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La diáspora dominicana sostiene al país. En 2025 enviamos más de 10,400 millones de dólares en remesas. Somos 2.8 millones fuera, casi el 25% de la población nacional. Sin embargo, cuando vamos a un consulado, la pregunta no es “¿en qué podemos servirle?” sino “¿quién te recomendó?”.
Los consulados dominicanos se han convertido en oficinas de colocación política. Eso no es opinión. Es un patrón documentado por años, de gobierno en gobierno, sin importar el color. Y mientras tanto, el dominicano en Nueva York, Madrid, Miami o Puerto Rico sigue haciendo filas de madrugada por un pasaporte, pagando 200 dólares por un poder notarial que en Santo Domingo cuesta 500 pesos, y rogando por una cita que nunca llega.
PARA QUE EXISTE UN CONSULADO, SEGUN LA LEY?
La Convención de Viena de 1963 lo dice claro. Un consulado debe:
– Proteger: Asistir a sus nacionales detenidos, hospitalizados o en desgracia.
– Documentar: Emitir pasaportes, cédulas, actas, poderes. Rápido y sin trabas.
– Orientar: Informar sobre leyes migratorias, derechos laborales y acceso a servicios del país anfitrión.
– Promover: Impulsar comercio, cultura y buena imagen del país.
Nada de eso dice “darle empleo al sobrino del diputado”. Nada dice “cobrar por una carta de ruta cuando se te perdió el pasaporte”.
EN QUE SE HAN CONVERTIDO LOS CONSULADOS?

– En agencias de empleo: Consulados con 40, 60 y hasta 120 empleados. Nueva York llegó a tener 150 en 2022. ¿Para atender al público? No. Para pagar favores. El resultado: ventanillas vacías y nóminas llenas.
– Cajas recaudadoras: Un pasaporte cuesta 135 dólares. En RD son 1,650 pesos. Una diferencia de 600%. Un acta de nacimiento: 25 dólares. Allá: 600 pesos. ¿A dónde va ese dinero? MIREX no publica auditorías por consulado.
– Comités de campaña: En año electoral aparecen los operativos de cedulación, las cenas con “la comunidad” y los nombramientos de vicecónsules honorarios. Pasa la elección y vuelve el abandono.
COSTO REAL DE ESTE MODELO
Cuando el consulado falla, el dominicano paga tres veces:
– Dinero: Días de trabajo perdidos, viajes a otra ciudad, abogados privados para trámites simples.
– Tiempo: Citas para pasaporte en Madrid con 4 meses de espera. En Boston, 3 meses para renovar una cédula.
– Dignidad: Trato con indiferencia. Te dicen “vuelve mañana” como si cruzar Nueva Jersey o tomar tres trenes fuera fácil.
Mientras tanto, otros países lo hacen distinto. México tiene consulados sobre ruedas que van a los campos agrícolas. Colombia digitalizó 80% de sus trámites. El Salvador entrega el DUI en 24 horas en 17 ciudades de EE.UU. ¿Y nosotros?
QUE MERECEMOS Y COMO SE LOGRA?
La diáspora no pide privilegios. Pide servicio. Esto es lo mínimo:
– Profesionalización: Que el cónsul y el personal sean de carrera diplomática o aprobados por concurso. Que sepan de leyes migratorias, no solo de política.
– Digitalización real: Pasaporte, acta y poder notarial en línea, con cita en 72 horas. Si Estonia lo hace para sus ciudadanos en el mundo, RD puede.
– Transparencia: Publicar cada mes cuántos trámites se hicieron, cuánto se recaudó y en qué se gastó. Las nóminas deben ser públicas.
– Horarios de la gente: Abrir sábados. Operativos móviles en ciudades sin consulado. Alianzas con ONGs para orientar en casos de deportación, violencia doméstica o trata.
– Defensa consular: Abogados pagados por el Estado para dominicanos detenidos o en proceso de deportación. México tiene el PALE. Nosotros tenemos el silencio.
EL ARGUMENTO DE SIEMPRE: «ES QUE ESO DA EMPLEOS»
Sí, el Estado debe generar empleos. Pero no a costa del servicio. Un consulado no es el Plan Social ni el INAPA. Es la cara del país ante su gente más productiva. Cada dominicano fuera es un embajador que manda dinero, invierte en su pueblo y promueve la cultura. Tratarlo como cliente cautivo es un error económico y moral.
El presidente Abinader creó el Instituto de Dominicanos en el Exterior y prometió “cero filas” con el Plan Burocracia Cero. Van cuatro años. Las filas siguen. Los vicecónsules también.
RESPETO SE PAGA CON RESPETO
Las remesas no preguntan por partido. El dominicano en Lawrence sostiene al colmado de Moca. La enfermera en el Bronx paga la universidad del sobrino en Santiago. La señora que limpia en Madrid construyó la casa de su mamá en San Juan.
Esa gente merece consulados que funcionen, no oficinas de nombramientos. Merece servidores públicos, no activistas con sello. Merece que el Estado entienda algo básico: la diáspora no es una sucursal del partido. Es la mitad del corazón económico de la República Dominicana.
Hasta que los consulados dejen de ser botín y vuelvan a ser servicio, el mensaje que recibe el dominicano fuera es claro: “Manda los dólares, pero no pidas nada a cambio”.
Y ya estamos cansados de ese trato.
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