La verdadera columna del crecimiento económico de RD

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Hay dos formas de contar la historia del crecimiento económico dominicano de los últimos 30 años. La oficial, que habla de turismo, zonas francas, estabilidad macroeconómica y disciplina fiscal. Y la real, que empieza en un aeropuerto.

Cada vez que un dominicano se fue con una maleta llena de ilusiones y dejó aquí una familia con el corazón partido, sembró sin saberlo la columna más sólida de nuestro crecimiento.

No es turismo. No es zona franca. Es la diáspora.

Los números no dejan lugar a romanticismo:

Más de 11 mil millones de dólares en remesas este año. Más de 2 mil millones en turismo étnico, ese dominicano que viene en diciembre y en verano y gasta el doble que cualquier turista. Más de 1,500 millones en inversión directa de dominicanos que ponen su clínica, su plaza, su edificio de apartamentos en Santiago o Santo Domingo Este. Y súmele los furgones, las medicinas, los tanques de comida.

Si usted suma todo, la economía de la diáspora aporta más del 15% del PIB dominicano. Ningún otro sector pesa tanto. Ninguno es tan estable.

Porque el turismo se cae con un huracán, con una pandemia o con un titular negativo en EE.UU. Las zonas francas se van si otro país les da mejor incentivo. La inversión extranjera se congela cuando sube la tasa en Washington.

La diáspora no. La diáspora no se va. En 2020, cuando el turismo se desplomó un 65%, las remesas subieron. En 2008, cuando quebró Lehman Brothers, las remesas aguantaron. Cuando nos azotó Fiona, lo primero que llegó no fue la ayuda internacional, fueron los giros de la prima en Providence.

Es la única columna anticíclica que tenemos. Cuando todo se cae, ella sostiene.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York

Y lo más importante: esa columna no solo sostiene el consumo, sostiene la estabilidad social que hace posible el crecimiento.

Pregúntese qué hubiera pasado sin remesas en los barrios de Los Mina, de Cienfuegos, de Pueblo Nuevo, de Villa Juana. Sin esos 200 dólares quincenales, ¿cuánta gente hubiera caído en la delincuencia? ¿Cuántos niños hubieran dejado la escuela? ¿Cuántas farmacias hubieran quebrado? Las remesas han sido el subsidio más grande a la paz social dominicana.

Han financiado la casa propia de miles de familias que el Estado nunca pudo financiar. Han pagado la universidad privada de una generación entera que no encontró cupo en la UASD. Han capitalizado miles de colmados, salones, talleres y bancas de lotería que son el verdadero tejido empresarial dominicano.

El error es creer que eso es gratis.

Hemos tratado la diáspora como una columna, sí, pero como una columna que no necesita mantenimiento. Como si fuera infinita. Y no lo es.

La primera generación, la que se fue en los 80 y 90, que todavía tiene a su mamá en RD, está envejeciendo. Sus hijos, la segunda generación, ya nacieron en EE.UU. No sienten la misma obligación de mandar. Si no los vinculamos con algo más que la nostalgia, esa columna se va a erosionar en 15 años.

Por eso hoy la discusión no puede ser solo cuánto mandan, sino cómo hacemos que ese flujo se convierta en crecimiento estructural.

TAREAS URGENTES

El 85% de la remesa se consume. Está bien, porque resuelve hambre. Pero si logramos que solo el 10% se canalice a instrumentos de ahorro e inversión productiva —con bonos diáspora, con fondos de vivienda, con cuentas en dólares con tasas atractivas en el Banreservas— estamos hablando de mil millones de dólares al año para financiar el desarrollo, no solo el consumo.

El dominicano que viene de afuera no quiere ir a un resort todo incluido en Punta Cana. Quiere ver su barrio, quiere comprar un solar, quiere poner un Airbnb. Si le damos seguridad jurídica, título claro y ventanilla única sin extorsión, ese dominicano no trae 1,500 dólares en el bolsillo, trae 50 mil para invertir.

Tenemos 2.8 millones de dominicanos en el mercado más rico del mundo. Ellos son el mejor canal de distribución que existe. ¿Por qué el mangú, el aguacate, el ron y el cigarro dominicano no están en cada supermercado donde hay dominicanos? Porque nunca usamos a la diáspora como fuerza comercial. México lo hace. El Salvador lo hace.

La República Dominicana no creció a pesar de que se fue tanta gente. Creció porque se fue tanta gente.

Esa es la verdad incómoda que no decimos en los discursos oficiales.

Cada vez que celebramos que crecimos 5%, deberíamos agradecer en la misma oración a la señora que a las 5 de la mañana está limpiando una escuela en Queens para que su hijo aquí pueda ir a la universidad.

La diáspora no es un anexo de la economía dominicana. Es la columna.

Y las columnas, si no se cuidan, se derrumban.

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