar los tanques y la compra que trajo y lo atracan con impuestos como si fuera un importador. Si trajo su carrito para dejarlo aquí después de años de sacrificio, le meten una ley de vehículos que le cobra hasta el 60% del valor.
Si tiene un problema legal, nadie lo defiende. No hay ONG para el dominicano ausente. No hay Acnur para él. No hay UNICEF que llore por él. Si lo estafan con una propiedad, que se defienda solo.
UN ESTADO QUE PROTEGE AL DE FUERA
¿Usted ha visto alguna institución del Estado dominicano que persiga y defienda los derechos del dominicano que vive fuera cuando está en República Dominicana? No existe. Pero sí existe una Dirección General que, por presión, tiene que darle un trato especial al haitiano ilegal para no violar sus derechos humanos.
Al haitiano ilegal en República Dominicana le permitimos todo: que trabaje sin papeles, que no pague impuestos, que use los servicios públicos sin aportar, que viole la ley de migración y se quede. Al dominicano que vive fuera, estando en República Dominicana, le exigimos todo: que pague como turista, que tribute como empresario, que haga fila como extranjero y que aguante como si no fuera de aquí.
LA CONTRADICCIÓN DEL AEROPUERTO
El caso más cruel se ve en los aeropuertos. Aterrizan dos personas en el mismo vuelo de JetBlue. Uno es un haitiano con pasaporte haitiano y residencia americana. El otro es un dominicano con pasaporte americano porque tuvo que hacerse ciudadano para sobrevivir allá. Al haitiano con residencia americana lo tratan bien, pasa como visitante, y si se queda ilegal después, nadie lo busca. Al dominicano que nació aquí, que se crió en Villa Juana o en Santiago, que se fue porque aquí no había oportunidades, si su pasaporte dominicano está vencido, lo paran, lo cuestionan y le dicen que tiene que pagar una carta de ruta.
Hemos llegado al colmo: en República Dominicana, el extranjero ilegal tiene más derecho a ser dominicano que el dominicano que vive en el exterior.
Y esto no es culpa del haitiano. El haitiano hace lo que cualquier persona haría: buscar un país que le dé más de lo que le da el suyo. La culpa es del Estado dominicano que ha decidido proteger más al de fuera que al de adentro. Que tiene miedo a ser señalado de racista por la comunidad internacional, pero no tiene miedo a ser señalado de traidor por su propia diáspora.
Si ambos están en República Dominicana, el dominicano que vive fuera debería tener siempre más derechos que el extranjero ilegal. Porque este es su país. Porque él lo ha mantenido con remesas. Porque él no violó ninguna ley para entrar a su propia casa.
Mientras no entendamos eso, seguiremos siendo un país que recibe al ilegal con los brazos abiertos y recibe al hijo ausente con la mano extendida para cobrarle.
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